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La Fábrica de Teatro Imaginario estrena ‘Flores de Babilonia’
Un canto para conjurar
tanto desencanto
Obra: Babiloniako Loreak / Flores de Babilonia.
Autor: Jon Gerediaga.
Intépretes: Ander Lipus, Espe López, Miren Gaztañaga, Miriam K. Martxante, Alex Gerediaga.
Espacio sonoro: Xabi Erkizia. Iluminación: Oier Ituarte.
Vestuario: Miren Lore Garmendia. Escenografía: Jose Pablo Arriaga. Maquillaje. Cinthia Ioli.
Ayudantes de dirección: Ainara Gurrutxaga, Urko Redondo.
Dirección: Ander Lipus.
Compañía: FTI-Fábrica de Teatro Imaginario.
Producción: ArteDrama.
Lugar: Zornotza Aretoa (Amorebieta). Fecha: 9 de octubre
Lugar: Gazteszena (Donostia).
Fechas: 31 de oct. -1 de Noviembre Lugar: Azpeitiko Antzerki Topaketak. Fecha: 13 de noviembre. |
La compañía bilbaína regresa cinco años después de su último montaje con un trabajo que confronta dos mundos
Esta es una historia pequeña. Si me pides que la explique en cuatro palabras me sobran dos”, asegura el autor Jon Gerediaga sobre Flores de Babilonia / Babiloniako Loreak, que es el regreso a los escenarios de la compañía Fábrica de Teatro Imaginario y que contará con la dirección de Ander Lipus, a quien también se podrá ver sobre el escenario –junto a Espe López, Miren Gaztañaga, Miriam K. Martxante y Alex Gerediaga– interpretando el papel de una anciana. “Como en el teatro Noh –explica el actor y director–, creo que un actor puede hacer en su vida cinco personajes grandes, cinco energías base que son el guerrero, el loco, el anciano, la mujer y el demonio, y todos los demás trabajos son variaciones de. Uno no se puede transformar tanto. Después de Yuri Sam, el chamán, necesitaba trabajar otra energía, un trabajo actoral de una anciana, que vengo ideando desde hace cinco años”. Para hacerlo, Lipus ha convocado una vivencia real: “Cuando marché a Madrid a estudiar teatro mi abuela se metió en la cama y allí estuvo cerca de seis años hasta que murió de tristeza. Y lo que más me impresiona cuando regreso es ver su habitación, en la que no hay nada prácticamente. Yo ahora dejaría un ordenador, un coche, un mp3... Quería dar ese punto de vista, el de un joven que mira la habitación de una persona que ha vivido en un mundo que ya no es el suyo”.
Sobre ese material y un poema propio titulado ‘Beste kantu bat nahiz eta Auschwitz’ –Otra canción a pesar de Auschwitz–, Gerediaga ha dado forma al texto con una premisa: dejar de lado tanto desencanto. Y es que cada vez que su compañero le presenta un dibujo mental de su proyecto, Gerediaga le comunica su estado de ánimo. Al autor, entonces, le rondaba continuamente la frase de T. Adorno, que dice que no puede haber poesía después de Auschwitz. “Y, después de todo lo vivido en los últimos años en la FTI, sentía la necesidad de volver a cantar. Mientras Orfeo cante la muerte es un invento. Aquel que canta en Auschwitz es quien nos salva”. Así nació esta obra que se compone de ese estado de ánimo –flores– y la idea de un mundo –Babilonia–, éste visto desde las dos perspectivas –la bíblica, el pueblo maldito– y la de los rastafaris –occidente–. “Porque en el humus más negro y más podrido es donde nacen las flores”, afirma el autor. Y también, cómo no, de canciones, las que interpreta Hegoa, una joven cantante que horas antes de dar un concierto recuerda a su abuela Inés, componiendo un canto a pesar de la mil veces maldita Babilonia.
Dos poéticas
De este modo se dan la mano formas teatrales diferentes, en palabras del director: “Está el mundo de Hegoa, más contemporáneo, performativo, aquí con el público. Y por otra parte el de Inés, con otros códigos teatrales, cercanos al grotesco. Cada uno de ellos tiene su poética diferente. Hegoa está y el resto aparece como si fueran títeres”. Así tiene lugar este regreso a esa Markina de 1989, con anécdotas reales aunque con un planteamiento muy exagerado. Hay un enterrador, Bo, que no quiere que Inés muera porque el cuerpo gordo del alguacil que murió poco antes ocupa demasiado espacio y no tiene más sitio en el agujero; o Kopla, un médico que sufre de mil achaques; un cura, Witz, que acude diariamente a darle la extremaunción porque le invitan a vino... Ander Lipus: “Es una tragicomedia, porque es muy trágico lo que le ocurre a Inés, pero todo lo que le rodea es tan absurdo... A veces pensaba que era hacer como un teatro de costumbres porque los personajes son arquetipos. También la he llamado una antipastoral, ya que utilizo algunos de sus mecanismos. Pero en estos se cuentan grandes gestas y mi abuela es un antihéroe. Al funeral de Michael Jackson ha ido muchísima gente, al de mi abuela fueron pocos. No somos importantes, somos humildes. Quería contar esa pequeñez”. Y es que para Gerediaga es eso, la historia de una abuela que se muere.“Se habla de más cosas, sí, pero más que con una pretensión ambiciosa, creo que se habla más de la ambición humana, de Babilonia”.
Ander Lipus: “En la trayectoria de la FTI, en todas sus obras ha habido un final de caos, de barricada, mientras que en esta ocasión hay una apertura, esa flor que se abre. Eso me emociona, porque es como un regalo que les hacemos a mi amama y todas las demás amamas”
En la música creada por Xabi Erkizia existen tres esferas. Desde la que sale por la radio de Inés, a la que se proyecta desde la escenografía de José Pablo Arriaga –compuesta, como siempre, de madera–, así como la que canta Miren Gaztañaga –Hegoa–, en una “unión de dramaturgias y poéticas en torno a una historia”, explica Lipus, “y en ese sentido sí que la compañía ha apostado nuevamente por la forma de trabajo que ha tenido desde siempre, con la iluminación de Oier Ituarte, el vestuario de Miren Lore Garmendia”.
Idiomáticamente, este nuevo proyecto de la Fábrica de Teatro Imaginario mezcla el euskera y el español, como un reflejo de la realidad lingüística y social de un pueblo como Markina. No obstante, sí que habrá diferencias dependiendo del lugar en que se represente, puesto que Hegoa, que es quien conduce la obra, se expresará bien en euskera o en castellano. Y como advierte el director: “Cualquier persona, hable euskera o no, entenderá perfectamente toda la obra sin ninguna dificultad, puesto que los idiomas se mezclan”
B. Relaño
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