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FIT
24 Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz
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Atados a un mundo sin vida
Guiados por el director Héctor Manrique, los intérpretes Juvel Vielma, Daniel Rodríguez, Juan Vicente Pérez, Melissa Wolf de la compañía venezolana Grupo Actoral 80, jugarán ante los espectadores el Final de Partida de Samuel Beckett, en la que se erige un mundo absurdo regido por una lógica peculiar. Hamm y Clov son la pareja de protagonistas que conviven encerrados en la casa del primero, refugiados de la desolación que queda extramuros. Un cataclismo ha dejado la Tierra inerte y sin vida. Ellos son los únicos supervivientes. Hamm, ciego y atado a una silla de ruedas, necesita de su sirviente Clov para todo. Clov, torpemente, trata de cumplir los deseos de su amo, de colocarlo justo en el centro, de darle sus calmantes, de fabricar perros de felpa... de escuchar a Hamm su historia y darle la réplica. Pero Clov quiere marchar: “Me digo: A veces, Clov, es necesario que estés allá mejor que aquí, si quieres que te dejen partir algún día. Pero me siento demasiado viejo, y demasiado lejos, para lograr adaptarme a las nuevas costumbres”.
Junto a Hamm y Clov, humillados dentro de dos cubos de basura donde los tiene encerrados su hijo, hundidos sin piernas tras un accidente, los padres de Hamm, Nagg y Nell, charlan continuamente, evocando escenas de amor del pasado, paseando junto a un lago o montando en bicicleta.
El Grupo actoral 80, que estrenó esta obra para conmemorar su veinticinco aniversario, plantea en escena este Final de partida impregnado de aromas agrios y fuerza interpretativa, donde la soledad, la tristeza, la ingravidez y la violencia se van entrelazando en una delirante acción sin fin, dando vida a un mundo del que quisieran escapar, pero al que finalmente se han resignado.
Perdidas en un mar de incertidumbre
Tras haberse presentado el pasado año en Cádiz en el marco del Encuentro de Mujeres, la compañía cubana Teatro Viento de Agua regresa con No vayas a llorar, una obra que toma como punto de partida los hechos acaecidos en La Habana en agosto de 1994, donde los rumores de que cierto día se acercarían varias lanchas desde Miami a recoger a familiares, hace que cientos de personas se amontonen en el malecón, generándose un enfrentamiento y un posterior éxodo, tras la retirada, a fin de prevenir mayores incidentes, de la guardia de la frontera.
Partiendo de esos hechos, la compañía de Boris Villar y Maribel Barrios lleva a escena dos líneas de tiempo-espacio; autobiográficas, testimoniales y ficticias, que se suceden y complementan para desnudar las catástrofes que enlutan el paisaje migratorio internacional. De una parte, Antonia, una mujer que persigue las pistas de su amante por todo el estrecho de La Florida. De otra, Maribel, una madre que desde México trata de recuperar a su hijo del que se había separado años antes.
Tal y como explicaba el estudioso Eberto García Abreu en el Encuentro de mujeres, “No vayas a llorar, no denuncia. En todo caso quiere ser el eco de muchas voces apagadas gravitando sobre nuestros sueños, anhelos, esperanzas, utopías, incertidumbres, sorpresas y decepciones. Asentado en el compromiso primigenio con el cuerpo personal de quienes aquí aparecemos transmutados en imágenes y preguntas, No vayas a llorar trasciende, sin pretenderlo, hacia otros cuerpos sociales que justifican las más insospechadas razones del teatro, del arte todo y, por supuesto, de la vida”.
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