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    Thomas Noone Dance estrena ‘The Room III’

    Última fase de un trabajo sobre fisicalidad e identidad

    Obra: The Room III.
    Autor: Thomas Noone.
    Intérpretes: Alba Barral, Horne Horneman, Javier G. Arozena, Paloma Muños, Patricia Langa y Arnau Castro. Música: Diego Dall’Osto.
    Escenografía: Max Galaenzel y Estel Cristià.
    Iluminación: Jaume Ortiz.
    Repetidora: Nuria Martínez.
    Producción: Thomas Noone Dance. Dirección: Thomas Noone.
    Lugar: SAT! Sant Andreu Teatre - Barcelona.
    Día: 31 de marzo - 1 de abril.
    Hora: 21.00 horas.

     

    La compañía Thomas Noone Dance llega al SAT!, Sant Andreu Teatre de Barcelona el 31 de marzo para estrenar la tercera fase de su montaje The Room, proyecto desarrollado junto a su equipo de colaboradores durante los tres últimos años, un trabajo en evolución que llega a su presentación final con la escenografía completa y el trabajo coreográfico concluido. El proyecto parte de una idea en común entre el propio coreógrafo, el escenógrafo Max Glaenzel y el compositor Diego Dall’Osto, partiendo de un espacio cerrado. “Al ser un proyecto de larga envergadura, quería dividirlo en tres fases para poder centrarnos en diferentes aspectos, focalizando en el movimiento coreográfico la primera parte, en la segunda hemos podido investigar más en la música, y en esta tercera fase definimos la escenografía al completo”, explica Noone.
    Seis bailarines, seis caracteres llenarán el escenario que se compone de una habitación blanca, aislada del exterior. Los protagonistas se encuentran atrapados pero seguros, siendo el único peligro aparente ellos mismos. Se plantea con ello la idea de observar a la gente, de cómo buscan la identidad o de cómo prefieren el anonimato, o si buscan controlar e imponerse al resto, “para mi también hay mucho de la idea de cómo nos percibimos a nosotros mismos y si lo vemos reflejado en otros. En el espectáculo se da este aspecto, ya que el público está observando a quien está en escena”.
    Para conseguir todo esto, la compañía se vale del lenguaje personal que ha ido conformando a lo largo de los años, “en todas mis obras quiero comunicar a través del cuerpo, a través de la fisicalidad de los bailarines. Es el cuerpo en el espacio, con lo que buscamos causar emoción y comunicar esta búsqueda de la identidad”. Muy importante también el contacto entre los bailarines y la comunicación que se da entre ellos, en palabras de Noon, “un trabajo dónde el movimiento físico contenido pueda leerse como un texto emocional”, sin necesidad de utilizar palabra alguna.
    Por medio de la habitación blanca, vacía, salvo por una montaña de 120 cojines en medio de la estancia, se presentan dos exponentes contrapuestos, el hecho de que sea una estancia, un escenario neutro, pero que al mismo tiempo “impone mucho, con diversas connotaciones, lo que hace que tenga una carga visual y emocional, de la que surgen sensaciones como podría ser de un manicomio o de un espacio muy cómodo”. La idea, también está inspirada por el trabajo del artista plástico Joseph Beuys, al considerar el concepto de habitación y las ideas de aislamiento y supervivencia.

    Pagano y sacro

    Si la escenografía es obra de Max Glaenzel y Estel Cristià, la música es una composición original de Diego Dall’Osto con quien ha colaborado la compañía en ocasiones anteriores. “Lo interesante en este caso era combinar la música profana y la sagrada, por medio de la música electrónica, puesto que es un compositor electrónico. Nos hemos basado en música antigua del ‘Libro Rojo’, unas de las primeras música escritas, pero que es profana”. Hay un pequeño juego dentro de la música, por medio de esas dos vertientes, hecho que también tiene influencia en la vida, “la búsqueda de simbolismos o religiones”.
    Para la iluminación también han contado con un colaborador habitual, Jaume Ortiz, “trabajo con él por su simplicidad, no hay pretensiones, está muy al servicio de la danza”.
    The Room III, completa las tres fases en las que la compañía dividía el proyecto, habiendo una evolución desde la primera parte, entendiéndose las tres como un todo pero también como piezas individuales puesto que tal y como afirma Thomas Noone, su intención es que cada trabajo sea una pieza en sí misma, “voy cambiando y progresando cada vez. Creo que va a ser una sorpresa para quien ha visto las anteriores partes, así como para quien la vea por primera vez. Siempre creo los espectáculos para que interesen al público del momento, la danza para mí no existe si no hay un público. El proceso es interesante, pero no es el fin del espectáculo”.

     

    Eider Suso

     

     
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