Revista Artez
Portal Artezblai
Libreria Yorik
Revista de las Artes Escénicas
Artez febrero 2010
Hoy es
 
  • Estrenos
  • Festivales
  • En Gira
  • Zona Abierta
  • Opinión
  •  
     
  • Infoartez Euskal Herria

    Suplemento:

  • FETEN-Feria Europea de Teatro para Niñas y Niños


  •  
     
  • Conócenos
  • Suscríbete
  • Contacta
  •  
     
  • Buscador
  • Números anteriores
  • Directorio
  •  

    Opinión

    Vivir Para Contarlo



    Ser o no ser (III)

    Virigina Imaz


    ¿Tiene la profesionalidad algún vínculo con la ética? En mi opinión si no lo tiene debería tenerlo. Es cierto que la oralidad es un patrimonio inmaterial que en la tradición pertenece a toda la tribu humana, pero ahora además es un hecho escénico y la versión de una historia que narra otra persona, es mía para escucharla y para gozarla, pero no para contarla y ganarme la vida con ella si es el trabajo de otro u otra profesional. En fin, no robar, no matar a un/a programador/a, aunque a veces se lo merezca; ir a contar peinada y vestida como para una cita amorosa; honrar al público, tratando incluso al cautivo, con respeto; utilizar un lenguaje inclusivo... todo esto tiene que ver con el deseo de hacer las cosas bien. Hay gente que defiende todo esto o lo intenta y no es profesional en cuanto a cotización o número de contadas o antigüedad, pero se preocupa por dignificar el oficio, por el buen hacer y también lamentablemente, pasa al revés.
    Hay mucha gente intentando hacer las cosas bien. Cada vez más. Todos estos aspectos, si los cuidamos, nos hacen buen@s profesionales. Y es que yo aspiro no sólo a ser profesional sino a ser la mejor profesional que pueda ser.
    En otro orden de cosas como en las últimas décadas la oralidad está dando el salto del ámbito doméstico y tribal al espacio escénico, de repente la profesionalidad contando parece tener que ver con si te disfrazas o no, si además de narrar, pintas o haces música, títeres o el pino. Entre quien programa parece que en ocasiones cuanto más “haces” eres más profesional.
    Hace ya rato que en los oficios escénicos se demostró que es más importante saber estar que saber hacer y que, a menudo, menos puede ser más. La falta de medios o la sobriedad escénica obligan a la desnudez extrema. Como yo procedía del teatro, he probado a narrar con y sin disfraz, con o sin música... Y seguiré probando porque toda búsqueda creativa constituye siempre un apasionante desafío. Pero en este momento, después de 25 años intentando vivir del cuento, me descubro artesana de la palabra. No quiero distracciones entre el público y mi relato. La palabra me basta para llenar el espacio y el tiempo escénicos. Aunque pruebo, he probado y probaré otras cosas, no necesito nada más. No creo que haya sido más ni mejor profesional con soportes que sin ellos. La pregunta no es tanto si algo es bueno o malo como ¿esto que hago o quiero hacer está al servicio de la narración? ¿El relato es más o menos vivo con ello? Esto que hago para acompañar la palabra ¿me ayuda a mostrarme o me ayuda a esconderme? Si me hace sentirme más cómoda, más segura para guiar en el viaje al auditorio, entonces vale. Porque la profesionalidad tiene que ver también con conocerse, con saber las propias vulnerabilidades y fortalezas, para que todo juegue a favor de la comunicación.
