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Dansa València 2009
Dansa València, la evolución real
La deseada internacionalización de Dansa València se ha materializado en la edición de 2009 con total éxito entre la crítica y el público. Presencia de compañías de distinta nacionalidad y una buena representación valenciana han conformado una programación extensa, con vocación de convertirse en regular, según expresó la directora de Teatres de la Generalitat, Inmaculada Gil-Lázaro, que ha concitado el interés del público más exigente –buena parte de la profesión valenciana se ha dejado ver a lo largo de Dansa València– y de otro más generalista. Por fin, la élite de la danza internacional se paseó por los escenarios valencianos dejando una magnífica sensación, la de estar asistiendo a una cita importante y completa sobre el estado de la danza contemporánea. Una de las figuras de la pasada edición, celebrada entre el 24 de abril y el 17 de mayo, fue el coreógrafo israelí, Ohad Naharin. Pocas compañías de danza en la actualidad despiertan tantas expectativas como Batsheva Dance Company. Si hay algo particular que caracteriza a esta compañía es su fuerte personalidad. Sus bailarines, aunque diferentes entre sí, logran establecer un todo compacto que se trasluce en el escenario mediante una energía arrolladora. “He creado un nuevo lenguaje del movimiento”, afirmó Naharin, “un lenguaje que surgió tras una grave lesión de espalda en la que comencé a relacionarme de forma diferente con mi cuerpo”. El director artístico de la Batsheva Dance recogió el premio Dansa València que cada año otorga el Centre Coreogràfic de Teatres de la Generalitat y, además, ofreció una clase magistral sobre el movimiento Gaga, “una técnica que conecta directamente con la pasión y la locura. Un movimiento que ayuda a mejorar, tanto física como mentalmente”, indicó el coreógrafo. Una de sus coreografías, Tres: Bellus, Humus, Secus, fue la escogida para el espectáculo inaugural de una edición clave. Tildado de “excepcional” por la crítica, Tres condujo al auditorio por una tensión emocional muy cercana al espectador de inquietudes contemporáneas. De la facilidad para bailar al ritmo de Bach a través de composiciones matemáticas al magnético “Secus”, donde la compañía al completo dio cuenta de una técnica novedosa y de un ingenio entre simbólico y cómplice con bajada de pantalones incluida y señas de ambigüedad sexual. Algo más de distancia puso Random Dance Company, segunda gran compañía encargada de animar la programación. Con Entity sacaron el festival de la convencionalidad aunque lo acercaron a la frialdad absoluta. Bailarines de aires perfectos y escultóricos se movían artificialmente entre una escenografía en clave de cultura contemporánea, desde su banda sonora, la electrónica de más calidad, hasta animaciones en vídeo que ofrecían un efecto de ambiente de copas nocturno.
Los Ballets de Monte-Carlo fue la tercera gran compañía invitada de un festival que, más que nunca, ha conseguido evolucionar y abrirse a nuevos públicos. Aunque anecdótico, clientas de una conocida marca de joyería hicieron cambiar la imagen del teatro Principal de València, abarrotado en todas sus funciones. Los Ballets de Monte-Carlo acercaron el espíritu del clásico-moderno que tampoco pasa de moda. Indagaron, con una plasticidad solemne y elegante, entre la espiritualidad y la mistificación religiosa. Altro Canto I fue entero y verdadero para lo sacro de la mano de la música de Monteverdi. La penumbra iluminada por cirios elevaron la levedad de una bailarina protagonista cuyos compañeros transformaron en un ser etéreo y volátil como una hoja caduca. La segunda parte adquirió un sentido, quizás, más comercial y sin perder esa imagen aristocrática de la danza que posee esta compañía. Vestuario de Karl Lagerfeld y música serena de Bertrand Maillot, dieron la nota de espectáculo total y de precisión única.
