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Lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser
El Festival de Teatro Clásico de Almagro ha editado una edición políglota del Arte Nuevo de Hacer Comedias de Lope de Vega que se imprimió por primera vez hace ahora 400 años. Un tratado, un manifiesto, una guía para dramaturgos de la época que ha marcado un tiempo, un estilo, una manera de entender el teatro. Desde entonces hasta hoy son muy pocas las propuestas tan estructuradas que han ido creando tendencia, que han creado escuela, que han propiciado un campo teórico para que la escena se convierta en algo más que un espacio para el entretenimiento.
Han existido algunas, pero hace demasiados años en los que ni individual ni colectivamente se ha planteado seriamente lo que somos, teatralmente hablando, lo que fuimos y lo que queremos o podríamos ser. Y si no se ha hecho en el campo de la teoría, de la dramaturgia, de la estética, es porque se ha dejado demasiada iniciativa al pragmatismo, al oportunismo, en definitiva, al mercado. Y esa dejación intelectual nos coloca ante una evidencia: el desarme actual, la dependencia, la estratificación jerárquica abrumadora y el desequilibrio que se presenta casi como una seña de identidad en huecograbado colocada con una cinta de regalo que nombra al eclecticismo casi como una invocación cuando todo es fruto del azar, de la casualidad, de la programación realizada a base de
cuadrar contabilidades y no motivada por un pensamiento previo, por un análisis del mundo en qué vivimos que nos lleve a proponer un teatro adecuado a estas circunstancias. Lo salvamos todo con la taquilla como oráculo. Es decir, lo entendemos todo al revés por inconsciencia o por desprecio.
Quizás el mensaje se deba descifrar por acumulación. Si proliferan los festivales, hay vida, y si en sus contenidos encontramos de todo, es porque de todo hay. Esta celebración es plausible. No pedimos heroicidades, ni dogmatismos, simplemente solicitamos, una vez más, un poco de respeto a sí mismos, que los programadores aumenten su autoestima, pero no en connivencia con los tratantes de espectáculos, sino apuntándose a la solidaridad con los artistas, con los creadores. Que todos en su conjunto establezcan los canales de comunicación no solo en clave económica, sino para establecer los parámetros donde el dinero público destinado a las Artes Escénicas, no se pervierta y se utilice para la alienación del propio contribuyente, sino para dotar al teatro, precisamente, de un valor superior al de mero entretenimiento evasivo. No es pedir mucho. Es volver al principio, a los principios. Es marcar el terreno para que no siga este despilfarro, este torbellino. Y que las administraciones velen por estos principios básicos..
Dos suplementos
Nos congratula seguir sirviendo de soporte con nuestros suplementos a la difusión de festivales o instituciones. Junto a este número encontrarán un clásico, el dedicado al Festival Al Carrer de Viladecans, que ha sabido amoldarse a la crisis económica con imaginación y sin que se resistan los contenidos de su programación. El otro está dedicado al Centro Andaluz de Teatro que cumple nada menos que veinte años de intensa, rica y esplendorosa vida, que son el aval para los planteamientos de futuro. Una realidad en marcha que reclama la atención más profunda de toda la comunidad teatral para conocer las producciones andaluzas.
Sin Noticias del INAEM
Han transcurrido seis meses, medio año de este 2009 y, a fecha de hoy, no han sido convocadas las ayudas y subvenciones desde el INAEM del Ministerio de Cultura. Han habido cambios en su equipo de dirección, pero la rumorología nos advierte de la existencia de problemas de índole político de mayor calado que impiden hacer pública esta convocatoria. Lo peligroso es que en tiempos de crisis, con el índice de morosidad creciendo y con el aumento de los meses de demora en el pago de las actuaciones o prestaciones, este retraso coloca a muchos proyectos al borde de la desaparición o de la inviabilidad.
Temporada estival
Solamente hay que mirar por encima las páginas que siguen para convencerse de que el verano se ha convertido en una temporada especial para las Artes Escénicas. En varios niveles. Por un lado el teatro clásico y sus festivales de entidad; por otro lado las programaciones del teatro más comercial de las fiestas patronales; algunas programaciones-festivales en grandes capitales que abarcan todos los géneros y atravesando todo ello, la calle, con festivales específicos o programaciones populares. En muchas de estas propuestas, la vocación de incentivo turístico complementario parece clara, evidente y razonable.
Carlos Gil Zamora
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