Javier Villán
Este poblachón manchego nunca deja de sorprendernos. Infinidad de escritores han escrito de él, sin llegar nunca a su sustancia integral: la capacidad de sorpresa, el misterio que Madrid esconde siendo, posiblemente, la ciudad más abierta de España. Madrid, en teatro, es un hervidero; de festival en feria; del teatro público al teatro privado, siempre a la greña. Cierto que ser empresario, en una sociedad de mercado libre, es un riesgo exigible. Y venturoso; pero lo institucional y lo privado nunca debieran ser antagónicos sino complementarios. El instinto vampírico de la SGAE compra locales para dedicarles al teatro y eso ha alertado a los empresarios que temen otra competencia desleal añadida a las ya existentes.
Madrid, el poblachón manchego hoy metrópoli multiétnica y multidisciplinar, hierve, pero no a todos les hierve por igual, Cada cual cuenta la feria según le va en ella. Y a los veinte espectáculos, más o menos, de Madferia y a los 200 programadores que han venido a verlos los tratos no les han ido mal. Mariano de Paco Serrano, su director, dice que buena parte de esos espectáculos ya han encontrado acomodo en los circuitos periféricos y que pronto circularán por los caminos de Iberia, los largos viajes de los cómicos fuera de su casa. Los tiempos cambian y cambia el significado de las palabras. Una Feria de teatro no es un mercado de tratantes; es un escaparate para ver y contratar excelencias escénicas. Es algo así como un Festival con una estructura más amplia y relacionante. El criterio de Mariano de Paco ha sido, textualmente, “programar excelencias vendibles”. Y una de estas excelencias, los italianos de la compañía Rezza Maxtrella, salió a los dos días rumbo a Palencia donde dieron el golpe com su espectáculo Pitecus. Novedad, frescura, inventiva; pero asumible para un amplio abanico de públicos. Hoy vanguardia quiere decir poco y además las vanguardias, como siempre, acaban envejeciendo. Cambian las palabras y con ellas los conceptos. Por ejemplo, un grupo llamado Los torreznos, nombre harto raro para un grupo vanguardista . Los torreznos son trozos de tocino, a veces entreverado, sabrosas muestras de una matanza rural cuya evocación produce salutíferos efectos alimenticios. Y a lo que se ve artísticos y teatrales. Los torreznos, con tan grosero pedigrí semántico y costumbrista ha abierto el certamen Escena contemporánea en los teatros del Canal. Perdonen la disgresión gastronómica, pero uno no es responsable de los nombres y de las palabras, salvo de las propias. Los torreznos tienen el premio Max; modernidad es lo que abunda en Madrid: lo alternativo, lo contemporáneo, la ruptura. Madrid es un mercado, lleno de feriantes. Antes las gentes de la periferia venían a solazarse con Martínez Soria o, mejor aún, con las piernas de las vicetiples de revista. Admiraban a Paco Martínez Soria sin sospechar que tras La ciudad no es para mí se escondía un intelectual, un sabio, un filólogo: Lázaro Carreter. Crítico y estudioso del teatro, Fernando Lázaro Carreter, perpetró este feliz engendro que le dio mucho más dinero que su sabiduría enciclopèdica y su Academia en seis días, aunque siempre procuró no identificarse con Fernando Ángel Lozano, el seudónimo con que la firmó. Ahora los feriantes vienen a vender teatro. Y a comprarlo. Es gente importante en el mecanismo cultural de las provincias, aunque muchos abominan de ellos: los programadores que urden y tejen la programación lejos, pero con la Metrópoli. Podrá discutirse la filosofía del programador, pero está ahí y es una figura clave. Provincias y perdonen la expresión un tanto jacobina es el respiradero del teatro que se ahogaría si sólo contase con las metrópolis catalana y madrileña. Más que el respiradero, las provincias y los ayuntamientos y otros entes son la salvación del teatro. Madrid, por lo tanto, es un espejo, pero el mercado está fuera de este castillo famoso que al rey moro aliviaba el miedo; por eso a Madrid se viene a comprar y a vender, a hacerse la foto que luego se paseara por provincias. Aunque esté hablando de un término tan obsoleto, provincias, que quede claro que soy federalista y creo que un estado federal, cuando la Transición, hubiese sido la solución de esta España tribal, aceptando que España tenga solución. De momento nos queda la farándula: festivales clásicos y modernos, ferias; y el combate diario del teatro comercial que sobrevive pese a competencias que llaman desleales. Y ferias como MadFeria que exhiben productos de allende y aquende los pirineos. Y gentes como Mariano de Paco Serrano, que unen economía y metáfora. MadFeria es la ocasión, un tanto apretada y urgente, -acaso conviniera una mayor racionalización de horarios- y Mariano de Paco Serrano, en los tiempos que le deja libre su intensa labor escénica, es su director. O a la inversa; cuando se queda libre de MadFeria se dedica montar espectáculos tan nítidos como Obssesion Street que anda de gira por el levante español. De El galán fantasma, un clásico calderoniano rescatado del olvido, que arranca en Zamora el dia 28 de enero. Mariano de Paco Serrano tiene una rara virtud que, en los tiempos que corren, hacen de él una especie de mirlo blanco en el panorama teatral español: creación y números. En Almagro chupó la esencia de los clásicos, que ha mamado de familia, y cuadró las cuentas de un Festival ya con raíces universales. Ahora está con la organización de Madferia que cuenta con la ayuda de la CAM, el Ayuntamiento y el Ministerio de Cultura. La verdad es que Madrid es una Feria todo el año; feria de las vanidades donde la raza de los cómicos, de todos los cómicos, quieren mostrar sus habilidades y virtudes; feria de los festivales, feria de los grupos que buscan el aval de una crítica o una noticia en los periódicos para nadar lejos de las Metrópoli; feria de las ferias. Trescientas propuestas llegaron este año a la mesa de la dirección de Madferia de las que apenas un diez por ciento pasaron la criba. Muchos de estos espectáculos, vitalistas, entusiastas y arriesgados viajarán por España. Insisto en lo acertado de la expresión “excelenca vendible”. Excelencias ha habido muchas. Vendibles, bastantes. De una forma o de otra, en un proceso abierto de consolidación y apertura, Madferia ha cumplido sus tres objetivos básicos: exhibición, relación entre profesionales y canales de distribución. El futuro está abierto. Y perfeccionable.