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II Festival Otro de Murcia
La inspiración buscada en la mirada creativa sobre el otro
El Centro Párraga de Murcia fue nuevamente el encargado de albergar la segunda edición del Festival Internacional de Artes Escénicas de la Región de Murcia: OTRO. Entre el 10 y el 15 de noviembre, seis fueron los espectáculos que desde España, la India, Ecuador, Yugoslavia, Sudáfrica y Senegal, pasaron por el espacio 0 del Párraga. Festival que no hace sino palpar la realidad de la migración como una realidad presente y que pretende enriquecernos culturalmente y como personas.
Inició el festival la compañía teatral murciana Ferroviaria, con un montaje que aún no habían realizado en Murcia, ‘El hombre perla’, dirigido por Paco Maciá y adaptado conjuntamente entre Maciá y Jerónimo Arenal, que teniendo como pilares a la creación y el Mito de la ballena, se han servido del relato ‘Mi Cristina’, de Mercé Rodoreda para crear la obra. Nos encontramos con un cuento interpretado por un único actor, el propio Jerónimo Arenal, quien se enfrenta a un espacio que, sin mostrarlo explícitamente para que sea el espectador el que potencie su imaginación, nos hace simular el interior de una ballena, y es allí donde su personaje, como si de un marinero sin equipaje se tratara, ha ido a parar, un espacio donde él mismo dice quién sabe dónde se ha metido el tiempo. Poesía, luz como creadora fundamental de espacios, proyección de imágenes, marionetas, danza, música y hasta un maniquí, envuelven un ambiente que en ocasiones, resulta hipnótico y mágico, e incita al espectador a entrar en el vientre de este animal marino, a vivir en primera persona el cuento. Invita, en definitiva y según palabras de la compañía, “a devorar nuestro monstruo interior aprendiendo de su fuerza”.
El segundo de los espectáculos de este festival fue el ofrecido por la Compañía Nirvana con ‘K.I.S. Proyect’, un proyecto de colaboración entre instituciones y organismos de España e India, que muestra una curiosa propuesta dirigida por César Lorente. La Compañía Nirvana pretende fusionar Kathakali con una danza española tan tradicional como es la del flamenco. A través de esta fórmula muestran el tema del maltrato de la mujer basándose en el Asesinato de Dussasana, extracto que se encuentra incluido en el ‘Karna Parva’, octava parte del ‘Mahabharata’. El personaje femenino lo encarna la bailaora flamenca Pepa Sanz, mientras que por su parte (y siendo uno de ellos el personaje del maltratador), Gopalan Fair Bijukumar, Narayanapillai Bijulalal y Anandavalliamma Narayanapillai Gireesan, sorprendieron a todos los espectadores con un arte tan milenario y tan lejano a nuestro folclore, como es el Kathakali; su técnica, control y precisión en los movimientos es tan brillante como espectacular. La mezcla de culturas, el ritual, la guitarra española (de la mano de Julián Vaquero) y la música tradicional india se entremezclan con un único objetivo como es el de poner de manifiesto su rechazo a un tema tan vigente como es el de la violencia de género.
Podría decirse que uno de los platos fuertes del OTRO nos lo ofreció la compañía ecuatoriana Malayerba, con ‘La razón blindada’. Arístides Vargas, autor de este poético y entrañable texto, es en esta ocasión, además de director del espectáculo, uno de los protagonistas del mismo. Junto a Guerson Guerra, la pieza, montada e interpretada desde el corazón, se basa en ‘El Quijote’ de Cervantes, en ‘La verdadera historia de Sancho Panza’ de Kafka y en las narraciones de presos políticos durante la dictadura argentina de los años setenta, época en la que Arístides conoce a los presos políticos de Rawson (en la Patagonia), a los que dedica la pieza teatral. Así pues, nuestros dos actores encarnan, con un ritmo brillante, a dos presos políticos que cada domingo se reúnen y es entonces cuando “se convierten” en Don Quijote y Sancho, se sienten así libres, huyen de sus realidades, echan luz a sus momentos más oscuros, tal y como apunta Arístides. Saben que todas estas peripecias del Quijote no son ciertas, pero tal y como apunta el texto, la aventura que él me cuenta alegrará mi alma y mi espíritu el resto de mi vida. Con tres mesas con ruedas, un ciclorama donde hay proyecciones y dos sillas con ruedas igualmente, de donde los actores no se levantan apenas, se compone la escenografía de ‘La razón blindada’. Con todos estos ingredientes, se refleja, desde el sentido del humor, en ocasiones tal vez amargo, los miedos, la existencia, la no existencia, los sueños, la soledad... del hombre. Desde diferentes lecturas, bien a nivel gestual, bien dramatúrgico o espacial, y sin artificios tecnológicos, desde la sencillez y el alma, Vargas y Guerra, a través de su gran trabajo, nos invitan a imaginar, a soñar y nos tocan un poquito en nuestros interiores. Los que estuvimos esa noche presentes en el Párraga, no nos quedó otra cosa que brindar un gran aplauso a este gran espectáculo.
