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    V Olmedo Clásico

    Shakespeare, invitado de honor a la Villa del Caballero

     

    Parece que fue ayer cuando dábamos cuenta de su nacimiento y con la que se celebra entre los días 16 y 25 de julio ya suman cinco las ediciones de Olmedo Clásico, el Festival de Teatro en la Villa del Caballero, un proyecto que aborda el hecho escénico desde varios frentes y un referente claro, la obra de Lope de Vega y, a partir de ahí, el Palacio del Caballero. Once espectáculos, las jornadas sobre teatro clásico con el título ‘De Olmedo a Zalamea. Pueblos universales del teatro clásico español’, una nueva muestra de teatro clásico en familia, así como el V curso de análisis e interpretación para actores, son algunos de los ingredientes de esta edición.?

    La actual edición de Olmedo Clásico arrancará de forma contundente el día 16 de julio con la presencia de la compañía segoviana Nao d’Amores que dirige Ana Zamora y que llegará con su nuevo espectáculo directamente de su estreno en Lisboa dentro del Festival Alkantara. Coproducido junto a la portuguesa Teatro da Cornucópia, Dança da morte/Dança de la muerte es una obra que se presenta de forma bilingüe y que la directora ha confeccionado inspirada en textos españoles y portugueses de los siglos XIV al XVI, que giran en torno a la temática de la Danza Macabra. Este género nace tras las pandemias de la peste que azotaron Europa dando lugar al surgimiento de una iconografía presidida por la muerte donde aparece la desolación, los gusanos, la desnudez del cadáver, el aspecto torturado y la podredumbre de la carne con una morbosa complacencia desconocida en la tradición cristiana.
    La Danza de la Muerte le ha permitido a Nao d’Amores, como compañía especializada –Teatro da Cornucópia abarca un espacio mayor– adentrarse en un momento del repertorio que les quedaba por transitar –después de haberse remontado a los orígenes, hasta el s.xii en el ‘Auto de los Reyes Magos’ o haber visitado los siglos xv y xvi en ‘El Misterio del Cristo de los Gascones’– acometiendo a un tipo de manifestación que “más que teatral, es en sí un género artístico polivalente” e intentar reflexionar sobre lo que se hacía sobre los escenarios en un periodo del que no se ha conservado testimonio claro, “en medio de una sociedad convulsa puesto que se está muriendo la mitad de la población. Pero eso es una excusa para soñar lo que pudo haber sido nuestro pasado”.
    Tomando como esquema que articula la pieza la ‘Danza General’, en la que la Muerte avisa a todas las criaturas de la brevedad de su vida, junto a textos de diversos autores pero fundamentalmente Gil Vicente, Ana Zamora ha diseñado un espectáculo que define como “raro” que se sitúa en el tiempo antes del Concilio de Trento y nos muestra una expresión con un sentido catártico comunal, en un viaje del medievo al renacimiento, del ‘memento mori’ al ‘carpe diem’, haciendo “una danza de la muerte que también lo es de la vida”. Así, mientras se mantiene el aspecto litúrgico de la obra, presente en la trayectorias de la compañía, “puesto que la Danza General no deja de ser un sermón macabro”, entran nuevas concepciones, más modernas, de lo que es la liturgia: “uno se queda pasmado de lo que le dice la Muerte al Papa, pero yo no he metido ni una coma. Con todo el respeto, como siempre, pero sí es cierto que hay una crítica hacia lo humano”. No obstante, ha habido una adaptación de la obra en cuanto a personajes, ya que son más de treinta a los que se enfrenta la Muerte, y hoy en día no seríamos capaces de diferenciar lo que representan algunos, por lo que se han quedado con los más representativos en cada ámbito, manteniendo algo que para Zamora es muy sig?nificativo, la alternancia entre clérigos y laicos, “y les reparte a todos”.
    Dança da morte/Dança de la muerte es un proyecto de hermanamiento entre dos compañías con trayectorias dispares, “porque nos triplican en antigüedad, pero con la que tenemos una conexión artística e incluso vivencial”, explica la directora de Nao d’Amores, cuyos anteriores trabajos han podido verse en el Teatro do Bairro Alto del que la compañía lusa es titular y donde éste se estrena el 6 de julio. “Teatro da Cornucópia y Nao d’Amores son dos proyectos distintos, con visiones diferentes del teatro, pero con muchas cosas en común, como es la confianza de que se puede cambiar el mundo haciendo teatro y que éste ha de ser algo artesanal y con un carácter humano”. Con dramaturgia y dirección de Ana Zamora, y un equipo actoral compuesto por los portugueses Luis Miguel Cintra y Sofía Marqués junto a la integrante de Nao d’Amores Elena Rayos, así como los músicos Juan Ramón Lara, Eva Jornet e Isabel Zamora, el resultado de este encuentro entre compañías es, en palabras de la directora, un espectáculo compuesto con los elementos de creación habituales de Nao d’Amores, pero teñido de la forma de hacer de la compañía que dirige el propio Cintra, “una aportación, seguramente, de transfondo intelectual puesto que en su metodología no conciben el juego por el juego, sino que hay una reflexión muy profunda sobre lo que se está haciendo”.
    Con todo ello, Zamora ha configurado un montaje en el que, como acostumbra, aúna técnicas actorales, manipulación de títeres y música en directo con reproducciones de instrumentos de la época, para recrear un género dramático, que fue el motivo favorito de una sociedad que terminaba su existencia y que en ella plasmó su mensaje de sátira y de esperanza. “Hay menos gente en escena que otras veces, y sin embargo, parecen más. Eso sí, como es habitual tenemos un equipo de artistas que, más allá de su especialidad, tienen que hacer de todo: los actores cantan, los músicos actúan... Es la propia concepción de juego que se ve en las representaciones de las danzas en los frescos de las iglesias europeas, donde hay cierto tremendismo, porque el fondo así lo requiere, pero que también es una fiesta”, sentencia la directora, quien resalta el tono de la obra donde “lo tremendo, ya que se habla del vivo enfrentado al espejo de su muerte o que muerte y vida son una sola cosa, al mismo tiempo, hay una aceptación que nos toca desde el momento en el que somos conscientes de la muerte, que es lo que nos hace ser hombres y no animales”.

