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Artez enero 2011

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    Gente de palabra: Susana Fú

    "La narración es tradición,
    costumbre del ser humano
    "

     

    Susana Fú ama las palabras, así que las elije con tiento y las cuida con primor. Esta narradora castellana de tendencias cantábricas, es actriz, por lo que el gesto, el movimiento y la voz son materiales que emplea con agilidad. También es educadora social y domina la comunicación con el público así como las estrategias para lograr su participación. Pero por encima de todo es optimista, por lo que el humor y la risa le resultan casi inevitables.

    ¿Qué es narrar para ti?
    Narrar es saciar la sed de conocimiento del ser humano y la mejor forma de guardar en la memoria lo ya aprendido. Es explicar el mundo y entender el lugar que ocupo en él.

    ¿Cuándo y cómo empezaste?
    En 1995. Tras acabar mis estudios de Arte Dramático en Valladolid, comencé a impartir talleres de teatro. La búsqueda de habilidades para enseñar lo poco que entonces sabía, me llevó a la educación social y como tal empecé a trabajar para distintas instituciones de Castilla y León mientras dirigía grupos de teatro aficionados. Por otro lado, soy muy lectora, visitante asidua de bibliotecas… un día una bibliotecaria me pidió un cuentacuentos. No me contaron cuentos de pequeña, tal vez por eso los buscaba en los libros, ¡qué paradoja! Nunca había oído a ningún narrador profesional, ni siquiera sabía que existieran. Fue todo un descubrimiento, el lugar ideal para expresarme. Los primeros años trabajé intuitivamente, siendo pionera en mi ciudad... Hasta que empecé a correr mundo y descubrí que otros habían llegado a las mismas conclusiones, aunque por diferentes caminos. Eso me hizo feliz y provocó que empezara a tomármelo realmente en serio.

    ¿Una narradora nace o se hace?
    Todos somos narradores. Contamos anécdotas, viajes, mentiras, penas... mejor o peor, pero el hecho de hablar y comunicarnos nos lleva a narrar. Va unido al pensamiento y al lenguaje; todos nacemos con esas capacidades y según las cultivemos se desarrollarán más o menos... La capacidad de narrar también. Para narrar profesionalmente, estoy convencida de que es necesario tener además un talento artístico. Para lograr una obra digna de ser presentada ante un público y cobrar por ello, hay que hacerlo con arte.

    ¿Es posible formarse para contar? ¿Cómo debería ser esa formación?
    Es una capacidad que puede y debería ser potenciada. En general, porque mejora la expresión, estimula el pensamiento, aficiona a la lectura, es divertido y tiene muchos otros beneficios para la salud. Si además pretendes ganarte la vida con ello, resulta obligado. Aparte del talento artístico, hay muchas fuentes de las que beber. La primera escuela, la vida. Cuanto más vives, más cuentas y la necesidad de aprender es mayor cuanto más sabes. Aparte de esto, hay infinidad de itinerarios posibles. Por ejemplo, para crear el repertorio: literatura, antropología, filología, historia... Para comunicar con el público: psicología, pedagogía, dinámica de grupos... Para tener solvencia en escena: voz, expresión corporal, dramaturgia… considero la narración como una disciplina escénica, diferente del teatro pero con fuertes lazos de familia. También gestión y administración. Está claro que hay que aplicarse, y mucho.

    ¿Para quién prefieres contar?
    Mi público favorito es el adulto, porque entiende mi humor más ácido. Prefiero espacios y públicos reducidos, proximidad. Los bares me encantan... Debo reconocer que parte de mi bagaje está en los bares nocturnos y en ellos puedo contar mis cuentos más incorrectos, los que más me gustan.

    ¿Qué tipo de historias prefieres contar?
    Generalmente mi fuente son los libros y el relato literario, con su correspondiente dramaturgia. Para niños me nutro, sobre todo, de álbumes ilustrados. ¡Humor si, por favor! Soy cómica.

    ¿Cuál es la “cocina” de tus historias, tu método de trabajo?
    Lo más arduo es la búsqueda: encontrar el cuento, o que él te encuentre a ti. Lo peor es trabajar por encargo, sobre temas determinados. Soy exigente, me gustan las historias que muevan mis afectos, debo sentir que son mis historias, debo “creerlas” y desear contarlas. Cuando encuentro, guardo. Adapto el cuento a mi intención, sobre todo el lenguaje. Trabajo desde la memoria emocional y busco las imágenes internas que construyan mi vivencia de la historia. Ensayo y, si tengo ocasión, lo cuento en privado. Busco recursos para comunicar mejor: un sonido, un gesto, un objeto, una canción, un dicho… Siempre hay diálogo con el público. Muestro libros en mis sesiones, agradecida a los autores. Las ilustraciones de los álbumes son un recurso valiosísimo. A veces utilizo objetos, aunque mi norma es la sencillez en las formas. Escribo el hilo que justifique el viaje de Un cuento a otro, la intención. Esto es esencial... un buen cuento contado en el momento inadecuado puede resultar un fracaso. Por eso dejo las sesiones abiertas e improviso mucho en función del ánimo del público, sobre todo con los cuentos menos rodados.

    Contar, ¿arte, tradición, terapia, instrumento pedagógico...?
    La narración es tradición, costumbre del ser humano... es algo incluso orgánico. La narración como instrumento educativo y terapéutico es inevitable... los cuentos enseñan y sanan. Gran parte del uso que se hace de la narración profesional es en el ámbito educativo, como herra-
    mienta para la educación en valores o la animación a la lectura. Lamentablemente esto provoca una instrumentalización del cuento y contribuye a la escasa valoración de la narración oral como arte en sí mismo. La narración se convierte en arte si se hace con verdad, saber y talento. Un arte de la comunicación hecho de palabras, gestos y afectos.

    Como gremio ¿cuáles serían nuestras prioridades en tu opinión?
    Dignificar esta profesión sólo es posible desde el colectivo. Nuestro encanto es la diversidad, así que debemos evitar dogmatismos. Se nos respetará más cuanto más en serio trabajemos. Debemos “educar” al público y a los programadores para que dejen de ver nuestro trabajo como algo efímero, de usar y tirar, como un artículo de bajo coste que cualquiera puede “fabricar”. Difundir nuestra labor y darnos a conocer, abrir espacios y circuitos adecuados. Echo de menos la crítica.

    Anécdotas de cuentera.
    Un lugar atípico: la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, justo antes de la emisión del euro. Fui invitada por el comité de empresa para celebrar el 8 de marzo. Una sabrosa sesión a la hora del almuerzo, tras un registro concienzudo de mi maleta roja y todo su extraño contenido. Al salir, lógicamente, me chequearon de nuevo. Los de la puerta también se lo pasaron pipa, dos veces.

     

    Virginia Imaz

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