|
|
Gente de palabra: Eugenia Manzaneda
“El teatro nació narrando y ahora la narración se sube a las tablas”
¿Qué es contar para ti?
Pues a día de hoy mi profesión, a veces dudo de si lo soy, digo narradora, pero yo es que dudo, dudo hasta de mi duda. Contar me hace sentir viva, me divierte y me enriquece.
¿Cuánto tiempo llevas contando profesionalmente?
Si profesionalmente es desde cuando cobro por contar, pues desde el 92, compaginándolo con el teatro.
¿Cómo fue que comenzaste?
Comenzaba la hora del cuento a instaurarse en la biblioteca de Salamanca. Yo acababa de dejar la compañía de teatro Achiperre y me encontraba un poco perdida y la verdad. Marieta, la bibliotecaria, que había sido directora del grupo amateur donde yo empecé a hacer teatro, me propuso que contara cuentos y me lancé, me gustó. Comencé a interesarme por el tema, leer todo lo que había publicado, algún curso que ofrecía la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, a ver contar a gente, que es cómo más aprendí de lo bueno y de lo que a mí me parecía no tan bueno... no me sentía muy narradora oral, me sentía cuentista, que me sonaba menos pesada la palabra y más juguetona. Contaba principalmente para niños, los adultos me daban pánico.
¿Una narradora nace o se hace?
Para todo hay que tener unas aptitudes pero también poner de uno y tener una buena actitud para que todo crezca, estar despierto y no dormirse en la comodidad del “yo ya... me lo sé”. Mi concepto de narrador de historias ha sufrido tantos cambios que creo poder afirmar, desde mi misma, que mi narradora se ha ido haciendo a golpes de vida y obra, la obra a veces se paraba pero la cuadrilla siempre estaba dispuesta a cambiar puertas, ventanas de orientación... porque tengo buena “cuadrilla”.
¿Es posible formarse para contar?
Yo doy pocos cursos de narración por que me crea muchas dudas, qué vale, qué no vale... creo que hay que partir de lo que uno es, de lo que siente. Y sobre todo saber si llegas a la gente, a todo tipo de gente, si comunicas bien.
¿Cómo debería ser esa formación?
Manejo del espacio, del propio cuerpo, saber tus limitaciones para ponerlas a tu servicio, es decir tus yin-yan, equilibrio, de hecho los más pequeños en los cuentos, los menos importantes, son los que finalmente consiguen las grandes cosas, porque encuentran en sus limitaciones sus grandezas. No querer imitar a nadie, encontrar tu sinceridad, tu verdad, escuchar otros narradores y práctica, contar y contar.
¿Teatro y narración oral, un matrimonio de conveniencia?
A mi tener experiencias en el teatro me ha servido muchísimo para la narración, para tener una buena comunicación con el público, sentirlo, la improvisación que aprendí con la commedia dell´Arte dan frescura a mis sesiones y forma parte de mi. Además yo soy muy brechtiana entonces tampoco tengo yo problemas de cuartas paredes... el teatro nació narrando y ahora la narración se sube a las tablas... la vida es una constante unión de fluidos... y de conveniencias en convivencia.
¿Cómo es la experiencia de contar para bebés?
El ego artístico se deja en la puerta, la sinceridad y relajación, la respiración y el creer en la vida toman el espacio.
¿Cómo iniciaste esta búsqueda?
Yo había hecho contadas para escuelas infantiles pero lo que me animó a considerarlo más en profundidad fue comenzar a trabajar con La Casa Incierta, compañía especializada en teatro para bebés. Se me quitaron ideas preconcebidas sobre los bebés y su entender... pues los bebés lo entienden todo... saben la esencia de todo, el aroma de todo. Y por supuesto ser mamá de una niña, estar casi 24 horas con ella (a veces no se duerme todo lo que uno quisiera...) y tenerla como primera espectadora y “probadora” de todo.
¿Para quién prefieres contar?
