María-José Ragué-Arias
Al leer varias obras premiadas en el pasado año, y tras disfrutar de la lectura de un autor nacido en 1946, Manuel Molins, y también de modo significativo de otro autor nacido en 1963, Carles Batlle, me ha preocupado seriamente el futuro de nuestro teatro al conocer dos obras de autores nacidos en 1978, Paco Becerra, ganador del Premio Calderón de la Barca 2007 y premiado por la misma obra con el Nacional de Literatura Dramática 2009 y Emiliano Pastor, nacido en 1985, premiado con el Calderón de la Barca 2008.
De las obras citadas, la que más me interesó y sedujo fue sin duda el “Premi Octubre de Teatre 2009”: “Dones, Dones, Dones” de Manuel Molins. Son siete monólogos de siete personajes reunidos en una boda. Hay una acción interna que se manifiesta a través de diferentes voces y relatos dialógicos que manifiestan el yo múltiple que somos. Es una obra llena de ocultas referencias culturales. No es casualidad que el personaje central se llame Hécuba quien pronuncia un soliloquio simbólico, canto por la paz y la libertad, ni tampoco que sea Casandra quien se casa, ni que esté presente Sofía, la abuela, ni que Sandra sea un transexual que viste como Scarlett O’Hara y pronuncia frases en inglés de “Lo que el viento se llevó”. No es casual que todas sean mujeres necesitadas de una liberación, mujeres de hoy, en una relectura sui géneris de “Las troyanas” de Eurípides. Son seis mujeres de tres generaciones de la misma familia – incluida una criada peruana que se expresa mayormente en su quetxua natal. Son mujeres fuertes, con una rica vida interior, que, durante la boda de Casandra, exteriorizan su dolor, sus esperanzas y fracasos, de distintas causas en cada una. Es una obra redonda que explora formas distintas de la teatralidad, llena de atractiva complejidad y que a su manera se sitúa más allá de lo que se considera ahora el teatro postdramático.
Leí también con mucho interés la ganadora del Premi Born 2008, publicada en 2009 en las cuatro lenguas del estado español, “Olvidar Barcelona” de Carles Batlle. Son ocho personajes, de distintas edades, tres de ellos extranjeros, que con su imaginario reconstruyen y recorren la ciudad de Barcelona, mientras buscan a una japonesa desaparecida. Es una obra de circularidad temporal, construida con los mecanismos de lo que hoy es la dramaturgia contemporánea sin concesiones a los tópicos que ésta a menudo conlleva. Son personajes que tratan de inventarse a sí mismos, cuya identidad se desdibuja en contacto con la diferencia. La intervención de la narración de cuentos populares –algunos de gran belleza literaria y metafórica– sirve para explicar la realidad. Todos los personajes necesitan intervenir en el pasado para encararse con el futuro: olvidar Barcelona. Es una obra amena y entretenida, que bajo su quizá aparente intrascendencia, revela una insospechada profundidad.
Pero como decía, lo que me preocupó fue leer el premio Calderón de la Barca 2008: “Que no quede ni un solo adolescente en pie” de Emiliano Pastor. Fui incapaz de apreciar una obra sin personajes estables, ni tiempos determinados, con una tipografía total y completamente irregular, con frases inconexas entre sí. Evidentemente se trata de algún tipo de reunión de adolescentes desarraigados. Quizá para algunos, el interés estribe en su forma, en lo criptogramático y caligramático de su escritura, en su espacio teatral convulso, donde los lugares pierden identidad y donde el tiempo se transforma, anulando la noche y el día como diferencia. Los personajes, muy al límite, nos hablan de una jovencísima nueva generación que no parece recibir ningún tipo de herencia cultural a la que sujetarse. Me resultó muy poco sugerente para los escenarios, pero sobre todo me preocupó esta joven generación que no parece tener nada que decir más allá de su absoluta falta de arraigo. ¿Quién premió esta obra? ¿Por qué?
Me preocupa cierto desconcierto que parece percibirse en los jurados que otorgan estos premios. ¿Por qué se concede el Premio Nacional de Literatura Dramática de 2009 a “Dentro de la tierra” de Paco Becerra que fue también Premio Calderón de la Barca 2007. ¿Es realmente éste el mejor texto teatral publicado en 2008? Resulta difícil de creer y más difícil de aceptar que éste sea nuestro mejor nivel de escritura teatral. Y más, teniendo en cuenta que el Premio Nacional ya no se dedica a autores jóvenes sino a cualquier autor español de cualquier edad.
El texto de Paco Becerra nos presenta una historia rural ambientada en el ámbito de los invernaderos almerienses, con un tratamiento que quiere ser mítico, con elementos ecológicos y otros de terror o ciencia-ficción. Es la historia de un padre y tres hermanos, alejado y extraño el mayor, un apéndice del padre el mediano, y protagonista del texto el menor quien indaga en lo que está sucediendo. Una marroquí ilegal, una extraña mujer y una curandera completan el reparto. Pero el misterio no se desvela y el final es precipitado e incoherente. Hay temas de interés como el de la inmigración, el de la ecología, el de la droga como negocio, algunos elementos mágicos, un eco del Lear shakespeariano en el reparto que el padre quiere hacer de sus tierras... pero el final del hijo menor, escarbando, dentro de la tierra, porque todo es mentira, es forzado y poco coherente. Pudo haber ganado el Premio Calderón de la Barca 2007 si no se presentó ningún otro texto de mayor interés. Pero ¿es esto lo mejor que se ha publicado en 2008 y como tal gana el Premio Nacional de Literatura Dramática 2009? ¿No había nada mejor? Creo que yo misma podría citar varias obras de mayor calado, pero en cualquier caso, si ésta es la mejor obra publicada en 2008, quizá sería conveniente reflexionar sobre los premios y sobre los jurados que los otorgan. Sin ser una mala obra, considerar “Dentro de la tierra” como la mejor publicación teatral de 2008 creo que es un desprestigio para nuestra literatura teatral.