    Probablemente uno de los aspectos más polémicos del debate sobre la profesionalidad tiene que ver con la idea de que si además de contar haces otra cosa también cobrando, no eres profesional de la narración oral. Es cierto que profesionalizarse en cualquier ámbito, es especializarse. La gente que, como yo misma, intenta hacer de todo genera desconfianza y es que quizás se puede intentar hacer de todo, pero es difícil hacerlo todo bien y a la vez. De esto doy fe, porque lo he intentado. Pero hay cosas que están profundamente relacionadas con nuestro oficio. En un sentido amplio, aunque contar puede tener que ver con todo, algunas actividades lejos de estorbar pueden ayudar a contar más y mejor. Como escribir, por ejemplo, que puede animarte a contar tus propias historias. O promocionar la lectura puede ayudarte a saber buscar mejor las historias que deseas contar. Conozco maestras y bibliotecarias que, para mí, cuentan profesionalmente. Su otro oficio les enriquece su práctica cuentera. Otro asunto es que ellas tengan los mismos problemas y demandas profesionales que yo en el ámbito fiscal, pongo por caso. Pero estoy segura de que en el artístico sí.
    Otro aspecto que se consideró en el debate fue la presunción de que si cuentas en Festivales de la Palabra o de Oralidad, que eres profesional. Es cierto que contar en Festivales ofrece un reconocimiento y un aval de que tu trabajo ha gustado y de que lo consideran lo suficientemente meritorio como para llevarte. Pero estos Festivales, como otros de diferentes actividades escénicas, tampoco están exentos de criterios políticos y/o comerciales e incluso de maniobras mafiosas o corruptas. También hay gente que no se mueve de su comunidad, que ha decidido moverse poco, por tema de conciliación familiar o por tema de idioma, por ejemplo, Porque si sólo desean contar en euskera por ejemplo, el ámbito geográfico es muy reducido, o porque han hecho una opción de contar sólo para niñ@s y a menudo el prestigio de determinados Festivales de cuentería tiene que ver con su capacidad de convocar a público adulto. Yo conozco en Euskalherria profesionales que lo son, que lo hacen bien, que viven de ello y sin embargo nunca han participado en un Festival. Y ni falta que les hace.
    Relacionado con lo anterior tenemos el tema de que los productos artísticos destinados al público infantil no gozan del mismo prestigio ni reconocimiento social. Podríamos convenir que a nivel escénico todas las producciones infantiles están minusvaloradas en relación a los productos culturales para gente adulta. Anda que no hay tarea.
    De hecho puede ser que la marginación cultural en la que se mueve nuestra actividad hasta la fecha tenga que ver con el mito de que los cuentos son para niñas y niños. Y quizás por esto mismo se extiende la creencia dentro y fuera del gremio de que si cuentas para público adulto eres más profesional que si cuentas para público infantil. Y ahí la vía de la profesionalización se aborta directamente porque no nos engañemos en el ámbito de la narración oral hoy por hoy a nivel de Estado nadie puede vivir del cuento. Y esto es sencillamente porque no hay mercado. He aquí uno de los objetivos de la futura asociación profesional, generar demanda, crear circuito y mercado. Las aportaciones que han ido nutriendo el debate y avivando la polémica han conducido progresivamente a flexibilizar el número de contadas exigidas para demostrar “la profesionalidad” apostando por tener en consideración aspectos como el público para quien se cuenta, el idioma e incluso “la insularidad”. Para un narrador isleño todas las salidas fuera de su isla para contar encarecen muchísimo el cachet y dentro de una isla el número de contadas es forzosamente el que es. Ahora que lo pienso bien, cierta insularidad cultural podría constituir un criterio de profesionalidad: En lugar del número de contadas realizadas podríamos preguntar: Y usted ¿cuántos naufragios ha padecido a cuenta de la palabra?

    pagina principal

    Estrenos | Festivales | En Gira | Zona Abierta | Opinión | Infoartez Euskal Herria | Suplemento: FETEN-Feria Europea de Tearto para Niñas y Niños | Conócenos | Suscríbete | Contacta | Buscador | Números Anteriores | Directorio |

    © ARTEZBLAI SL,2005
    artez@artezblai.com

    Redacción:
    tlf: (+34) 944 795 287 fax: (+34) 944 795 286
    C/ Aretxaga 8, Bajo- 48003 - Bilbao - Bizkaia