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    John Romão presenta ‘Velocidade Máxima’ en La Laboral

    El artista contemporáneo dentro del sistema capitalista

    Obra: Velocidade máxima.
    Concepción: John Romão.
    Dramaturgia: Mickael de Oliveira. Interpretación: John Romão y tres “garotos de programa” brasileños residentes en Lisboa.
    Pianista: Cláudia Teixeira.
    Espacio escénico: Diego Beyró y John Romão.
    Coreografía: Elena Córdoba. Iluminación: Daniel Worm D’Assumpção. Vídeo: Carlos Conceição.
    Proyecciones: Bruno Moreira Dias. Máscaras: Cecília Sousa. Acompañamiento crítico: Paulo Raposo.
    Asistencia de dirección: Neto Portela. Dirección: John Romão.
    Producción: Colectivo 84.
    Coproducción: Festival Citemor, La Laboral, Murmuriu, Negócio/ZDB, Penetrarte.
    Lugar: Caja Escénica - Teatro de la Laboral (Gijón).
    Fechas: 4 y 5 de diciembre.
    Hora: 20.30.

     

    El Teatro de La Laboral presenta los días 4 y 5 de diciembre al creador portugués John Romão con ‘Velocidade Máxima’, un trabajo coproducido por el propio teatro gijonés junto al Festival Citemor. Con tan sólo veinticinco años, Romão ha colaborado como asistente de Rodrigo García y cuenta en su haber con media docena de producciones, en las que ha ido desarrollando su propio discurso. En la obra, el director comparte escenario con tres prostitutos brasileños emigrados a las calles de Lisboa, con los que ofrece una reflexión en torno a las relaciones entre sexualidad y economía, poder y explotación, con el papel del artista en el mercado del arte.


    Velocidade Máxima es un trabajo creado en colaboración con Mickael de Oliveira. ¿Cómo se gesta la obra?
    Todos mis trabajos comienzan por un abordaje físico, en el que propongo acciones, llevo propuestas de movimiento, puntos de partida para posibles escenas. Velocidade máxima pasó por esa fase antes de la búsqueda de los intérpretes mediante anuncios en periódicos y websites, y posteriores visitas a casas de citas. Para esta pieza quise reunir a creadores de diferentes áreas: Mickael de Oliveira, en la escritura de algunos textos; Elena Córdoba en la colaboración coreográfica y Diego Beyró, que colaboró en el espacio escénico, así como Daniel Worm d’Assumpção, en el diseño de iluminación. El trabajo de escritura de Mickael fue transversal con todas esas colaboraciones. Todo se hizo a un mismo nivel, en cada ensayo, a partir de conversaciones e improvisaciones con los intérpretes, e inventando palabras para escenas que eran sólo cuerpo. Hay textos que fueron escritos conmigo, otros en los que le di el punto de partida, otros en los que le di carta blanca para escribir lo que quisiera. Más tarde, teniendo en cuenta la dramaturgia que voy construyendo en escena, selecciono los materiales textuales más relevantes teniendo en cuenta su fin. Es un trabajo íntimo que no se hizo sobre la mesa, sino sobre el escenario, experimentando con los intérpretes y el equipo creativo.

    Tu teatro está influenciado por lo social, la marginación. ¿Qué ideas inspiran ‘Velocidade maxima’?
    En mis trabajos, al invitar a personas que pertenecen a subgrupos sociales y/o marginales para habitar la escena en solitario o conmigo, estoy interesado en una desmitificación relativa a la presunción de una verdad mutable e inequívoca reservada a esos subgrupos. El “mal”, lo monstruoso y lo obsceno son temas que surgen siempre como telón de fondo. Velocidade Máxima surgió de la necesidad de volver a hablar de gente excluida, de gente “fea” y “mala”, pequeños diablos que atraen los placeres de la carne y nos recuerdan de qué estamos hechos. Aunque más que ser un trabajo documental donde conocemos historias de prostitutos en escena, se trata de un trabajo sobre el estado del Arte y de la condición del artista contemporáneo dentro de un sistema capitalista, el cual es comercializado de la misma forma que lo son los cuerpos de los prostitutos. Al comienzo, en un prólogo, expongo la razón por la que invité a estos comerciantes del amor masculino a que estuviesen conmigo, cuando comparo a estos “garotos de programa” (giro brasileño que designa a los prostitutos) con los programadores de los teatros, en el que menciono el dinero involucrado en el proyecto, etc. Trato de abordar las tensiones entre la relación entre estos dos grupos (quién compra y quién vende) y de observar los límites del poder del dinero y, simplemente, los límites del deseo de tener poder.

