Javier Villán
Teddy Bautista en su lejana prehistoria, antes de ser el mandamás de la Sgae era músico y rojo; músico de un conjunto canario y rojo no me acuerdo de qué coloración. Supongo que seguirá siéndolo, porque esas cosas, como algunos sacramentos, imprimen carácter por mucho que el poder cambie a las personas. Y Teddy Bautista tiene mucho poder; sobre todo poder recaudatorio. La verdad es que no sé ni me importa que coloración tiene en estos momentos pues en democracia cada cual puede irse con la música donde le venga en gana. La gente de Zalamea de la Serena (Badajoz) ha puesto el grito en el cielo calderoniano porque la gran fiesta del pueblo, la representación popular del célebre drama homónimo, la Sgae lo quiere grabar con algunos miles de euros en concepto de derechos de autor. El celo recaudador de Teddy Bautista en defensa de músicos, poetas y dramaturgos es una actitud loable, porque los autores siempre han estado desasistidos, pero este caso parece ser un poco extremoso; Calderón de la Barca ya no reclama derechos y el académico Francisco Brines ha cedido el canon de adaptación. De Zalamea la SGAE pasará a Fuenteovejuna, sin miedo a rebeliones populares ni acusación de desafuero.
Los desafueros del poder ya sabe Teddy como los resuelve el pueblo agraviado. La SGAE, en defensa de su celo recaudatorio, argumenta que el edil de Zalamea miente, con lo cual entramos en un contencioso, dramático-administrativo de honor calderoniano. Dice la Sociedad de Autores que al émulo de Pedro Crespo se le reclaman deudas impagadas; nada que ver con la representación del célebre drama, por el que Zalamea apoquina la módica cantidad de 95 euros de vellón que ni son derechos ni son nada. Si eso es verdad bien haría el Alcalde en ponerse al día y la SGAE moderar sus excesos de publicanos bíblicos, siempre que no se perjudiquen los magros ingresos de los autores españoles. Mi defensa del autor español vivo va por otros caminos, pues nunca escribiré teatro, lenguaje para mi inaccesible como autor, pese a dedicarme a desentrañar sus misterios. Cuando algún amigo me anima a escribir teatro, siempre digo vade retro, pues el teatro no es una rama de la literatura, lo mismo que no es sólo lenguaje visual. Esto último, la fibra exclusivamente óptica y sensorial del teatro, es debate superado; pero la vena literaria, la verbalidad del teatro todavía tiene sus zonas de disquisición.
La SGAE dice que no hay constancia de que Brines haya cedido al pueblo de Zalamea sus derechos de adaptador, pero si Brines lo dice debe ser verdad y además el trámite es fácilmente solucionable: que al calor de la polémica se deje constancia fehaciente de la cesión. Al autor español no se le favorece poniendo cargas y gabelas sobre Calderón y Lope, sino defendiendo el derecho a estrenar de los jóvenes, dando facilidades; cuando falla el teatro, verdadero termómetro de la salud cultural y política de una sociedad, falla la sociedad y fallan los mecanismos gestores de sus derechos.
Además del celo recaudatorio, que llevado con tino resulta beneficioso para todos, la SGAE pudiera hacer mucho por los autores españoles, además de dar un premio y editar algunas obras. En colaboración con los Teatros del Canal u otros organismos, podría impulsar la representación de autores jóvenes, auspiciar el nacimiento de talentos, que los hay. O dar salida con exenciones y ayudas a tantos premios de textos teatrales que se quedan en nada y acaso sin unas líneas en los periódicos que den testimonio de su existencia. ¿Cuántos premios de textos teatrales se convocan en España? Y ¿cuántos llegan a estrenarse?
El Premio Ciudad de Palencia, que tiene casi medio siglo, apoyado además por un festival que empieza a estar a la cabeza, por asistencia de público y por calidad, ha empezado a despegar cuando decidieron ponerlo en escena. Hace unos días tuve oportunidad de conocer la marcha de los ensayos de Obsession Street, de Diana de Paco, ultima obra galardonada. Pese al relativismo con el que hay que mirar todo ensayo saqué conclusiones evidentes: que Diana de Paco, experta en la tragedia clásica y catedrática de griego, es una excelente autora curtida en la disciplina de las adaptaciones; que un equipo joven conjuntado (Mariano de Paco, Galceràn, Loaysa), puede hacer cosas importantes. Descubrí además las posibilidades de una actriz joven, hasta ahora en papeles secundarios que, apoyándose en la solidez actoral de Jacobo Dicenta, puede haber encontrado en la protagonista de Obsession Street la gran ocasión de su vida: Mahue Andugar. Parece que el destino de Obsession Street, además de pedir paso para una autora, puede tener largo viaje por los caminos de España y que recalará en Madrid de la mano de la CAM en un teatro principal. Tampoco hay que engañarse; Madrid no es la medida de todas las cosas ni el ombligo del mundo; Madrid es el gran poblachón manchego donde todos llegamos con un libro de versos bajo el brazo o una obra de teatro o una ambición de director, actor o escenógrafo. ¿No podrían los publicanos de la Sgae olvidarse de los clásicos y ser el vivero del joven teatro español? Es una sugerencia ampliable a los Teatros del Canal, el Ministerio de Cultura y otros organismos más vulnerables.