    Cuatro Shakespeare

    El protagonismo de Shakespeare es una de las características reseñables de la actual edición de Olmedo Clásico en la que coinciden cuatro producciones de sus obras, programadas para los dos fines de semana comprendidos en sus fechas de celebración.
    La primera de ellas, la del sábado 17, corresponde a la que ha realizado la compañía Darek Teatro con dirección de Denis Rafter en base a El Mercader de Venecia, el litigio de la deuda entre el mercader Antonio y el judío Shylock, provocado por una relación amorosa entre Bassanio, amigo del primero y Porcia, hija del segundo. En juego, una libra de carne de Antonio que Shylock podría cobrarse al no serle devuelto un dinero prestado. El Mercader de Venecia es una obra en que la que se entremezclan ingredientes de la comedia y de la tragedia, pero en la que Rafter ha tratado de evitar que dominara el odio. “Porque el odio está presente. Como en la vida: siempre hay una lucha entre el bien y el mal, el amor y el odio, el placer y el sufrimiento. En fin, todo es un juego. Todo el mundo es un escenario. Pero que bello es, salir a un escenario, divertir, disfrazar y contar historias de amor y de odio. Y al fin y al cabo, explicamos algo serio, filosófico e importante: el amor genera amor, el odio genera odio y no importa ni la raza ni la religión”.
    El odio, unido al anhelo de poder, es también lo que empuja al protagonista del segundo Shakespeare del festival, Ricardo III, ese ser deforme y por ello, apartado de la corte, que un día decide llegar a ser rey, y que lo consigue, aun a costa de hacerlo mediante un derramamiento descontrolado de sangre, que Ricardo III anuncia sin pudor, haciendo del público su confidente. Su historia llega el domingo, día 18, de la mano de la compañía sevillana Atalaya y su director, Ricardo Iniesta, que presentan su primera inmersión en el teatro isabelino, teniendo que bucear en aguas desconocidas, si bien aseguran que Shakespeare les ha permitido mantener el lenguaje de Atalaya, que en palabras de Iniesta “radica en la contundencia de la tragedia griega, lo onírico, el expresionismo y las formas contemporáneas, aderezado de magia y compromiso político, tan lejanos, por ejemplo, de Lope. Shakespeare tiene un poco de todos ellos, unifica los cuatro lenguajes en los que se basa nuestro estilo”.