Es que me da igual... lo prometo, variar, me gusta variar, si llevo mucho tiempo sin hacer una para adultos pido por favor que me salga una sesión, si cuento mucho para público familiar ruego poder contar para chavales de 10-12, que me encantan... luego hecho de menos contar para padres con hijos que me lo paso bomba metiendo mis dobles sentidos, si llevo mucho sin contar para bebés tengo mono del clima de paz que me contagia cuando cuento para ellos... cambiar, variar, variedad... Y el espacio pues en un sitio bonito, con buena visión que no tenga que pelearme con el ruido exterior... los teatros me encantan para contar para adultos, lo tengo que reconocer. Y el idioma pues el castellano y el gramelot (idioma inventado, palabra que tiene su origen en la commedia dellÁrte italiana)
¿Qué tipo de historias prefieres contar? (De tradición oral, de autor, propias, mitológicas, de humor)
De tradición oral, me encantan, me siento libre con ellas, casi no cuento de autor, debe ser que me pueden los verbos del escritor y no lo termino de hacer mío el cuento... y el tema pues yo aunque no sea un cuento de humor yo le saco mi punta... sin proponérmelo, soy una payasa y una bufona en esencia.
¿Cuál es la “cocina” de tus historias ? ¿Cómo te preparas o preparas la historia para contarla?
Soy bastante desorganizada no tengo sistema, o bueno es que las historias me persiguen, yo leo y leo historias, y algunas se me cuelan y se van apoderando de mí, y están detrás de mí ser durante una buena temporada, y al final las tengo que contar porque me parecen tan buenas que las tengo que compartir. Luego van creciendo ellas en escena, con la ayuda del público, algunas hasta cambian de color, o le salen lunares o tachuelas, o recuperan la vista... los cuentos son esas cosas vivas que nos ayudan a sentir mejor la vida. Otras veces me vienen imágenes y las desarrollo, y uno enlazo historias o creo yo otras... yo es que hasta para la cocina de verdad soy un poco así, no puedo ir al mercado y comprar lo que se necesita para hacer un guiso, yo miro, veo y con lo que hay, invento.
¿Cuáles son para ti las condiciones ideales para contar?
Espacio agradable con buena acústica, sin ruidos estridentes, que el público esté cómodo, que vean bien, parece poco pero no lo es...
Contar ¿arte, tradición, terapia, instrumento pedagógico...?
Pues es un arte, sí, oír bien contada una historia es el arte para mi más antiguo, qué placer cuando te lo cuentan bien ¿o no? Es tradición?, pues viene de antiguo y los pueblos tienen cada uno sus historias con sus formas de ser y ver la vida. Es muy bonito leer cuentos de pueblos porque terminas sabiendo cómo son más que si te vas un fin de semana a dicho sitio, es como viajar por el pensamiento colectivo. Terapéutico, pues son un gran instrumento cuando se utilizan para dicho fin pero lo más grandioso es que los cuentos siempre son terapéuticos hasta para el mismo contador, y hasta sin proponérselo. Y dentro de la pedagogía, desde la de la escuela hasta la de andar por casa, un cuento es un gran aliado tanto en la guerra como en la paz.
Contar con aliados (música, dibujos, títeres, objetos...)
Pues depende, a mí es que hay historias que me lo piden y otras para nada. Pero es como todo, lo que está bien está bien y lo que se pone por poner pues no queda bien, nace de algo que no es sincero y eso se nota.
¿Cómo ves este oficio de vivir del cuento en la actualidad?
Pues entre la crisis, los recortes de cultura... vaya una pregunta, pero ¿cuándo han estado bien estos oficios artísticos...?No quiero caer en el pánico pre-escenico. Creo que algo bueno está por llegar, me gustaría que hubiera más respeto a nuestra profesión desde los organismos oficiales pero eso lo tenemos que enseñar nosotros los narradores, los cuentistas. Que no se considerara arte menor, porque el arte es arte, ni mayor ni menor, no porque no lleves grandes escenografías, ni unas videoproyecciones impresionantes tu trabajo es menor o peor, es diferente.
¿Cómo gremio cuáles serían nuestras prioridades en tu opinión?
Proponer a los organismos más festivales o ofrecerles una programación estable, sin una programación estable no se hace público, y sin público... La asociación de profesionales que está a punto de nacer me parece un buen paso para creernos este oficio y que se crea en nuestro buen hacer.
Anécdotas de cuentera..
Un día en un bar después de una contada se me acercó un señor que había venido con su hija adolescente a verme y me dio las gracias por un cuento que hablaba del tiempo, un cuento precioso de Alfonso Colodrón, el hombre estaba deprimido porque se había quedado sin trabajo y me dijo que gracias al cuento le había dado fuerzas para seguir con su vida, fue algo grandioso. Las miradas, las risas del público, su complicidad... esas “gracias” de gente que se acerca al final... me siento afortunada cuando cuento.
Virginia Imaz |