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XII Feria de Teatro de Castilla y León
El humor se impone
en la ciudad de la concordia
Trabado por la emoción, con la palabra renqueante, Fernando Arrabal inauguró en el escenario que lleva su nombre la décimosegunda edición de la Feria de Teatro de Castilla y León celebrada entre los días 25 y 29 de agosto, insistiendo en que es “con Avignon en Francia y Edimburgo en Escocia, una de las tres grandes citas teatrales europeas”, y destacando el papel de ‘ciudad de la concordia’ de Ciudad Rodrigo, encarnado en su persona: el hijo del primer condenado a muerte por el Franquismo es acogido con amor por la madre Mercedes, que le enseña a leer y escribir, en un acto poético y teatral. Y así, con su habitual retranca –aseguró que le tenían que haber congelado el día que ganó el premio superdotados– y casi como con una mano en la espalda, fue introduciendo a los presentes en la Feria, que había de comenzar, precisamente, con una obra sobre la concordia a la que aludía, una versión de su Pic Nic, realizada por Teatro Percutor, en la que se añaden elementos que subrayan la tragedia al hacer que Zepo –el soldado prisionero– sea una mujer encinta, y llevado a escena en un tono de parodia que en ocasiones no permite adentrarnos en la crítica al absurdo de las guerras.
De hecho, la presente edición se ha destacado por tener al humor y la comicidad como factor común denominador –salvo alguna excepción–, aunque abordada desde diferentes ángulos. Se pudo corroborar lo gamberro y deshinibido que es el nuevo espectáculo de Spasmo, cargado de tópicos contemporáneos y una mirada chispeante sobre este mundo nuestro que en ocasiones parece que lo habiten alienígenas. Sin salirse del guión, Show park es uno de sus trabajos más contundentes. Quienes sí cambiaron de registro fueron Zanguango, adentrándose en el teatro gestual y con gran acierto tanto en sus planteamientos como en las ejecuciones. Miss Morgue pinta de color lo gris, ofreciendo una reflexión sobre la soledad, cuando el miedo a la vida es mayor que el que se tiene a la muerte. Un estreno que acabó convirtiéndose en una fiesta exorcizante con actores y público bailando por las calles de Ciudad Rodrigo. Humor sin palabras es lo que ofrece también la compañía portuguesa Peripecia en Mama!?, un trabajo con ingredientes para emocionar y divertir, aunque le falte algo de sal y tiempo de cocción. La Serda presentó El delirio, un espectáculo donde la comedia se tiñe de tintes cabareteros. Dos albañiles cantando al amor y a la amistad.
Dos Caballeros
No obstante, el premio del público de teatro de adultos –el de calle fue para Ragnarok de Kull d’sac y el infantil para Clara y Daniel de Azar– recayó en una de las obras más reflexivas de las presenciadas, Kampillo o el corazón de las piedras de Ítaca Teatro, un montaje que tiene como bazas un texto con enjundia, dos actores como Alfonso Torregrosa y Julián Montero, ambos muy por encima de sus compañeros en escena, lo que acaba restando unidad a una notable propuesta. La potencia de un texto como Muerte accidental de un anarquista de Dario Fo hace que la de Suripanta sea una de las obras que más disfrute proporcionó, al canalizar toda la acidez y la ironía que desprende la obra.
Además, esta edición presentó un buen número de clásicos, con el reciente El Caballero de Olmedo de Teatro Corsario al frente, un montaje compacto, coral, que demuestra el profundo conocimiento del medio en el que se mueve el director Fernando Urdiales, permitiéndose jugar con picardía con los elementos escénicos –especialmente con la iluminación–, y que tiene como principal virtud los recursos humanos, unos actores que hacen fluir la obra de Lope. Yster y El Gato Negro acudieron con El misántropo, un trabajo que juega a entrar y salir en la obra clásica, plagado de licencias que inciden en los aspectos más cómicos de la obra y que cuenta con un sólido reparto. Casicorro lo serás tú es otra coproducción, entre Ribalta y Teatro del Ser, propone una mirada divertida a los clásicos con especial interés para públicos juveniles por el desparpajo con el que trata obras como ‘La vida es sueño’ o, nuevamente, ‘El caballero de Olmedo’.
La de Crazy dogs, de Le cirque du bout du monde, no resultó ser probablemente la función más precisa, teniendo en cuenta que es un circo muy centrado en los malabares, en los que sí que destacaban algunos de los intérpretes. Logran, eso sí, crear atmósferas e imágenes contundentes. En la calle vimos a la Compagnie Charivari con Haut Milieu, un rudimentario compendio de ejercicios circenses, así como el Daimonion de Teatro do Mar, un espectáculo con fuerza visual.
Creando cantera
Uno de aspectos más plausibles de la Feria de Ciudad Rodrigo es el trabajo que realizan con los niños y los jóvenes –muchos participan activamente en la Feria como monitores en los talleres del Divierteatro–, ofreciendo espectáculos que van desde los destinados a bebés, hasta a los adolescentes. De esta franja programática pudimos disfrutar con propuestas como la de Légolas, narradores orales que nos cautivaron con sus historias y fábulas de A troche y moche, donde con una aparente sencillez logran fascinar y hacer partícipes de sus aventuras a pequeños y mayores. Igualmente seductor nos resultó Otto de Teloncillo –que también estaba presente con Josefina–, compuesta de canciones y pequeños objetos que sirven para narrar una historia con cercanía.
Alauda Teatro estrenó La bella durmiente del bosque, un espectáculo de títeres con acompañamiento musical –dos violas de gamba– en el que Rafael Benito da vida en solitario a un sinfín de personajes utilizando diferentes técnicas de manipulación, lo que hace que se pierda el ritmo y la capacidad de atención, y parezca necesario un replanteamiento. Pizzicato también presentaba novedad, La piedra mágica, con la que consiguió embaucar a los más pequeños y que irá ajustándose con el tiempo. Achiperre aprovechó nuevamente la Feria para estrenar, en esta ocasión La bella y la bestia, en la que se da forma al cuento con una atrevida dramaturgia que aprovecha los recursos teatrales de forma eficaz.
Actos y presentaciones
Junto a estas y otras representaciones a las que no pudimos asistir, se realizaron en la Feria diversas actividades, entre las que hay que subrayar la muestra que la compañía Rayuela hizo de su trabajo, por entonces en ciernes, El jardín de los cerezos. Era una invitación a conocer su montaje sobre el texto de Chéjov, una exposición de personajes y propuestas de dirección que por sí solas apuntan bien definidas y que, presentadas en un marco como el palacio de la Marquesa de Cartago, se impregnan de significados añadidos, algo a tener en cuenta.
También se llevaron a cabo presentaciones como la del nuevo catálogo de la Asociación Te Veo; el borrador del estudio económico del sector en Castilla y León que la Universidad de Valladolid va a realizar por encargo de ARTESA a fin de conocer la realidad en la que se mueven las compañías y sus grados de eficacia; y se dio comienzo al nuevo proyecto de la Coordinadora de Ferias de Artes Escénicas-COFAE que quiere dar a conocer los modelos de gestión de festivales y ferias, en el que Mario Moutinho desveló los entresijos y las claves de un gran festival como el que dirige, el FITEI de Porto, mientras que mediante la proyección de un audiovisual, los responsables de las diversas áreas de la Feria de Teatro de Castilla y León dieron a conocer los detalles de su organización e historia.
Borja Relaño
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