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El Teatro de la Danza de Madrid estrena ‘Casa de Muñecas’
El portazo con el que se abre paso una nueva vida
Obra: Casa de muñecas.
Autor: Henrik Ibsen.
Intérpretes: Silvia Marsó, Roberto Álvarez, Ana Gracia, Pedro Miguel Martínez, Francesc Albiol, Mamen Godoy, Cuca Villén, Ionel Pena. Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda. Iluminación: Felipe Ramos.
Vestuario: María Luisa Engels. Dirección: Amelia Ochandiano. Producción: Teatro de la Danza de Madrid, Entrecajas PT.
Lugar: Teatro Lope de Vega (Sevilla). Fechas: 4-8 de febrero. |
?Entre los días 4 y 8 de febrero se estrena en el Teatro Lope de Vega de Sevilla la última propuesta de Teatro de la Danza de Madrid, que tal y como acostumbra –a lo largo de su dilatada historia ha realizado montajes de Chéjov, García Lorca, Ionesco, Beckett y Brecht, entre muchos otros no menos importantes– acude nuevamente a uno de los grandes autores del teatro universal, Henrik Ibsen, de quien ha seleccionado la que, probablemente, sea su obra principal, Casa de muñecas. A tal fin, y con ese sentido de compañía estable que han procurado desde siempre, la directora Amelia Ochandiano se ha rodeado de varios de intérpretes con los que viene trabajando en los últimos tiempos, tales como Francesc Albiol, Mamen Godoy o el siempre presente Roberto Álvarez, que acompañan en escena a Silvia Marsó. Y es que es ella quien se meterá en la piel de Nora, la heroína fuerte e independiente que, en contraste con un marido débil y aferrado a su rol patriarcal, deja su aparentemente idílico matrimonio a causa de su disconformidad con el rol subordinado que le toca desempeñar en él.
Innumerables matices
De este modo, Ochandiano afronta un reto que, según manifiesta, supone común a todos los directores de escena, al entender que la obra de Ibsen es una aventura llena de retos, por los innumerables matices de que se componen todos sus personajes, y sorpresas, porque a medida que ha ido sumergiéndose en ella los personajes que rodean a Nora adquieren más peso y que el dilema moral, el conflicto interno que se debate dentro de cada uno de ellos está cada día más vigente. Y es que su tema es también el efecto anquilosante de las convenciones sociales y la necesidad de rebelarse contra ellas a fin de alcanzar la realización personal.
“Querría apuntar algo sobre el final de la función, ese final mítico y simbólico, ese portazo que da Nora y que va a resonar de país en país por todo el teatro universal. –sostiene la directora– Desde que empecé a pensar en la posibilidad de poner en pie este texto, me asaltaba una imagen: la primera la de Helmer (el marido de Nora), hundido en el sillón de una casa que se desmorona cuando Nora pega ese portazo, sin saber bien qué ha hecho mal, qué ha pasado exactamente y qué debe hacer para cambiar las cosas y convertirse (como le dice Nora) en un ‘verdadero matrimonio’. Esta imagen del ‘varón desconcertado’ es de una vigencia indiscutible, porque ese portazo de Nora no solamente significa la ruptura del rol que la sociedad tenía encomendado a la mujer y el comienzo de su evolución como ser humano independiente del varón, sino también (y me gustaría hacer especial hincapié en ello) el comienzo de la verdadera revolución en la relación entre hombres y mujeres”.
Al igual que con el equipo de intérpretes, el Teatro de la Danza ha contado en esta ocasión también con un escenógrafo de su confianza, Ricardo Sánchez Cuerda –autor del espacio del anterior montaje, ‘El caso de la mujer asesinadita’– con quien ha levantado una ‘casa’ con olor a nuevo, una casa adonde los personajes acaban de mudarse: “Esto nos permite la limpieza y la libertad necesarias para que la puesta en escena sea esencial y misteriosa, y que el mundo maravilloso que cree Nora va a empezar para ella, va a verse amenazado y destruido. Para contar todo esto las sombras, los contraluces, las transparencias, las cajas semivacías y los pájaros disecados serán imprescindibles”. Como contrapunto, el vestuario de María Luisa Engels sí que remitirá a esa época que disfrazaba a las mujeres haciéndolas parecer muñecas.
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