|
|
Gente de palabra: Félix Albo
“Contar me ha dado muchas llaves para vivir intensamente”
Félix Albo se define como un mediterráneo que tiene por oficio contar historias. Recorre kilómetros y kilómetros provo- cando emociones sólo con sus palabras al público que le escucha: público joven y adulto y también familiar, de primaria, de secundaria y adolescente. Público de todos los lados ya que recorre la península, las islas y, desde hace cinco años, se deja ver por Bolivia, Colombia, Marruecos, México, Venezuela... También le encanta hablar de su trabajo y compartir lo poco que sabe en actividades de formación con quien quiera acercarse al arte de narrar bien como espectáculo, bien en casa con sus peques, bien en la escuela como herramienta didáctica o de intervención social.
¿Qué es contar para ti?
Podría decir que contar es mi oficio, que lo es, y así diría bastante pero no suficiente. En mi caso, contar me ha dado muchas llaves para poder vivir intensamente. Me considero un privilegiado por el oficio al que pertenezco y podría decir muchas cosas más, pero nos hacemos una idea.
¿Cuánto tiempo llevas contando profesionalmente?
Empecé a buscar el camino un octubre de hace, con este, quince años. Desde ahí, el contar historias fue ganando tiempo en mi horario profesional hasta que hace cinco años dejé mi otro trabajo remunerado para dedicarme a vivir de contar y compartir lo que creo saber de este oficio.
¿Cómo fue que comenzaste?
Había contado para niños tiempo antes, pero la primera vez que conté para adultos fue todo un impacto. Aún hoy me parece sorprendente que un grupo de personas adultas, en general poco predispuestas a la fantasía, y desconocidas entre sí, se reúnan y se dejen llevar por la emoción que les produce a cada una de ellas la voz de otro desconocido. Además es algo efímero. La gente marcha de las sesiones contenta pero no se llevan nada material. Lo intangible es con frecuencia mucho más valioso que lo material pero a menudo menos valorado. Cuando escuchamos cuentos nos abandonamos de tal manera que lo mismo reímos a carcajadas como hacía tiempo que no hacíamos, o se nos encoge el corazón como si volviéramos a perder algo único. Eso nos hace humanos. Asustarnos juntos provoca seguridad, compartimos miedos, estamos juntos. Entristecernos juntos provoca cercanía, compartimos miedos también, estamos juntos. Reírnos juntos nos hace grandes y únicos en este mundo y parte de la galaxia. Escuchar en grupo nos hace latir. Emocionarnos en grupo nos hace sentirnos vivos y pertenecientes a una comunidad. Disfrutamos individualmente pero con el grupo del que nos sentimos parte. Escuchar cuentos integra porque compartimos todos una misma emoción. Escuchar y contar hacen sociedad, y de la buena. Escuchar te da pistas y oportunidades para mirar la vida con ganas de disfrutarla. Me parecen razones suficientes como para convertirlo en tu profesión y esforzarte en cada cuento que cuentas ya que, por el tipo de mundo que creamos, no es frecuente que la gente se siente a escuchar.
¿Un narrador nace o se hace?
Todos tenemos nuestra persona narradora ahí dentro. Contamos todos los días en nuestro cotidiano, pero no todo el mundo se dedica profesionalmente a ello. Todos nacemos contadores. Todos tenemos mucho que contar. Hay gente que desarrolla uno u otro canal para poder expresarse. Somos pocos los profesionales de la palabra dicha, al otro lado quedan otras formas de expresión como la escultura, la danza, el baile, el teatro, el cine, la literatura, la pintura, la fotografía... y el resto de artes. El narrador ocasional, familiar, doméstico... nace, el narrador que se enfrenta a un público cotidianamente, se hace a partir de aquel que nació. Hay gente que nace con una gracia especial, un don se dice a veces. Es cierto y ante el desarrollo de esa virtud como profesión partirá de un punto más elevado y quizá le cueste menos, pero si no hay esfuerzo, trabajo, desarrollo se quedará en gracia y no en oficio.
¿Es posible formarse para contar? ¿Cómo debería ser esa formación?
