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Gente de palabra: Roser Ros
“Hay que leer mucho para alimentar la capacidad lingüística”
Sus primeros recuerdos giran alrededor de las canciones y juegos en el contexto familiar. Poco a poco descubre la lectura, habilidad que desarrolla públicamente con sus hermanos menores y privadamente haciendo de los libros sus mejores amigos. Procedente de familia de artistas (cuenta con varios hermanos músicos, bailarines, pintores) y de maestros (sus bisabuelos maternos ya ejercieron como tales) Roser es una rara combinación de ambos genes y mientras estudia Pedagogía en la Universidad de Barcelona empieza su vida profesional en el campo de la escuela para pasar paulatinamente a cultivar el ámbito de la literatura, de la escrita a la oral, sin por ello, dejar el campo de la educación que ahora ejerce, entre otros lugares. en Tantágora y en la universidad Ramon Llull.
¿Por qué cuentas?
Para comunicarme con los demás. Es como si a través del cuento estuviera presentando mis muchas maneras de ser y de pensar, de dudar y de itinerar por la vida.
¿Qué es un cuento para ti?
Es como una partitura cuyo sonido puede ser interpretado a la manera de la música (ritmo, cadencia, tono, etc.) y como tal intento hacerlo. Sólo que los cuentos, al estar compuestos con palabras, provocan que el oyente tienda a buscar su significado, aunque advierto que no es absolutamente necesario este aspecto para sentir el placer de escuchar. Quizás esta sensación la tengo muy presente al ser catalana.
¿Cómo es la experiencia de poder contar en más de una lengua?
Cada lengua tiene un contexto y, para mi, contar en Catalunya es hacerlo en catalán, mientras que en otros lugares uso el castellano y, alguna vez, el francés. Mas si los oyentes están suficientemente sensibilizados prefiero resumir la narración para luego contarla en una sola lengua, pues así puedo hacer llegar el cuento como si de una partitura se tratase.
¿Desde cuándo cuentas?
Desde niña contaba a mis amigas. A los 18 años seguí contando al ejercer de maestra de párvulos. Era una manera natural de acercamiento a los niños y a las niñas. Fui tomando consciencia de la función que ejercía cuando me enrolé a fondo en la formación continuada de maestras y maestros, en Rosa Sensat, hacia los 27 años. Para entonces tenía muchos cuentos contados.
¿Qué tipo de historias cuentas?
Al principio eran cuentos de tradición oral en sus versiones catalanas (no me atrevo a decir que los cuentos pertenezcan a nadie, sino que han viajado mucho y al llegar a un lugar, sus receptores hemos sabido adaptarlos magistralmente a nuestra genuina manera de ser). Poco a poco incorporé en mi repertorio cuentos de autor.
¿Para qué tipo de público cuentas?
Desde los más pequeños hasta los más viejos. Y en toda clase de lugares: escuela, bibliotecas, museos y exposiciones, teatros, bares y plazas, casas particulares y lugares públicos.
¿Con qué cuentas para contar?
Cuento fundamentalmente con la palabra y, ocasionalmente, trabajo con músicos.
¿Una narradora nace o se hace?
Creo que los narradores y narradoras tenemos en una habilidad innata para comunicarnos a través de la palabra, de la voz y de su prolongación que es el cuerpo. Pero para ganarse el respeto de la audiencia, hace falta algo más. En mi opinión hay que leer mucho para alimentar la capacidad lingüística pero también hay que trabajar para aprender a corporeizar la palabra (desde su dicción hasta su completa deglución), pues ésta es una de las características del efímero acto narrativo, de la performance. En la actualidad quienes deciden dedicarse a la narración oral como oficio recorren un trayecto al que yo definiría como personal y ¿quizás intransferible?
¿Cómo preparas los cuentos para contarlos?
Al principio están la lectura y la escritura que, mezcladas con el deseo de contar algo a alguien dan como resultado y después de muchas horas de trabajo y ensayo algo así como un guión y unos contenidos que dormirán y pasearán conmigo durante mucho tiempo hasta dar con un formato que poco a poco irá adquiriendo el cuerpo deseado.
¿Qué prioridades ves en el oficio?
Demostrar con nuestro buen hacer que somos algo más que una forma de entretenimiento barato para toda clase de público. Para dignificarlo pienso que hay que trabajar duro para que la narración oral siga estando presente en ámbitos como el familiar, el educativo (escuelas, bibliotecas), sin que por ello pierda su dimensión lúdica, comunicativa y de culturización. Hay que trabajar para que no pierda presencia en el mundo de las artes escénicas sin que por ello se confunda con el teatro. Y, por supuesto, hacer que quienes se quieren dedicar a este peculiar oficio de forma profesional tengan acceso a la mejor formación.
¿Crees que con tu trabajo has contribuido a hacer posible alguna de las tareas que mencionas?
Creo que sí. En primer lugar, he demostrado que ser narradora no está reñido con la investigación de nuestras fuentes de inspiración realizando en 1976 una tesis doctoral sobre el ciclo de los cuentos de la zorra y el lobo. En segundo lugar, he contribuido a fomentar la necesaria vida asociativa del sector fundando con otras dos personas ANIN la Associació de Narradores i Narradors de Catalunya. En tercer lugar y con la publicación de la Revista Tantágora, aporto mi gano de arena a la reflexión e información; esta revista sobre narración oral, cuentos y narradores cuya periodicidad es de dos números al año, está punto de sacar su número 9. pero Tantágora es algo más que una revista. Es un lugar donde trabajamos para el fomento de la literatura, de la oral a la escrita, desde la narración pura y dura a la edición de libros y cds relacionados con nuestro campo de trabajo dirigido a toda clase de públicos. Todo esta labor me ha aportado mucho y me permite seguir experimentando mi capacidad creativa para seguir contado.
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