María-José Ragué-Arias
El teatro, evidentemente, no es sólo la representación de textos dramáticos. Todo texto puede ser teatral si se transforma y se trata desde la perspectiva de la literatura dramática. Lo hemos visto en Temporada Alta pero también nos induce a la reflexión la trayectoria de Pep Tosar y sus dos últimos espectáculos, dos auténticas joyas.
Temporada Alta, el gran festival de otoño de Girona que crece en interés en cada edición, ha mostrado varias espléndidas y diferentes muestras que dan formato teatral a la poesía: Kavafis, potente y aplaudido espectáculo del actor Polydor Vogiatzis con guitarra y voz de Varvara Gyra que con traducción al catalán de Riba y Ferrater fue admirablemente trasladada al espectador por Lluís Homar; Al cel muy buen espectáculo basado en Jacint Verdaguer con dramaturgia de Narcís Comadira y dirección de Xavier Albertí; Love is my sin de Peter Brook a partir de los sonetos de Shakespeare que interpreta Natasha Parry junto a Michael Pennington con música de Couperin, una delicia sobre el amor y un espléndido El jardí dels cinc arbres de Joan Ollé a partir de la poesía de Salvador Espriu.
Hablaremos en otra ocasión de Temporada Alta, de estos espectáculos y de los presentados por Handspring Puppet Company-Kentridge, Daniel Veronese, Claudio Tolcachir, Krystian Luppa, Christopher Marthaler, The Watermill Theatre, Sidi Larbi Cherkaoui, Rick Cluchey-Beckett... de gran interés.
Pero ahora quiero dedicar esta página a Pep Tosar, un gran artista mallorquín que siempre utiliza su lengua natal, y que desde los años noventa crea espectáculos con dramaturgia propia a partir de textos narrativos. Es una pena que no tenga suficiente resonancia, quizá por expresarse en una lengua minoritaria o tal vez por el pequeño formato de sus monólogos que sólo en ocasiones se ven acompañados de tres o cuatro actores. Sin embargo, hay que decir que su último espectáculo fue estrenado en Polonia hace un par de meses.
Pep Tosar ya en 1991 nos deslumbró con la dramatización del cuento de Patrick Süskind, Sa història des senyor Sommer. Pero su autor preferido ha sido Tabucchi, cuyas palabras utiliza también en Nocturn.
En 1994 recibió el Premio de la Crítica, por Réquiem, ese flujo de palabras que nacen de una conciencia alterada, dirigido por Xicu Massó. Luego pudimos ver y admirar Revés y Somnis de somnis (2005), siempre de Tabucchi.
Amante de la poesía mallorquina, Pep Tosar fue también Premio de la Crítica por La casa en obres (1999), bella dramaturgia sobre la poesía del Blai Bonet (1926-1997) y en 2005 obtendría el Premi Serra d’Or por la escenificación de poemas del también mallorquín Damià Huguet (1946-1996) en Esquena de ganivet (Espalda de cuchillo).
Pep Tosar es un gran actor y creador de extraordinaria sensibilidad teatral cuyos dos últimos espectáculos, este verano y este otoño en Barcelona, no pueden dejar indiferente al espectador. Además hay que agradecerle que haya reconvertido el Círcol Maldà, bello espacio de la vieja Barcelona, en un pequeño teatro de sesenta localidades en el que el público tiene a los actores al alcance de la mano, en un contacto íntimo que da gran fuerza al hecho teatral.
En el Maldà recién reabierto al público, ahora como sala teatral, el pasado mes de julio, Tosar presentó y dirigió Molts records per Ivanov, su adaptación, junto a Albert Tola, del Ivanov de Chejov. Es una dramaturgia que, junto a la historia de ese hombre desesperado y furioso contra el mundo, en la que Chejov muestra una angustia provocada por un destino ineludible y nos habla de las consecuencias de una cierta sociedad en la Rusia de los zares, Tosar nos transporta oníricamente a nuestro entorno actual, a las consecuencias pesimistas de nuestro mundo y cita a Pasolini, en reflexiones de 1974 que, entre otras cosas terribles, nos dice que “el verdadero fascismo es precisamente este poder de la sociedad de consumo que nos destruye”. Y Tosar nos dice mucho más, con una poesía misteriosa y ritualizada. Emoción y conmoción hizo que nadie saliera indiferente del teatro.
En esta ocasión, Tosar estaba acompañado por cuatro excelentes actores (Cristina Cervià, Laura Aubert, Víctor Pi, Xavi Frau). El espectáculo tuvo que prorrogarse y volverse a prorrogar y no sería de extrañar que volviera a los escenarios.
Ahora, en el mismo Círcol Maldà, Pep Tosar ha vuelto a Tabucchi con Nocturn, basado en Réquiem y que incluye también otros fragmentos del autor.
Un hombre acude a un museo para ver detenidamente Las tentaciones de San Antonio de Hieronimus Bosch, se detiene en el café del museo, se duerme, sueña. Es un viaje a la memoria, una historia de amor trágica, a tres bandas; los espacios del ayer, un faro, el mar, la necesidad de hallar sentido al pasado, un pasado que no excluye comida y bebida añoradas; también remordimientos... Se trata de un espectáculo íntimo, enigmático, trágico, de gran belleza lírica, de tierno humor y melancolía; sueño dirigido al espectador. Y siempre, al fondo, el Portugal de Pessoa, el país literario de Tabucchi. Apenas cuatro elementos escenográficos, y junto a Tosar, una mágica Cecilia Liborio que lee viejas cartas cuarteadas e interpreta Nocturnos de Chopin. Y también otros dos actores: Victor Pi y Anna Carner. Se estrenó en el Festival de Lebnica (Polonia). Esperemos que el espectáculo viaje, y no sólo por el extranjero.
Pep Tosar ha conseguido reconvertir el bello espacio íntimo del Maldà en un teatro de programación regular y ha logrado durante casi veinte años, interpretar y dirigir dramaturgias basados en la poesía de textos narrativos. Es el valor de la palabra en el teatro, pertenezca o no a un texto dramático.
Como dice Valère Novarina en su conocida ‘Carta a los Actores’: “Todo lo real puede ser hablado”. Y, como sabemos, todo texto es la codificación de un mensaje y es siempre susceptible de ser adaptado para ser trasladado al escenario.
Así nos lo muestran hoy los espectáculos de Pep Tosar y varios de los que hemos visto en Temporada Alta.