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IX Festival Iberoamericano de Teatro Contemporáneo de Almagro
Cuando el buen teatro llega de ambos lados de la cordillera
No existen milagros, sólo el compromiso, el trabajo constante y las ideas y por lo tanto en Almagro, organizado por el CELCIT, cada año se pueden encontrar las compañías, los creadores, las propuestas más importantes de Latinoamérica. Este año con un plato fuerte central: una revisión a la trayectoria del boliviano Teatro de los Andes.
Abrió plaza en esta novena edición, Ron La Lá y su siempre eficaz Mundo y Final, esa mirada a veces ácida, otras irreverente, en muchas ocasiones paródica, en otras aplicando los espejos cóncavos que nos devuelven reflejado lo esperpéntico de la vida, del mundo y sus habitantes, con la música como herramienta para abrir todas las brechas.
Delicado trabajo para todos los públicos el presentado por los colombianos de Taller de Nubes y su Chiribitas, la mujer chirriquitica de Álvaro Posada , una tierna historia para personajes de madera. Yayo Cáceres y José Gamo firman la autoría de Entre Orillas, que presentó La Yapa, una suerte de recorrido por la memoria del intérprete, fragmentos de su infancia para establecer unos puentes, al menos sentimentales, con la realidad de todos aquellos que debieron abandonar su tierra para emprender otra aventura vital y profesional. Trabajo en crecimiento.
El chileno Jaime Lorca firma la autoría, la dirección y la interpretación de Gulliver que presentó con Viajeinmóvil su nuevo grupo tras la disolución de ‘La Tropa’. Realmente una excelente escenografía, puesta en escena, tiempo de narración y de acción, conjunción y relación entre distintas técnicas de muñecos, de diferentes tamaños para ir contando precisamente las aventuras ideadas por Jonathan Swift en un magnífico trabajo de adaptación y dramaturgia. Impresionante la capacidad actoral del propio Lorca junto a Teresa Iacobelli, en un espacio escénico que se convierte en otro ser vivo, en una gran marioneta, una estructura articulada donde suceden todas las acciones en diferentes espacios. Gran espectáculo que tiene entidad suficiente para ser considerado ya como un clásico.
Desde Ecuador Teatro Sumnurgh ofreció una recopilación de cuentos de Mali realizada y dramatizada por Fiore Zulli que interpretó Carla Robertson con el tema de las relaciones personales como protagonista. Buena muestra de narración oral escénica en estado avanzado.
De Brasil llegó Pia Fraus con Gigantes de aire, un espectáculo de calle, con animales gigantes a base de hinchables de diferentes tamaños, donde se mezcla el trabajo de payasos, con el circo y la manipulación de objetos. Energía positiva en una estructura dramatúrgica simple.
Boliviano y del mundo
Quienes tenemos la suerte de conocer casi desde sus primeros pasos la trayectoria de Teatro de los Andes, disfrutamos con la revisión de algunos de sus trabajos, y con la visión por primera vez de sus últimas creaciones. Se trata de una de las realidades teatrales latinoamericanas más fértil, en cuanto a irradiar desde Sucre en Bolivia, una manera de entender la propia producción teatral, con características muy remarcables en su organización interna y en sus presupuestos estéticos que conlleva unas propuestas donde el contacto con la situación social o política cercana se convierte en la inspiración máxima y que demuestran que se puede realizar esta indagación sobre lo que sucede en el tiempo presente, tanto con textos propios, creados para la ocasión, casi todos a cargo de César Brie, como con la adaptación de los clásicos.
En este campo se inscribe La Odisea, que viene a presentarnos todas las bondades de una dramaturgia realizada para que la esencia del texto inicial de Homero reviva en otras voces, otras palabras, pero las mismas intenciones, aunque ampliadas a la descripción del momento actual, en el que se visualiza ese viaje que realizan cientos de miles de seres humanos en la búsqueda de las Ítacas modernas, que no tienen muchas poéticas, sino que son pragmáticas y que en demasiadas ocasiones no es una cuestión de ida, sino de huida de unas realidades asfixiantes, creyendo que allá, al otro lado está la solución, el respiro, la felicidad y se encuentran con la xenofobia, las leyes de extranjería, el control total y en ocasiones el neo-esclavismo. 
En este fundamento ideológico, la versión encuentra en la escenografía de Gonzalo Callejas, la concreción artística, el símbolo que ayuda al entendimiento de la propuesta más allá de la textualidad, las palabras y que además contiene todas las posibilidades prácticas para crear espacios diferentes, para cambiar ambientes y para proporcionar un mundo sonoro al moverse las cañas que forman parte de uno de los mayores logros de esta puesta en escena en donde se dejan muestras claras del estilo, de la idea de la dirección, del esfuerzo interpretativo en donde no solamente es una presencia, una composición, sino que existe un trabajo físico característico, una entrega que llena de códigos diversos la escena en donde se mezclan los diferentes acentos que proporciona un reparto formado por actores y actrices de diferentes partes del mundo. Fondo, forma, modo, intención, aunados, creando un campo de intervención estético realmente significante, para que se cuente la historia, bien contada, con vuelo poético, pero sin renunciar a ningún mensaje claro, para que puedan ser entendidos en los diferentes planos, por todos los públicos.
Si este trabajo fue el de mayor envergadura, por formato y amplio reparto, se pudieron ver también trabajos tan medidos, atractivos y emocionantes como ¿Te duele? donde se plantea de una forma estéticamente superadora, pero con una crueldad sin concesiones, los problemas de la violencia de género, del machismo imperante casi de manera endémica en la sociedad. En un espacio escénico que representa un ring de boxeo la pareja, interpretada de manera bizarra por Lucas Achirico y Danuta Zarzyka, vive sus momentos de encuentro amoroso y de desencuentro, sus pasiones, en positivo y en negativo, todo ello manifestado a través de una gran actuación en la que destaca el esfuerzo físico, el trabajo corporal, los momentos en donde es el movimiento, la gestualidad, la composición espacial quienes describen de manera más directa la situación, la violencia ambiental o proporcionan las claves más nítidas de entendimiento del grave problema. Obra necesaria, abrasiva en su contenido, pero muy elevada en su pretensión artística.
Al igual, aunque en un terreno de menor incidencia directa sobre un grave problema, pero con mayor carga de lirismo es lo que se logra en 120 kilos de jazz, donde a partir de un personaje, Méndez, y de la voz, el cuerpo y la expresión plástica del actor Daniel Aguirre Camacho se va mostrando en un precioso monólogo sus tres amores: una mujer que no le corresponde, el jazz y la comida. Excelente muestra de la versatilidad de esta compañía.
El propio César Brie abrió las representaciones de su ciclo con El mar en el bolsillo, trabajo que habíamos presenciado hace unos cuantos años. Talleres, charlas, debates, y otras representaciones de otras compañías que no alcanzamos a ver forman en la memoria el recuerdo de esta nueva edición de un festival que cada año se va asentando más y reclamando la atención debida porque nos proporciona estas posibilidades de conocimiento, encuentro y análisis del trabajo de una idea tan avanzada, que viene de otros sueños y que es ahora una ilusión perfectamente reconocible.
Carlos Gil Zamora
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