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València Escena Oberta 2009
Ni son todos los que están
ni están todos los que son
Paula Roig
Del 11 al 22 de febrero ha tenido lugar una nueva edición del Festival València Escena Oberta (VEO) dedicado este 2009 a la Naturaleza en su más amplia acepción ya que como se asegura en su presentación ni la naturaleza ni las propuestas presentadas en el VEO son fáciles de definir. Tan sólo quedaba una apuesta decidida para que todo el VEO 2009 sucediera fuera de los teatros, acercándose a espacios que nunca antes habían sido escénicos ni son el hábitat natural del público que busca propuestas menos convencionales. Salas de exposición como las del Palau de la Música de Valencia, por ejemplo, e incluso museos dedicados al siglo xviii no son el lugar donde, a priori, van los buscadores de vanguardias ni quienes trabajan en esta ciudad para ellas, más bien, porque en teoría contienen todo lo contrario. De hecho, ha habido tantas sedes del VEO como espectáculos programados, 14, lo que ha favorecido la dispersión del público y que no haya habido ningún centro neurálgico ni referencial, ya que ha tocado a sede por montaje con la consiguiente confusión sobre los espectáculos incluidos en el VEO y los que no. Algo así ha pasado con la programación de este año, confeccionada con performances más propias del apartado off de cualquier festival y con demasiadas similitudes entre ellas. A falta de cabeza de cartel, el VEO ha apostado por sorprender, a modo de propina, a transeúntes con trabajos no anunciados en su programación como la figura de un triste espantapájaros enclavado en un especie de huerto urbano de piedra. Inclasificable. Por el contrario, las ventas para el VEO han estado perfectamente centralizadas en una nueva oficina de la calle Guillem Sorolla donde no ha habido programación. Y esto no es trasgresión sino jugar al despiste y a la incoherencia. Pero bueno, en esta edición se ha confirmado que ni están todos los que son ni son todos los que están.
De esta manera se ha dejado de lado la totalidad de las salas alternativas de la ciudad que en anteriores ediciones han sido sustento fundamental para el crecimiento del VEO, han aportado no sólo sus contactos y su experiencia sino también su público, en favor de un extraño conglomerado de espacios con un denominador común, ser en su casi totalidad propiedad del Ayuntamiento de Valencia. Si extraño resulta anunciar una voluntad de sacar el VEO de los teatros para luego programar en el Teatre el Musical una de las propuestas más atractivas, hay que lamentar que ‘Cavaterra’ de los portugueses Circolando tan sólo ofreciera dos funciones y no ha resultado menos polémico llevar una de las producciones propias del VEO, ‘Exercicis d’amor’ de El Pont Flotant, al Casal de l’Esplai en pleno Parque Natural de la Albufera. El espectáculo se desarrolla en parte por el propio parque y al ser un montaje nocturno necesita de algún tipo de instalación lumínica, algo que no sólo carece de precedentes sino que está totalmente prohibido en la Albufera ya que, incluso, no cuenta con la infraestructura mínima necesaria para actuar sin permisos destinados, al parecer, a unos pocos privilegiados. No menos polvareda ha levantado poner patas arriba un edificio medieval como l’Almudí para acoger otra producción del VEO, ‘La otra parte’, conjunción de danza física y artes marciales, propuesta de Meritxel Barberá e Inma García que indaga en la animalidad del ser humano, en la parte más oscura del mismo. En exceso esquemático, el continente se come al contenido aunque, de nuevo, ni la concejala de Cultura de turno se ha atrevido a censurar la actuación como suele pasar cuando el desnudo femenino es sufragado por este consistorio. Más publicidad, sin duda, le hubiera dado.
