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Yo adolescente. ¿Yo? ¿Qué yo?
 {?QUE NO QUEDE NI UN SOLO ADOLESCENTE EN PIE
EMILIANO PASTOR
STEINMEYER
Centro de documentación teatral. Ministerio de Cultura
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Escribir teatro no equivale a escribir diálogos y monólogos. Desde hace ya tiempo, en muchas ocasiones, el trabajo del dramaturgo va más allá de esa especie de manual de instrucciones que suelen ser las acotaciones. Buscar/excitar/espolear/-incitar/empujar/estimular la imaginación y la creatividad del director y/o del lector. Por eso, a veces, el texto teatral se aproxima o directamente se sumerge en la poesía o en el guión cinematográfico o en el relato o... Es éste el caso de la obra que nos ocupa, galardonada con el Premio Calderón de la Barca en su última edición.
Yo adolescente, La adolescente que corta la violeta, El adolescente que abracé y Britney Spears Dedalus: así son denominados los cuatro personajes centrales de esta breve pero enérgica y velocísima pieza: “A ciento setenta kilómetros por hora, no habrá cosas feas en nosotros”, afirma uno de ellos. Además de ese guiño a Joyce en el nombre del último personaje, hay otros aquí y allá en el texto: de guiños pop, a Janette por ejemplo, a guiños cool, a Gil de Biedma. Pero en este texto resuena de fondo otro lejano y genial adolescente: Rimbaud –“tú rimbaudiano plagiador”, se espeta a sí mismo ese protagonista y narrador Yo adolescente–, o también el eco surrealista y homoerótico de un Lorca desparramado. Al mitológico modo, Britney Spears Dedalus nace de la espuma marina en la que flotan –cerca del Forum barcelonés y tras llegar al mar a través del alcantarillado– los cortados genitales del protagonista.
El barcelonés Emiliano Pastor, joven de 23 años, nos sumerge de cabeza en el extremado universo de los adolescentes, para quienes el dolor es necesario y tierno; “Me gustaría de verdad que sucediera una mañana, que te metieras en un capullo y despertaras y todo hubiera sucedido y ya estuvieras acostumbrada”, se dice a sí mismo un personaje. Pero la transformación es lenta y sin embargo brutal. Los adultos solemos estar vacunados contra las emociones vitales extremas; nos duele mucho menos vivir, pero también vivimos bastante menos, y menos intensamente. Los adolescentes estrenan mundo, cuerpo y emociones. Por eso el lenguaje de esta obra rebosa intensidad y energía. Emiliano Pastor quiebra y descoyunta la sintaxis y la lógica lingüística y teatral; y lo hace a veces con ingenuidad y muchas otras con brío y eficacia, pero siempre con audacia. También rompe a menudo la disposición convencional de las letras y de las palabras en la página –el aspecto visual y tipográfico del texto– y lo hace en busca de una más contundente expresividad.
“Preocupada o bulímica”, “Enfadadito o posando para los turistas”, “A punto de morir o de espaldas”, “Maricón o ahorcado”... son a modo de muestra algunas de las acotaciones de personaje del texto. La historia es tan simple como universal: chico A ama a chico B, y éste parece corresponderle hasta que chica C se lo lleva al huerto, por lo que chico A colapsa. “Corriendo como sólo un adolescente en trance puede hacerlo. Ni siquiera un animal podría correr como yo ahora. Es como si Barcelona fuera sólo el aire, ¡sólo el aire! Es como si mi cuerpo fuera sólo el aire, ¡sólo el aire! Te quiero. Pero la goma elástica debe tensarse mucho más aún. Yo puedo, yo puedo, soy un héroe”.
El dramaturgo y director argentino Alejandro Tantanian, que trabajó en la puesta en escena de este texto junto al autor, dice en el prólogo: “Se nos ha dicho una y mil veces: el escenario es un recorte. Decimos entonces: la dramaturgia es la tijera que decide el contorno de la escena, las palabras son los filos que, bajo la acción del autor, determinan el límite. ¿Cuáles son hoy esas palabras? ¿Cuáles son los límites? ¿Cuál es el paisaje convocado por la escena? Lejos estamos hoy del Theatrum Mundi shakesperiano. Aquella premisa del mundo como escenario ha quedado hoy relegada a otros medios, a otra manera global de entender la realidad: los medios virtuales, los medios electrónicos son hoy el escenario isabelino: encargados de construir realidad y ficción. La ficción es real ahí adentro. ¿Qué queda, entonces, para el escenario? El texto de Pastor se para en el exacto centro del problema”.
La obra termina con un enérgico meneo cuestionador de límites e identidades; a la manera de Rimbaud y de la mano de Beckett, nos cuestiona el texto: “¿Qué yo?”. Y a continuación todo se viene abajo en un delirante terremoto en la disco. Aquí van unos fragmentos a los que no puedo añadir el carácter visual al que antes aludía: “Yo adolescente ¿Yo? Adolescente ¿Eh? ¡Ah, yo! Jaja. ¡Mi cuerpo adolescente!... Moveos porque no hay tiempo... esto se va a venir abajo y estoy sudando... porque la muerte está en la carne verdadera y porque al fin y al cabo esto es lo mejor... que nadie se vaya... todos en pie... todos bailando... el láser rosa va de la esquina a mi frente y bailo... Dios mío esto es flipante... a la mierda mis reflexiones... fui feliz fui feliz... porque leí los libros y los olvidé... hola, soy capaz de visitar una ciudad extraña y sublime... vamos allá... camino de Barcelona... el sexo se expande en su cuadrícula... apaguemos las luces... sí hola hola... y bailo... transparencia durísima, también a los diecisiete años hay que vivir no siento mis pies y bailo y bailo quiero decir bailo bailo bailo bailo bailo empiezo a ver un sentido mis rodillas ey ¿se me oye?... ¿hola?... he dejado un post-it... soy este adolescente... lo juro... ¿se entiende?... y por cierto que sepa aquella persona que necesité volar hacia-lo-que-me-puteaba... ¿hola? y bailo o casi tropiezo o no sé ya lo que hago... ¡siento mis pies!... siento la electricidad... pero no la electricidad... siento en los pies una avenida ajardinada... creo que siento en mis plantas el crecer de los brotes y bulbos... bueno no lo aseguraría... seguimos en pie”.
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