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XXIII Titiriminudi
Títeres en un universo repleto de fantasía y de complicidad
Fantasía y complicidad son dos términos que van unidos a la par. Esta idea ha sido demostrada con creces en la 23 edición del Festival Internacional de Teatro de Títeres de Segovia que ha tenido lugar entre el 8 y el 13 de mayo pasado. Y es que, ya son ganas de participar para que el público acepte un trozo de papel, un globo, un pedazo de carne e, incluso, nada físico como personaje de una historia. Esta es la esencia de los títeres que habitan en un universo fantástico. Pero además, el Titirimundi segoviano se caracteriza por una entrega social absoluta: más de un centenar de voluntarios se ponen desinteresadamente al servicio de la organización, todos los espacios completan el aforo hasta reventar, y el público se entrega al aplauso con generosidad.
Le Cirque Invisible, de Jean Baptiste Thierrée y Victoria Chaplin, ha sido lo más esperado, lo más aplaudido y lo más sorprendente de todo el festival. Sin ser un montaje estrictamente de títeres, el espectáculo –con más de treinta años de evolución– transita por unos niveles artísticos de calidad exquisita, aparte de su depurada ejecución. Durante más de dos horas y una larga propina, los dos artistas se alternan con sus respectivas habilidades. Él comienza con un número de magia y acciones sutiles para arrancar la complicidad del público. Todo está ganado a partir de ese instante jugando a “nada es lo que aparenta”. El actor se convierte en marioneta de sí mismo con malabares, trucos de ilusionismo, músico de campanillas, oficiante que trocea a su ayudante, que hace aparecer y desaparecer conejos, palomas y patos auténticos, actor manipulador manipulado.
Por su parte, Victoria Chaplin, alternando con su marido, presenta unos increíbles números de transformación por medio del imaginativo vestuario y de la portentosa ductilidad de la artista. Dama aristocrática, serpiente, pájaro, insecto son algunas de las mutaciones fabulosas que realiza dentro de la misma escena. Cada sucesiva aparición desarrolla nuevas metamorfosis fantásticas. Su número de equilibrio aporta sensaciones de liviandad; la mujer orquesta, los números de bicicleta, el espectáculo en su conjunto, todo transmite una imaginación desbordante, todo está realizado con absoluta precisión.
El juego de representar
El convencionalismo teatral adquirió su máxima expresividad en dos espectáculos que, por más vistos en casi todas las ediciones, no han dejado de atraer al público una y otra vez. El Circo de las Pulgas del francés Dominique Keriquard siempre muestra una insólita pista circense que el público admira con devoción. Vita Marcik de la República Checa ha presentado este año La Bella Durmiente (o Rosita). Pero, en cierto modo, la historia que cuente es lo de menos porque lo interesante está en el juego de implicación del público con la puesta en escena. El artista arranca la complicidad del espectador no sólo con la metateatralidad sino con ejercicios de sicomotricidad, canciones y acompañamientos diversos, convirtiendo su espectáculo en un ejercicio lúdico y de participación.
También, dentro del entretenimiento y la representación, los portugueses de Teatro de Papel mostraron El convidado de piedra. Una compañía de actores se dispone a escenificar El burlador de Sevilla para lo cual, entre canciones y risas, se introducen en un teatrillo que es réplica a escala del Teatro Nacional Sâo Joâo de Oporto. Tanto los personajes como los decorados son papeles recortados que, con una combinación precisa de luces, sombras, transparencias y tamaños, recrean patios, salones, calles y sensaciones en un alarde combinatorio de las originales marionetas con la mejor teatralidad.
En este mismo sentido de participación, La Compagnie des Chemins de Terre, el belga Stéphane Georis se convirtió en el profesor de literatura Richard, le Polichineur d´escritoirs para, chapurreando español con gracia, atraer al público con la palabra e interesar la imaginación por medio de elementos nada convencionales. Una hoja de periódico arrebujada y luego rasgada sirve para contar el Hamlet de Shakespeare, coreado con salchichas y zanahorias. Dos guantes de látex representan a Romeo y Julieta, un zapato del actor/personaje es el fraile, su chaqueta habla en nombre de los Montesco y su camisa de los Capuleto. Pero donde el personaje se supera a sí mismo es con la recreación del “carnicero” Ricardo III. Un pedazo de carne fresca es troceado ante el público para explicar la descendencia real y los sucesivos crímenes del siniestro personaje shakesperiano al que el extravagante profesor da vida con un trozo de carpacho de carne en la cara. Todas las sensaciones de repugnancia se manifiestan en esta tragedia contada maravillosamente por el gran manipulador de la palabra, al igual que ternura en Romeo y Julieta, personajes que hace resucitar dando un giro al espectáculo, para terminar preguntando: “¿Podrían parar de matar ahora mismo en todo el mundo?”.