    Magia y fantasía

    El segundo fin de semana, dedicado también al bardo inglés, mostrará la cara más mágica y fantasiosa del autor, con sendas puestas en escena de Sueño de una noche de verano y La Tempestad. La primera es la nueva incursión, la tercera desde que lo realizó por primera vez en 1982, de Ur Teatro por ese bosque cercano a Atenas donde ocurren las aventuras de amor que hacen perder el sentido a los protagonistas, Oberón, Titania, Hermia, Lisandro, Demetrio y Elena, empujados por las travesuras de Puck. Un montaje rendido al amor que libera, encadena, impulsa, anula, redime, destruye, idealiza y humilla. “Guiados por sus dardos, los personajes se internan en el bosque donde impera otro orden, el de la naturaleza, el de los propios instintos, tan locos como el mundo”, explica Helena Pimenta, directora de este montaje que se plantea como “un viaje de la persona-actor hacia la ‘otredad’ para descubrirse a sí mismo. Exploramos la capacidad de transformarse, de vivir la experiencia de otros mundos, para madurar, para encontrarse. Conocerse a sí mismo para poder amar a otro o a otros. Así, tres actores y tres actrices representan todos los personajes de la obra, la recorren viviendo cada trama, acumulando la experiencia de cada mundo que, junto al público, visitan”.
    La cuarta obra, el domingo día 25 consiste en una adaptación para todos los públicos que ha realizado la Companya Princicep Totilau con la obra La Tempestad, la última escrita por el autor, y en la que se narra la historia de Próspero, antiguo duque de Milán, quién, mediante su dominio de la magia, provoca el naufragio del barco donde viajan los que, años atrás, lo desterraron a la isla donde ahora vive con su hija Miranda. A partir de este momento, Próspero tiene que escoger entre castigar a sus enemigos o darles la mano y perdonarlos sin rencor. Con este planteamiento como punto de partida, La tempestad, es un espectáculo de actores y títeres donde se entremezclan las aventuras, la magia, la sabiduría, la comicidad y la ternura.

    Los más clásicos

    Pero además, Olmedo Clásico permitirá disfrutar de varias de las propuestas universitarias que integran el programa ‘Las Huellas de la Barraca’ de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales: Mujeres coloniales a cargo de los chilenos La Calderona (21 de julio), Retablo de los comediantes de la Escuela Superior de Arte Dramatico del Castilla y León (22 de julio) y Romería a Santiago de ¡Masca Teatro! (25 de julio), así como adentrarse en la obra de autores omnipresentes en este tipo de citas, como Molière, Lope o Tirso, así como conocer a otros no ‘tan clásicos’, como Bartolomé de Torres Naharro. Del primero de ellos, Morboria ha montado El avaro, que podrá verse el 19 de julio, donde se narra, desde la mirada de la compañía que dirige Eva del Palacio, la vida de Harpagon y la de la enfermedad que puede producir el dinero: la avaricia, la ceguera, la paranoia, la angustia, la imposibilidad de vivir tranquilo y ser feliz. El martes día 20 se presenta la compañía vallisoletana Dran Teatro, un proyecto de Ruth Rivera y Jaime Rodríguez que ha echado a andar con la puesta en escena de Himenea de Torres Naharro, una comedia de amores imposibles que, al motivo original –la oposición familiar–, los responsables de la puesta en escena han sumado uno más actual: la preocupación por encajar en un tipo físico aceptado socialmente.
    Teatro de Malta acude con La celosa de sí misma de Tirso, un montaje de Marta Torres que podrá verse el día 23 de julio, y que nos sitúan ante uno de los temas más abrazados por los dramaturgos del siglo de oro, el amor y los celos, cuyos protagonistas alimentan sucesión de acciones dramáticas decididamente cómicas y pro­vocadoras, y, a la vez, tan creíbles como la vida misma. Y el Lope de este año llega desde Cuba, una Fuenteovejuna de la mano de Mefisto Teatro y con dirección de Liuba Cid, en la que actores y músicos recrean la historia del levantamiento popular adentrándonos en un mundo de sincretismo religioso. En esta obra, que podrá verse el domingo 25 como colofón al festival, dualidad y adoración nacen del latido del ritmo que transforman la aldea de Fuenteovejuna en un espacio multicultural y transgresor, que nos descubre la trascendencia ideológica, cultural y religiosa de todo un pueblo.