Para empezar por el principio, Marisa Falcó y Paco Pellicer han sido los encargados de dar forma al emblema del VEO 2009, una caracola de alrededor de dos metros de altura confeccionada mediante listones de madera y casi idéntica, aunque menos monumental, a las estructuras que estos dos artistas falleros vienen confeccionando desde hace un par de años para una Falla del barrio del Carme. El modelo, pues, es de sobra conocido para los valencianos que, en su momento, comprendieron el concepto de falla experimental. Como peculiaridad en esta ocasión, era posible acceder a la caracola, de uno en uno debido a su pequeño tamaño, y dentro de la misma escuchar su característico sonido con unos auriculares de primera generación. Lástima que algunos días y a causa de la lluvia el emblema del VEO haya permanecido cerrado y expuesto a las inclemencias meteorológicas que lo dejaron hecho unos zorros, con perdón. Mejor suerte ha corrido otra instalación individual, El Blanco de las Cosas y La Sangre, del orensano Mateo Feijoo. Instalada en el MuVIM, una cuidada vídeo creación que en tono poético y surrealista nos enfrenta a nuestra fragilidad y al silencio como pérdida de referentes.
El VEO ha apostado por ‘Immens’, de Roos Van Geffen, que pone en escena una performance que subraya el carácter apacible y tranquilo de las relaciones personales a través del encuentro silencioso entre dos personas. El segundo, ‘Bestie-É finito il tempo delle lacrime’, del Teatro delle Ariete de Bolonia, reflexiona sobre el modelo teatral tradicional con una obra, a modo de circo filosófico, en la que los animales forman parte de la estructura teatral de la propuesta escénica del grupo boloñés. ‘Les oiseaux sont les gitans du ciel’, por su parte, asegura estar en los antípodas del Cirque du Soleil. El circo de Alexandre Romanès es una apuesta por la sencillez y la poesía “no me gustan las costumbres vulgares del circo tradicional ni las pretenciosas del nuevo circo”, asegura. Hay juegos de manos, trapecistas, contorsionistas, acróbatas y malabares; una cabra, y mucha música cíngara durante toda la sesión. Romanès practica un circo «festivo e intimista». Su espectáculo ‘Les oiseaux sont les gitans du ciel’ se ha visto en la explanada de Viveros durante siete funciones.
Nacido en París en 1951, de madre gitana italiana y padre gitano francés, Alexandre Romanés realizó su primera actuación como equilibrista a los diez años en el circo de su padre. Procede de una legendaria familia circense de su país; “mi tatarabuelo iba por los pueblos con sus tres mujeres, sus hijos y un oso”, ha dicho. Con veinte años abandonó el circo familiar, se puso a tocar el laúd por las iglesias de Francia y descubrió la poesía: “Me atraía la poesía y estuve con poetas como Jean Genet, Jean Grosjean y Dominique Panier. Diez años más tarde volvía a acercarme al circo en un campamento gitano de Nanterre”.
Y hace doce años creó su espectáculo, la unión de circo y poesía, «algo íntimo y sensual, que huye de la vulgaridad,. Lo que hacemos es muy poético, pero no tengo una fórmula. Para mí circo y poesía son algo natural». Todo sin olvidar sus orígenes gitanos. «Nuestra cultura gitana es muy fuerte en Francia, allí no estamos desestructurados, ni somos tan pobres como aquí, y sólo nos considera mal un 50% de la gente. Creo en la vida nómada, porque si en el cosmos todo se mueve, ¿por qué no hacerlo nosotros? Y pienso que un espectáculo bonito no vale lo que un paseo por el campo».
Por el VEO 2009 también han pasado algunos nombres que se han hecho un hueco entre los asiduos al festival. Señor Serrano ha presentado ‘Artefacto’, un montaje inusual que presenta a una chica escopeta en mano que se mueve a cámara lenta. Aunque tan sólo se ha previsto su actuación en dos ocasiones, el trabajo de esta compañía ha sido una de las escogidas para colgar del sitio que el VEO ha abierto en myspace y da una idea general de su trabajo supraconceptual. También el aspecto gastronómico ha tenido un especial protagonismo. De nuevo, una compañía, la de Patricia Portela, ha combinado cena con performance en ‘O banquete’ aunque quizás degustar unos deliciosos bocadillos haya hecho esperar demasiado lo que de verdad espera la gente de este festival, montajes alternativos con calidad.
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