Desde Yugoslavia, el Teatro de la Resistencia visitó el OTRO con ‘Nostalgia’, trabajo escrito y dirigido por Hadi Kurich, que a su vez es también uno de los dos intérpretes de la pieza junto con Ana Kardelis. Ambos emigraron hace trece años de su tierra por motivos de guerra y ahora, desde España, donde residen y defendiendo siempre sus orígenes culturales, crean Teatro de la Resistencia, con la que nos ofrecen esta obra que, según ellos se sentían obligados a realizar. Así, y de un modo muy sentimental, nos acercan con sus personajes, María (polaca) y Sem (balcánico) a la tristeza de los emigrados mediante la nostalgia, sentimiento que muestran unas veces como enfermedad y otras veces como herramienta de escape de nosotros mismos, de nuestros propios miedos. La historia de estos dos personajes, ella médico y él trabajador de la construcción, tienen como único vínculo en común que ambos son extranjeros, y sienten esa nostalgia por lo que dejaron atrás y por sus circunstancias personales... al final, ambos terminarán atrayéndose mutuamente de un modo impepinable, pero todo esto no es más que una excusa para ser un puente de comprensión con el público para abrir nuestras almas y transmitir esa nostalgia que va más allá de la tristeza y que afecta a todo aquel que un día se siente obligado a salir de su tierra, de desenraizarse, para empezar una nueva vida en una nueva cultura y con una gente muy diferente.
La Compañía de Nelisiwe Xaba desde Sudáfrica, intervino la antepenúltima de las noches del festival con dos solos creados e interpretados por la bailarina Nelisiwe Xaba. Dos solos que critican la sociedad que vivimos desde lo cómico y la ironía. El primero de ellos, ‘Plasticization’, haciendo referencia a la importancia que el plástico ha tomado en nuestra actual sociedad y a lo materialistas que nos hemos vuelto. Todo es plástico, nuestras vidas se unen al plástico...
El segundo de los solos, ‘Me miran y es todo aquello en lo que piensan’, también interviene el plástico, aquí Xaba, se mete en una bolsa grande de plástico, con un antifaz de este mismo material que cubre su cabeza. En esta ocasión hace referencia a la historia de Sara Baartman, quien se convirtiera en símbolo de la opresión de la mujer africana por el colonialismo. Es para la bailarina una alegoría de su propio periplo artístico. La pieza resulta ser muy original y juguetona. Ver a una mujer estremecerse, sentir, agitarse dentro de una gran bolsa de cuadros donde se calza, se descalza, se pone medias, se las quita... no deja indiferente a nadie.
La última de las noches y acertada guinda al pastel, la Compañía Jant Bio, hizo sudar, desde Senegal, al espacio 0 Párraga con el espectáculo ‘Waxtaan’. Claro que para sudar, los once hombres y la mujer que, entre bailarines y músicos percusionistas, ocuparon durante más de una hora la escena y que apenas dejaron de moverse, y eso que el vestuario no era precisamente ‘fresco’, todos y cada uno de ellos iba vestido con un traje de chaqueta. Las coreografías de Germaine Acogny y Patrick Acogny emocionaron por su vitalidad, por su fuerza, su sentido del humor... Las danzas africanas tradicionales de Senegal, Guinea, Mali, Congo... sirven de apoyo para hacer una crítica a los que nos gobiernan, intentan con ello cambiar la situación económica, social y cultural. Ellos mismos indican que Waxtaan es un canto a la excelencia, a la generosidad y a la solidaridad, con la intención de salir adelante, de borrar la imagen tan negativa que se tiene de África. Todo es ritmo, nervio, mucha originalidad, cercanía, energía y virtuosismo donde la luz, tratada con gran acierto y delicadeza, y la percusión juegan un papel fundamental. Sí, podemos afirmar que el espectáculo merece la pena y prueba de ello fue la enorme lluvia de aplausos que recibió al finalizar.
Raquel Túnez Sánchez
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