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Un término polisémico que origina coreografías diversas
Obra: Polvo.
Coreografía: Juan Carlos Santamaría.
Intérpretes: Aída Badía, Marco Blázquez, Vicente Bustamante, Marilú Campo, Manuel Garzón, Fátima Fernández, Laura Lucas, Cristian Martín, Begoña Quiñones, Fabián Thomé. Con la participación especial en escena de Víctor Burell.
Escenografía, vestuario: Juan Carlos Santamaría.
Iluminación: Nicolás Fischtel.
Dirección: Juan Carlos Santamaría.
Producción: Santamaría Compañía de Danza.
Duración: 90 min.
Lugar: Sala Guirau del Teatro Fernán Gómez - Madrid.
Fecha: 6 (21.00), 7 (20.00) de junio. |
La formación Santamaría Compañía de Danza que creó en 1998 el actual Premio Nacional de Danza en la categoría de Creación Coreográfica, Juan Carlos Santamaría, estrena en el antiguo Centro Cultural de la Villa de Madrid un espectáculo que toma como fuente de inspiración el barroco y la música que crearon significativos compositores del siglo xviii como Händel, Haydn, Telemann o Vivaldi. El trabajo que con el título de Polvo estrena el coreógrafo donostiarra, le ha llevado a idear una pieza de danza neoclásico y contemporánea que pretende aproximar al espectador una serie de imágenes poéticas en las que la vida y la muerte se dan la mano por medio de una danza potentemente física y visual.
Esta pieza que pretenden transmitir el sentir del propio coreógrafo, así como el hecho de “que tenemos una vida y que hay que aprovecharla”, según reconoce Santamaría, entrelaza dos épocas diferentes al unir la música barroca con la danza neoclásica y la contemporánea, porque “lo importante es la creatividad y pienso que hacer un clásico con el lenguaje normal es más producción que coreografía. Hacer una coreografía es la creatividad y la libertad”. El resultado del maridaje entre la música y la danza es una creación que refuerza tanto la musicalidad, como la estética y la libertad de lenguajes.
Diferentes acepciones
Polvo es un espectáculo que se presenta dividido en dos actos y que agrupa un total de 14 piezas en las que se hace referencia a las diferentes acepciones que tiene el título de la obra y que transmiten diferentes sensaciones y emociones inherentes a la vida y a la muerte como son la risa y el llanto, la alegría y la emoción, la indolencia y la espiritualidad que se van sucediendo en el espectáculo ideado por Santamaría que reconoce que es un trabajo “de contrastes, porque a mí me gusta que la gente disfrute de la danza y se entretenga”.
Las 14 piezas barrocas que integran esta propuesta eminentemente coral en la que destaca el trabajo coreográfico de grupo que se entrelaza con íntimos pasos a dos y con otras composiciones, se refieren a cuestiones muy dispares porque “todo es polvo al fin y al cabo”, tal y como señala el musicólogo y crítico en arte Víctor M. Burell que interviene en momentos puntuales de la puesta en escena. Las creaciones que se entrelazan en el espectáculo que no persiguen contar una historia pero sí crear una emoción, toman como referente acepciones diversas de un mismo término que puede hacer alusión al magnesio que capta la imagen en la vieja cámara o al arroz que enmascaraba las caras de los cortesanos o a cuestiones como “el polvo o la ceniza en que nos convertimos los humanos tras la muerte hasta el polvo de la coca que se simboliza a través de un elástico que utiliza un elástico, pasando por el polvo de dos mujeres con un travesti que se van a Chueca”, señala el coreógrafo.
Formado en la danza clásica y tras haber sido bailarín durante seis años de la Compañía Nacional de Danza de la que se desvinculó en 1992, Santamaría emprendió su actividad creativa y como maestro de ballet en el Real Conservatorio Profesional de Danza de Madrid, aunque a partir del año 2000 se centró en las actividades de la compañía que él mismo creó. Recientemente ha sido nombrado director de la Escuela Profesional de Danza de la Junta de Castilla y León ubicada en la capital burgalesa, donde tiene la responsabilidad de impulsar las especialidades de danza clásica y contemporánea.
Joseba Gorostiza |