    Borja Relaño


    Las Jornadas de Teatro Clásico, encuentro teórico divulgativo en torno al teatro clásico que viene acompañando a la programación del Festival desde sus inicios, tendrán este año nuevamente a Lope como inspirador. Si la pasada edición, con motivo del aniversario de la publicación del ‘Arte Nuevo’ se celebró un Congreso Internacional, este año ese acercamiento al Fénix se hace desde una perspectiva geográfica, llevando por título ‘De Olmedo a Zalamea. Pueblos universales del teatro clásico español’. Así, Se han propuesto ocho sesiones dedicadas a conferencias y mesas redondas, en las que se abordarán aspectos muy diversos del teatro clásico español, en un intento de armonizar los enfoques filológicos con los escénicos, y los de interpretación desde claves históricas con los de vigencia actual. Las ponencias correrán a cargo de José Luis Alonso de Santos con "Peribáñez o el comendador de Ocaña en escena", Luis Iglesias Feijoo con “El alcalde de Zalamea: claves de una obra maestra", Teresa Ferrer con "Los Tellos de Meneses de Lope de Vega en la conformación del ideal de labrador digno", Abraham Madroñal con “Illescas y otros lugares toledanos en las comedias de Lope de Vega”, Fernando Urdiales con “El caballero de Olmedo de Corsario”, Eduardo Vasco con “El alcalde de Zalamea y la Compañía Nacional de Teatro Clásico” y Rafael Pérez Sierra con “La adaptación de los clásicos a la escena actual: La moza de cántaro”. Además, se celebrarán diversas mesas redondas, como la que reunirá a los alcaldes de Fuenteovejuna, Olmedo y Zalamea en torno a los “Retos de la explotación del patrimonio teatral en los municipios”, la que reunirá a Joan Oleza Simó, Antoni Tordera y Guillermo Serés para hablar sobre “La investigación sobre teatro clásico y sus repercusiones culturales y económicas en la actualidad” y el encuentro entre los críticos Fernando Herrero, José Gabriel López Antuñano y Carlos Toquero en torno a “El teatro clásico ante los críticos: obras, compañías, festivales”. Además, en el apartado de publicaciones, se presentarán las Actas del Congreso Cuatrocientos años del Arte Nuevo de Lope de Vega, el Portal de Teatro Clásico Español de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y las novedades de la Compañía Nacional de Teatro Clásico.
    Paralelamente, tendrá lugar la quinta edición del Curso de análisis e interpretación para actores que tendrá como profesores a Fernando Urdiales, director de Teatro Corsario; Esther Pérez Arribas, profesora de la Escuela de Arte Dramático de Valladolid, que impartirá las clases de verso; Rosario Charo de la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León que impartirá espacio escénico e indumentaria; Fernando Ruano que impartirá música escénica en el teatro del Siglo de Oro; y Germán Vega, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Valladolid y director de las jornadas, introducirá a los alumnos en el contexto del teatro español del Siglo de Oro.

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