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Teatro del Velador estrena ‘Hildegard’
La imaginación como arma para combatir la soledad
Obra: Hildegard.
Autor: Juan Dolores Caballero. Intérpretes: Juanjo Macias, Carla de la Fe, María Victoria Díaz, Diana Noriega, Bruno Axel Ruiz, Mostapha Bahja. Composición músical: Bruno Axel Ruiz. Maestra y directora de coreografía: Pilar Pérez Calvete.
Espacio escénico: Juan Dolores Caballero.
Iluminación: Mario Valiente.
Vestuario: May Canto.
Ayte dirección: Mostapha Bahja. Dirección: Juan Dolores Caballero. Producción: Teatro del Velador.
Lugar: Teatro Central (Sevilla).
Fechas: 4-6 de febrero. |
Juan Dolores Caballero regresa al lenguaje de la danza para crear sobre el escenario un mundo de ensoñaciones y delirios
El Teatro del Velador, la compañía que dirige Juan Dolores Caballero ‘El Chino’, vuelve a hacer una incursión en la danza estrenando este mes en el Central de Sevilla Hildegard, un montaje que lleva por título el nombre de la Sibila del Rin, la monja benedictina que en el siglo xii revolucionó la Iglesia alemana con sus visiones y su pensamiento avanzado para la época, y que se fue metida por su madre en un mundo de locura. Y es que la obra recrea en escena las ensoñaciones de un joven en torno a la madre que nunca conoció. Todo cuanto de ella sabe es por unas cartas que de ella que le llegaron y dos regalos –un violín y una melodía–, a partir de las cuales, el joven narra y fantasea e inventa a su madre. La imagina como una mujer sutil y bella y crea sobre el escenario diferentes imágenes de la madre, siempre bailando, siempre en fiestas. Son delirios a los que se aferra para identificarse. Son sombras de una realidad proyectada que, desde nuestro papel de testigos, debemos catalogar como síntomas de su carencia.
De este modo, se plantea una obra sobre el sentimiento de orfandad del hombre contemporáneo. “El hombre está solo en este mundo, por mucho que nos empeñemos en vivir en pareja o en sociedad. Naces solo y te mueres solo. Al igual que en otros trabajos anteriores hay un reflejo de ese individuo al que la sociedad termina apartando, vista desde un ser sensible”, desvela Juan Dolores Caballero, quien mira al hombre como un “objet trouvé” que rezuma memoria, conserva las huellas de su propietario, las marcas de su energía; es el objeto de la tienda de un anticuario, el que ya casi no sirve para nada y se amontona en la basura. “El hombre es un ser de memoria. Al final es lo único que le acompaña en su soledad, lo cual, en definitiva, también va haciendo que la soledad sea cada vez mayor. Es un recordar continuo para volver a existir, porque si no, no se existe. Es un inventar una memoria. Y es ahí donde se encuentra este personaje”.
Hombre deforme
Hay en Hildegard abundantes constantes en la trayectoria de El Velador, como una mirada a las instituciones e incluso también un acercamiento al universo femenino. Se trata por tanto de una obra muy a la ‘Chinabaus’ –como les gusta decir a los miembros de Teatro del Velador, en homenaje a la creadora alemana–, donde la danza y el teatro se funden en un solo lenguaje. Y es que tal y como recuerda el director, su formación es teatral, se apoya en la dramaturgia más que en lo abstracto: “Hablar de danza es hacerlo de una forma de expresión, pero en ella hay muchas formas de narrar. A mí personalmente me gusta más ir hacia lo concreto”. Todo ello enmarcado en un lenguaje propio, muy ‘chino’, del teatro bruto: “El hombre es un ser intrínsecamente deforme. No pertenece ya a la naturaleza y tanto su ética como su moral son distintas de la de ésta. Y ahí, la única manera de hablar de su cuerpo, que es hablar de su geografía, es deformándolo”.
Una de las características más singulares de este montaje es que se desarrolla en inglés, por su sonoridad, por universalizar el personaje y por remarcar la distancia con el personaje: “el público tiene que ver desde fuera la historia que se le está contando para poder reflexionar posteriormente sobre lo visto”. En cualquier caso, –y aunque a falta de un mes para el estreno se está planteando si utilizar o no proyecciones para traducirlo e incluso en los primeros contactos con el público, asegura que ha funcionado a la perfección– la obra tiene poco texto, que sería como “un gran poema introductorio”.
Moviéndose entre dos planos –el realista que es el del personaje principal y el de la memoria– Hildegard tiene lugar en un espacio diseñado por el mismo Juan Dolores Caballero, que representa una habitación que podría haber sido antiguo salón de baile, adonde los personajes acuden invitados a una especie de fiesta en el que la música la pone el propio protagonista, interpretado por Bruno Axel Ruiz, mezclando y sampleando las melodías que saca de su violín y a las que acompaña el también actor y cantante Mostapha Bahja. Ante ellas, unas coreografías creadas por los bailarines Juanjo Macias, Carla de la Fe, María Victoria Díaz y Diana Noriega en colaboración con la maestra de baile Pilar Pérez Calvete que ejecutan una partitura de movimiento que en palabras del director, no será tan estilizado como en ocasiones anteriores, caso de ‘El Patio’, en favor de algo más grotesco.
B.R.
El tiempo a nuestro favor

Junto al estreno de ‘Hildegard’, el Teatro Central de Sevilla acogerá los días 20 y 21 de febrero otra novedad, el último trabajo de Guillermo Weickert, cuyo estreno está previsto la semana anterior en Espaco do tempo de Montemor o Novo, en Portugal, donde se ha gestado este Días ◊ Pasan ◊ Cosas. De hecho, esta pieza en la que el coreógrafo onubense comparte escenario con el arquitecto y actor sevillano Jose Mª Sánchez Rey y a la bailarina cordobesa María Cabeza de Vaca, ha sido creada en sendas residencias artísticas en Montemor y en Endanza, y se presenta como una colección de imágenes poderosas, llamadas a despertar nuestros sentidos antes que nuestra mente y que como el título del espectáculo, cada espectador debe ordenar y completar; un paisaje construido a partir de distintos lenguajes y acrisolados por la danza y el cuerpo que invita a la contemplación no para luchar contra el tiempo, sino para ponerlo a nuestro favor. Así, Días ◊ Pasan ◊ Cosas reflexiona sobre esos días cualesquiera en los que las cosas pasan: esas cosas inesperadas, aquello que a pesar de todos los medios a nuestro alcance no somos capaces de prever y que cambiará para siempre nuestra esencia.
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