El peso internacional no ha evitado que Dansa València haya cuidado uno de los apartados que mejor le identifican, Danseta. Gustavo Ramírez ha creado a Moniquilla, incansable aventurera en el teatro Talía, donde se ha celebrado Danseta. Junto al Proyecto Titoyaya una compañía valenciana, La Coja Dansa, intervino por vez primera en este certamen con dos espectáculos creados por Tatiana Clavel. Retrats habitats logró la difícil conexión total con el auditorio de la mano de personajes salidos de cuentos tradicionales y también de cómics contemporáneos como un gruñón samurai que, literalmente, se “quedó” con el público mediante un estilo más que apropiado para los más pequeños. Además, La Coja, debutó en el apartado denominado “indi”, visto en las salas independientes de la ciudad, con Fracaso nº 7: El fracaso de los soñadores con el que intervienen en la escenografía de una obra en cartel para ocuparla y crear un espacio mental de danza contemporánea. Le tocó a la sala Círculo, en el barrio de Velluters, donde sacaron el montaje a la calle. Tatiana Clavel y Santi de la Fuente arriesgaron con una intervención sobre el público de Las Tres hermanas de Chejov al que les susurraban algunas frases mientras creaban una tipología de este degradado barrio de Valencia.
Dansa València ha sido una de las últimas programaciones que verá l’Altre Espai, sala que cierra sus puertas la actual temporada y que también fue una de las primeras en acoger las representaciones. Las valencianas de Krisis Teatro-Danza, dirigidas por Pep Ricart, se afianzaron en su estilo interdisciplinar entre el teatro, la danza y, en Psyke, el circo guiadas por Teatre de l’Ull. Fue una indagación en la irracionalidad y trataban de sugerir que la locura es una balanza que se inclina hacia cualquier lado. Vestuario, música y escenografía que huyen de la simplicidad, Krisis, se mueve entre la inocencia y la subjetividad mediante imágenes concatenadas. Poco sencillo también fue el programa de Erre que Erre. Los catalanes ocuparon el escenario de l’Altre Espai con una banda de pop-rock que no dejaba de mirar a los cuatro bailarines que plantean en No pesa el corazón de los veloces el sufrimiento no tradicional por amor que conduce al vacío. Erre que Erre, por su parte, tiene en su haber el Premio Max de las Artes Escénicas de 2006 por “Escupir en el tiempo”, lo que consagró una trayectoria nacida en Barcelona en 1996 y entregada a la creación colectiva como base de su trabajo.
Ximo Flores, del Teatro de los Manantiales presentó su obra coreográfica Cíclido amarillo. Su línea de trabajo se caracteriza por "la búsqueda constante en todo lo referente a la hibridación de lenguajes que puedan enriquecer la escena, teniendo como principal objeto desarrollar una dramaturgia del cuerpo y de la imagen. El compromiso crítico y la firme apuesta por lo contemporáneo de Ximo Flores lo convierten en uno de los nombres propios de la nueva escena valenciana", explicó Inmaculada Gil Lázaro, directora general de Teatres de la Generalitat. Cel Ras, por su parte, busca la colaboración con artistas de distintas disciplinas en cada uno de los proyectos. La compañía entiende la escena contemporánea como el fruto de la interdisciplinaridad actual, donde las barreras se desdibujan. “Ruido de fondo”, en el teatro Gran Cielo, es un proyecto colectivo de creadores y teóricos de diferentes campos que han trabajado la propuesta, desde el principio, de una manera simultánea, otorgando tanta importancia a la reflexión teórica como a la praxis artística. Además, Carme Teatre acogió dos espectáculos en la pasada edición. La andaluza, Bárbara Sánchez, propuso en Plutón no es un planeta, una indagación sensorial y visual sobre el vacío que hace crecer cactus en un planeta yermo. Espectáculo personal, casi surrealista y singular hizo llover un aluvión de referencias estéticas, de hábitos y actitudes llenas de connotaciones que abrieron la posibilidad de múltiples interpretaciones. La sala valenciana ofreció, además, Concerto-desconcerto, de Entremans y cuyo aroma cubano también llega desde un café negro ofrecido al público. Rap y letras reivindicativas pusieron las pilas al público que, finalmente, se tiró aviones de papel con destinos inciertos. Bastante más trascendente fue la danza de La Veronal que actuó en Espacio Inestable con Suecia, ibseniano relato de una relación que pasa por experiencias básicas como el frío y la soledad asociadas a colores y a movimientos límpidos y casi elementales sobre una base blanca.
Paula Reig
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