La formación es fundamental para el desarrollo de la profesión individual y gremial. La formación, el intercambio, la investigación, no acomodarnos en un registro... La mayoría de los profesionales activos procedemos de una formación autodidacta y eso, de momento, enriquece. Pero, con el ánimo de facilitar a las personas que quieran aprender y el ánimo, también, de dar forma a nuestro oficio, deberíamos quizá, compartir nuestras teorías, dudas y fuentes, para enumerar una serie de conocimientos comunes.
¿Para quién prefieres contar? (Edades, espacios, idiomas)
De los dieciséis años en adelante. Me encuentro mucho más cómodo, juego más, se me suelta la ironía loca por la lengua, me encanta tender el humor a distintas alturas y observar cómo el público lo destiende, o no. Los niños me gustan, me encantan, pero mi predilección es hacia el público joven y adulto.
¿Qué tipo de historias prefieres contar? (De tradición oral, de autor, propias, mitológicas, de humor)
Desde hace cinco años, el repertorio adulto se ha ido llenando de historias propias. Son historias creadas con mimo, adaptadas ya al oído y a los ojos que me van a escuchar. Los espectáculos de adultos los estreno en la FLLIC, que se celebra todos los años en Cuenca. En esa bella ciudad, el público es tan exigente como universal, y es el molde de la voz de mis historias y si gusta en Cuenca, gusta bien. Para el público de primaria, o sesiones familiares, mezclo las mías con las de otros autores de álbumes ilustrados y sus libros me acompañan al escenario y tengo costumbre de mostrar.
¿Cuál es la ‘cocina’ de tus historias? ¿Cómo te preparas o preparas la historia para contarla?
Los paisajes que veo desde la ventanilla de mi coche y la música. Las historias las trabajo con imágenes que voy creando mientras viajo de aquí para allá. Una buena carretera, Munera Hellín por ejemplo, una noche despejada y una buena canción dan para mucho. Van ahí conmigo, y rebrotan mientras como, o espero que me atiendan, o escucho a una señora al pasar... Es una actitud, realmente. Estás atento por si llega algo que le venga genial a tu cuento. Para aprovechar mejor los recursos, siempre llevo dos o tres historias. A veces una situación concreta, un instante, es genial, tanto que bien merece inaugurar una nueva historia, y ya llevo cuatro. Lo normal, un año, año y medio desde que llega la chispa hasta que sale la palabra; otro año más de trabajo y pulido y ¡ale!, a rodar; y con el rodar a seguir creciendo. Un cuento nunca deja de crecer hasta que lo dejas de contar, pero ni aún así, porque si retomaras el cuento tiempo después de no contarlo veríamos que habría cambiado en silencio.
Contar con aliados (música, dibujos, títeres, objetos...)
No me niego a nada, pero reconozco una torpeza extrema al combinar mi palabra con otros ritmos, y mucho más si pensara en manejar algo con las manos. Lo único que ocasionalmente utilizo en las sesiones familiares o infantiles, es el libro que ando contando, o los enseño antes de contarlo, o enseño el libro y digo de qué va dejándolo a la mitad, o lo llevo en la mano y va acompañando lo que voy contando. Y alguna canción, pero vamos, ocasionalmente.
¿Cómo ves este oficio de vivir del cuento en la actualidad?
Lo veo poco definido. Poca gente sabe que esto es un oficio, que además de bonito, es serio. Y de la gente que andamos trabajando en él, incluso te encuentras personas que no se lo creen, no creen en este oficio como profesión. Creo que los oficios vocacionales (que bien mirado, pueden ser todos) no están de moda y por eso te encuentras en tu cotidiano muchas malas caras y mucho mal trabajo. En nuestro caso creo que falta reflexión. Es importante generar reflexión, espacios de intercambio de ideas y teorías y aunar objetivos y esfuerzos.
¿Como gremio cuáles serían nuestras prioridades en tu opinión?
Agruparnos, sin duda. Todo serían ventajas, podríamos como gremio tomar mucho más protagonismo en el desarrollo de nuestra profesión y timonear un poco en este mar tormentero y tormentoso.
Anécdotas de cuentero...
Mil.
|