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K Producciones estrena ‘La Charca Inútil’ de David Desola
Repaso crítico a los valores que imperan hoy en díao
Obra: La charca inútil.
Autor: David Desola.
Intérpretes: Adolfo Fernández, Sonia Almarcha, Miguel Palenzuela. Escenografía, vestuario: Ikerne Giménez.
Iluminación: Pedro Yagüe.
Música y diseño de sonido: Mariano Marín.
Dirección: Roberto Cerdá.
Producción: K Producciones.
Lugar: Arriola Kultur Aretoa (Elorrio). Fecha: 6 de noviembre.
Hora: 22.00 Horas.
Lugar: Serantes Kultur Aretoa - Santurtzi. Fecha: 7 de noviembre.
Hora: 20.30 Horas. |
La educación, la agresividad y la pérdida de seres queridos se unen en la obra que dirige Roberto Cerdá y protagoniza Adolfo Fernández
La obra con la que David Desola ganó en 2007 el premio Lope de Vega llega a Bizkaia tras su estreno en el Festival Internacional Madrid Sur de la mano de K Producciones. Se trata de La charca inútil que dirige Roberto Cerdá, quien asegura que “el texto y la historia de David resultan muy emotivas y tienen muchos elementos que permiten conmover al espectador”, y que ponen en escena Adolfo Fernández, Sonia Almarcha y Miguel Palenzuela.
Aunque Desola alude como elemento inicial a un hecho real, en concreto, las imágenes grabadas por una joven en el momento en el que su novio daba una paliza a un profesor de instituto, cuestión que parece emparejar la pieza con la tragedia, la obra no se enmarca en ese género ya que tiene otros ingredientes destacados como el humor, una crítica al actual modelo de enseñanza dirigista y hacia los medios de comunicación actuales, además de exponer la relación que se establece entre dos de los protagonistas. Todo ello con la finalidad de mostrar “la celebración de la ausencia del ser querido” porque “uno no es si no tiene a su lado lo que le da sentido a su existencia” y para demostrar que es posible “rehacer la felicidad y rehacer la vida”.
Los tres actores que protagonizan la representación dan vida a Irene, una mujer que tiene una herida porque su hijo ha fallecido; Óscar, un profesor que tiene una relación con esta mujer y Hierofante, que es la quinta carta del tarot y la que representa al hombre sabio, además de ser el antiguo maestro de Óscar. A partir de esos personajes que tienen en común haber sufrido alguna circunstancia que ha generado una profunda herida, Cerdá cuenta una historia “sobre la ausencia pero, sobre todo, de la búsqueda de la felicidad” porque cada uno de ellos tiene “una herida que afecta a toda una sociedad y porque los medios de comunicación se han introducido de forma violenta en las vidas de la mujer y del profesor, que sólo tenían la pretensión de ser felices”.
Lo que pasa ahora
El autor muestra su intento de hacer un teatro inmediato, social, que refleje el aquí y el ahora, lo que está pasando y lo que nos está pasando, destaca también que los personajes que intervienen en la obra son seres “atormentados, víctimas de un entorno opresivo, de una sociedad que escarba en el dolor ajeno” y que se refugian “en la locura para mantenerse cuerdos”.
Con la puesta en escena de La charca inútil el director reconoce que una de sus intenciones reside en poner el acento en dos de los personajes que representan un modelo educativo “que ya no se da en nuestra sociedad ya que ellos centran su sistema docente en exponer las distintas posibilidades que existen ante un dilema, mientras que en la actualidad la enseñanza está muy parcializada y dirigida”. En este sentido Cerdá destaca la profunda reflexión que lanza el autor a través de Óscar, “ya que él no siente ningún odio por el alumno que le agrede. Al contrario, Desola lanza un mensaje esperanzador porque sabe que alguna de las cosas que ha enseñado al alumno van a servirle a lo largo de su vida”.
Aunque la pieza es definida por el autor como una obra de “teatro de texto” en la que “las acciones tienen mucha más importancia que los diálogos y lo que se intuye es mucho más relevante que lo que se percibe”, Cerdá asegura que “nunca tengo en cuenta la acotaciones del texto” porque le gustan las obras que carecen de acotaciones al considerar que “mi libertad para la dramaturgia escénica funciona mejor”. A pesar de ello reconoce que las indicaciones que el autor incluye en el texto “y en este caso hay muchas, que leo y que para mí son pistas que unas veces sigo y otras veces no. Alguna de ellas la he obviado aunque la he recuperado tras cinco días de ensayos”.
El director señala que el espectáculo tiene como punto de partida a un autor que realiza la escritura “en dos dimensiones” a través del papel y de la tinta y continúa con otro proceso en tres dimensiones, en el que el director empieza a pensar cómo va a llevar ese texto al escenario y, por último, se materializa una realidad que manda por encima de todo y que es la realidad de los actores en escena. “Cuando ese proceso llega a los actores es el momento de reafirmar lo que yo pensaba o de descubrir cosas nuevas o diferentes” y por esa razón opta reducir al mínimo el trabajo analítico previo y por profundizar en el trabajo que desarrolla entre la mesa de dirección y los actores “y por ello voy del texto a los actores, pasando por mí constantemente”.
El proceso de trabajo para llevar el texto al escenario “tiene al espectador como objetivo final del trabajo” según destaca Cerdá que contrapone su método al de una etapa anterior que todavía se mantiene “en la que el creador sólo piensa en sí mismo. Yo soy un contador de historias, al igual que el actor que cuenta historias, las comunica; que el escritor que las escribe para que se lean y esas historias, en último lugar, alcanzan el teatro para que se vean, para que se sientan, para se escuchen... Interesar al público no es abaratar el arte, al contrario, significa engrandecerlo porque se trata de contar historias al público civil, no sólo para los programadores o los distribuidores que, por supuesto, forman parte del arte teatral”.
El trabajo que presenta K Producciones no pretende que el espectador se sienta como un tonto porque no ha entendido nada pero tampoco pretende dárselo mascado, sino que pretende “que el público reciba sensaciones y que llegue a su imaginación”. Para alcanzar esos objetivos y para que ese trabajo sea origen de debate entre el público, Cerdá se ha decantado “por la propuesta más contemporánea, que es aquella que se basa en la emoción y la comunicación” que se mostrará en una propuesta limpia en la que brillen los actores y que sobre todo resalte una acción muy potente que proviene de las entrañas de los personajes.
El espacio escénico diseñado por Ikerne Giménez se caracteriza por la quietud y la serenidad ya que pretende resultar “muy poético, neutro y alejado en la medida de lo posible del realismo de los objetos”. El lugar mostrará además un parque que se sitúa sobre una charca estancada a la que alude el título de la obra, aunque también servirá para representar las diferentes estancias de la casa de Irene, “porque no hay una separación exacta entre un espacio y el otro”.
Joseba Gorostiza
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