    Junto a Velocidade Máxima, el Teatro de la Laboral acogerá este mes de diciembre al también portugués Miguel Moreira, quien entre los días 15 y 17, y tras impartir el taller ‘Actores en el espacio público’, representará Na rúa, una llamada a tomar las calles de la ciudad, por donde se reparten las esferas que forman parte de este proyecto. La programación para este fin de año se completa con la presencia de uno de los colectivos artísticos de mayor renombre en Europa, la compañía belga Toneelhuis, que presenta los días 18 y 19 Maria-Magdalena. Wayn Wash III, la tercera parte de una trilogía concebida por Wayne Traub, una muestra de la fascinación del director por las culturas orientales, por lo ritual, por el kitsch y el catolicismo. Además, en la Plaza de toros de El Bibio se presentará Le secret de Cirque Ici.

     

    Los protagonistas de tu obra son tres prostitutos inmigrantes en Lisboa. ¿Qué te da trabajar con no-actores?
    No trabajo siempre con no-actores, aunque últimamente me dedique a ello. Y no son apenas no-actores, sino grupos que pertenecen a subgrupos sociales y/o marginales, gente que oscila entre lo ‘kitsch’ y lo violento. Esta opción está íntimamente relacionada con mi vida, la visión que fui construyendo de la ciudad, del cuerpo, del ser público y de la belleza, y que tiene que ver con el hecho de que he vivido hasta hace poco en una ciudad dormitorio, suburbana, donde la criminalidad infanto-juvenil y el miedo se tutean. Claro que después hay un sentido estético en todo esto, encuentro una belleza en los cuerpos desajustados, que se salen de los cánones, impacientes, no habituados a una intimidad expuesta ante más de una persona cada vez. La utilización de estas personas en escena difiere de aquella de Santiago Sierra (objetos que son manipulados). Estoy verdaderamente interesado en conocer a estas personas, poderlas tocar, recibir sus opiniones e ideas, crear relaciones de intimidad.

    Los cuatro lleváis en escena una máscara con tus rasgos.¿Cuál es la relación entre ellos tres y tú en escena?
    Muchas veces, mis trabajos me recuerdan a los juegos de niños: me tapo los ojos para creer que no estoy “aquí”; giro sobre mí para sentirme mareado y no saber dónde estoy. Si bien, en este juego los niños quieren dejar de saber dónde están o quiénes son, en mis trabajos sólo yo quiero saber dónde estoy y tratar de percibir lo que “voy siendo”. El lugar en el que estoy es el punto de partida para todo. Y muchas veces soy obligado a tapar/ocultar una cosa para poder descubrir/revelar otra. Es el caso de Velocidade Máxima, donde el gesto de cubrir la cara de los tres “garotos” abre un campo de desprendimiento físico y oral, que permite que se pueda revelar lo real. En Velocidade Máxima, la máscara no reproduce solamente una cara sino aquella del cliente, porque en el palco, yo, el director, ocupo el lugar del cliente. Las semejanzas de las caras parecen romper las diferencias que nos separan en el campo inmaterial, lo que es reforzado por una intimidad en la relación corporal y en la relación oral, a través de gestos y diálogos que nunca tendrán lugar en un tipo de encuentro de esta clase; tenemos acciones en grupo, en las que tal vez parecemos un grupo de amigos, pero rápidamente los papeles se transforman. Oír a los tres “garotos” sin la diferencia visual de sus verdaderas caras parece inaugurar una posibilidad de audición de estos tres desconocidos (a semejanza de algunos vídeos de Gillian Wearing), dejando a descubierto la pobreza a la que el mundo está reducido cuando se entiende a través de una “imagen”.

    Obscenidad, cuerpo, decadencia de la carne, son palabras que se asocian a tu teatro. ¿Cómo lo definirías tú?
    Lo real se aproxima inevitablemente a lo obsceno, a una representación sin velo, sin capas protectoras. Estoy interesado en un imaginario y espacio conceptual que destaca el Cuerpo en tanto lenguaje, la sexualidad en tanto lengua y la cuestión de la moralidad y de los límites de la Representación. Me pregunto hasta dónde la inmoralidad puede ser el punto de fuga de los juicios sociales y teatrales. No sé hacia dónde voy, sólo sé dónde estoy. Y no saber es de las cosas que más quiero preservar.

    Borja Relaño

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