Por otra parte, El Titiritero de Banfield mostró un trabajo irregular con En camino. El argentino Sergio Mercurio pretende significar una andadura que no transmite, puesto que el cuerpo a cuerpo que entabla con el público mediante algunos personajes es más potente que cualquier idea o historia que quiera contar. El actor/titiritero realiza un magnífico trabajo de cabaret en continuas intervenciones entre el público y subiendo a algunas personas al escenario. Sus personajes Bobi y la Abuela Margarita aportan los mejores momentos de complicidad con una intensidad inquietante pero que el público supo jugar con deportividad.
Teatro de ideas
La compañía española Pelmànec Teatre presentó como estreno absoluto Don Juan o memoria amarga de mí, un espectáculo sobrio en la estética y riguroso en la manipulación de figuras de tamaño humano. El actor y marionetista Miguel Gallardo se ha enfrentado a un proyecto esperanzador en cuanto que, tanto las figuras creadas como el movimiento y el desdoblamiento del actor poseen una enorme fuerza dramática. En una escenografía un tanto imprecisa puesto que los objetos colgantes no aportan más significado que el funcional, Gallardo ha dado una vuelta de tuerca al mito de Don Juan. El fantasma de la Muerte viene a cerrar una historia de venganza y rencor situada en un ambiente conventual. Este Don Juan, irredento hasta las postrimerías y físicamente agotado, es el centro de sentimientos encontrados e inconfesables.
La eterna obsesión del hombre por volar estuvo presente en la obra Les pieds dans les nuages de los franceses Le Théâtre de Romette. Un pequeño personaje movido con hilos despierta en un inmenso campo de nichos donde habitan seres semejantes. Pero él decide volar para lo cual inventa alas, pompas de jabón, globos y máquinas. El sueño de volar se desarrolla en una puesta en escena imaginativa con un piano como escenografía dominante. El personaje entabla un simpático diálogo escénico tanto con el manipulador como con el pianista que acompaña toda la representación a modo de ilustrador musical.
La idea de integración social se mostró en Bynocchio de Mergerac, de los franceses Bouffou Théâtre. En un taller de ebanistería habitan dos seres discapacitados que construyen sus propios muñecos y crean una historia singular mezclando los personajes de Cyrano y Pinocho. En un lejano reino nació el príncipe sin nariz; el miedo a no ser aceptado por los demás le hace viajar hasta encontrar a alguien que le comprende y ayuda. El espectáculo, que funciona como un juguete compuesto por múltiples juguetes, transmite cariño e ingenuidad donde triunfa el amor.
Fantasías visuales
Procedentes de Bulgaria, el festival acogió dos montajes estrictamente visuales sin más significado que la fantasía de las imágenes proyectadas. La Academia Nacional de Teatro y Cine de Sofía propuso The Music in my Hands. Con la técnica de “luz negra” y colores reflectantes en manos y brazos, el espectáculo muestra una serie de figuras, predominando los animales de todo tipo, que se componen y transforman al compás de la música. Asimismo, la compañía Postgraduados Atelier 313 presentó Más allá de los límites, un trabajo de sombras y transparencias que pretende describir unas historias de amores y rechazos entre gente guapa con los paparazzi como hilo conductor. El espectáculo con música discotequera no pasa de ser un ejercicio visual.
Tanto Manoviva, de los italianos Girovago &Rondella, Family Theatre como El aliento de los hilos del catalán Jordi Bertrán constituyeron sendos montajes de mera exhibición aportando algunos momentos brillantes. Con modestia pero con gran sensibilidad artística, la Compañía El Retal sacó adelante un precioso cuento medieval. En El Enamorado y la Muerte, dos estupendas actrices cantan de maravilla y juegan con las marionetas trastocando el cuento para hacer triunfar al amor sobre la muerte.
En Piedra a Piedra, el Teatre L´home dibuxat se cuenta una historia ecológica y de amistad con elementos tan simples como son una lata y piedras.
La fiesta estuvo presente en los multitudinarios espectáculos de los Titiriteros de Binéfar (España), The von Trolley Quartet (Australia), y Los Bufones Teatro de Títeres (Argentina).
Manuel Sesma Sanz
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