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    Escuela de Espectadores de Buenos Aires

    Jorge Dubatti


    En los últimos años se ha asistido a la reconsideración del teatro como acontecimiento. El teatro es algo que pasa y en ese algo se construye sentido. No se trata sólo de un acontecimiento de lenguaje y comunicación. La base del acontecimiento teatral es la estructura ancestral de la reunión, el “convivio”, el fenómeno humano de la cultura viviente en el que se genera una zona singular de experiencia y subjetividad colectiva. En el teatro, en una encrucijada de espacio y tiempo, se reúnen los artistas, los técnicos y los espectadores.
    Nadie va al teatro para estar solo. La reunión teatral consiste en vivir con los otros, sentir, mirar, emocionarse, interactuar, discutir con los otros. Es una reunión de cuerpo presente, irreductiblemente aurática, territorial y efímera, que no se deja intermediar tecnológicamente por la televisión, la radio, el cine o la red digital porque desaparece en esencia, perece transformada en otro tipo de acontecimiento. En el teatro no se puede sustraer la presencia de los cuerpos vivos del artista, del técnico y del espectador. El teatro no se deja enlatar ni capturar con máquinas, de la misma manera que no se puede detener el tiempo.
    Por eso sin espectadores no hay teatro.
    Lo que otorga relevancia y singularidad al teatro actual en Buenos Aires no es solamente la calidad de sus artistas sino sus convivios excepcionales, calientes, fervorosos y activos, que no dejan de llamar la atención a los visitantes extranjeros acostumbrados a otros comportamientos de los espectadores en otras capitales teatrales del mundo.
    En Buenos Aires hay pasión de espectadores. El público porteño es un espectáculo en sí mismo. Pero además los espectadores cumplen hoy una función esencial en el desarrollo y la difusión del teatro y en la producción de pensamiento crítico. Lo que sostiene el teatro de Buenos Aires no es el periodismo ni la publicidad sino el “boca en boca”, institución de la oralidad que consiste en la recomendación que realiza directamente un espectador a otro, modalidad afianzada frente a la pauperización de la crítica profesional en los medios masivos.
    Por más avasalladora que sea la publicidad, por más elogiosas que sean las críticas profesionales, si a los espectadores no les gusta el espectáculo la sala se vaciará muy pronto. O al revés: muchos espectáculos independientes que no han recibido comentarios en los medios, trabajan a sala llena. Otros, de cualquier circuito (oficial, comercial, independiente), castigados con críticas negativas, sostienen sin embargo la convocatoria. Es el efecto del “boca en boca” o “boca-oreja”. Imperceptiblemente trabaja la tupida red del “No te lo pierdas”, el “Andá porque está muy bueno”, el “A mí me encantó”, o el “No vayas”, el “Me aburrí como loco”, expresiones sinceras, desinteresadas y efectivas por confiables, dichas a los amigos, familiares, conocidos y extraños al pasar de la conversación. El boca en boca se ha convertido en la institución crítica más potente de Buenos Aires.

    Una necesidad

    Hoy el espectador teatral es conciente de la complejidad y la riqueza que ha alcanzado el teatro contemporáneo. Es curioso, inquieto, ávido de novedad, información y claves de interpretación. Sabe, como afirmó Theodor Adorno en su Teoría Estética, que “ha llegado a ser evidente que nada referente al arte es evidente” y que en materia teatral cada poética, cada técnica, cada artista, cada obra deben ser comprendidos y analizados con variables específicas.
    Señal de esta necesidad es la creación de la Escuela de Espectadores de Buenos Aires (EEBA), fundada en 2001. Se trata de un espacio de estudio, análisis y discusión de los espectáculos teatrales en cartel en la ciudad al que hoy concurren unos trescientos alumnos. La actividad es anual, de marzo a diciembre y lleva ya nueve años de labor ininterrumpida. Los integrantes de la Escuela asisten a una serie de espectáculos, acordados previamente, de diferentes circuitos del teatro porteño (oficial, independiente, comercial, internacional, proveniente de las provincias) y luego los analizan con nuestra coordinación al frente de la clase y con la asistencia de los teatristas creadores del espectáculo analizado. El campo de espectáculos considerados es abarcador de la teatralidad poética: teatro, danza, ópera, narración oral, circo, teatro callejero, títeres, performing arts...
    La riqueza de la actividad teatral de Buenos Aires exigía la existencia de un espacio de este tipo. El nombre Escuela de Espectadores es homenaje a la crítica francesa Anne Ubersfeld y está tomado de uno de sus grandes libros.
    La EEBA se propone brindar a sus asistentes las herramientas necesarias para multiplicar el disfrute y la comprensión de los espectáculos con profundidad y comunicabilidad. El objetivo es ampliar y enriquecer su horizonte cultural, emocional e intelectual como espectadores y producir pensamiento crítico. No se trata de “perder” una relación directa, empática o intuitiva con el teatro, sino de enriquecerla con saberes específicos y otras actividades complementarias del conocimiento teatral. Se trata también de adquirir los elementos necesarios para argumentar y discutir las poéticas en marcos axiológicos. El espectador debe saber evaluar y argumentar y para ello hacen falta información y herramientas de juicio. La EEBA está destinada a todos los amantes del teatro, no se requieren estudios previos, solamente es indispensable tener el deseo de reflexionar, discutir, estudiar, interpretar, evaluar el teatro que se hace actualmente en Buenos Aires o que pasa por sus escenarios. A la EEBA asisten aquellas personas que gozan del teatro en tanto “simples” espectadores y las vinculadas laboralmente a la actividad escénica: actores, directores, escenógrafos, críticos, historiadores, gestores.
    Siguiendo el modelo de la Escuela de Espectadores de Buenos Aires se gestaron espacios semejantes en México DF. (2004), Montevideo (2006) y Santiago de Chile (2008), conectados entre sí. En Argentina se irradió a las provincias a partir de 2008: Córdoba, Rosario y Neuquén.
    La actitud estudiosa del espectador desplaza un teatro de placer por un teatro de goce, de acuerdo con los términos de Roland Barthes aplicados a la literatura: “Texto de placer: el que contenta, colma, da euforia, proviene de la cultura y está ligado a una práctica confortable de la lectura. Texto de goce: el que pone en estado de pérdida, desacomoda (tal vez incluso hasta una forma de aburrimiento), hace vacilar los fundamentos históricos, culturales, psicológicos del lector, la congruencia de sus gustos, de sus valores y de sus recuerdos, pone en crisis su relación con el lenguaje”.
    Un teatro de goce implica esfuerzo, deseo, adquisiciones y búsqueda permanente. Y sobre todo la necesidad de elaborar parámetros críticos de análisis y evaluación de los espectáculos. El nuevo espectador lo sabe, es criterioso y argumentativo. Y un espectador que valora de esta manera el teatro es un tesoro cultural en cualquier parte del mundo.

    Fundamentos

    Las razones de necesidad de existencia de la EEBA constituyen un conjunto de principios que guían nuestra tarea y que apuntan a la configuración y afianzamiento de una comunidad hermenéutica abierta a la multipli
    cidad:

    1.- Valorar el lugar del espectador como laboratorio de percepción de la teatralidad, a la par testigo y protagonista del acontecimiento, co-creador en la poiesis receptiva.
    2.- Consolidar la institución de la oralidad, el boca-en-boca, y su complemento, la nueva figura del espectador-crítico, que constituyen la más importante fuente de producción de pensamiento crítico teatral en el presente y mantienen vivo el teatro de Buenos Aires.
    3.- Considerar el teatro como una cantera ilimitada de saberes y pensamiento, cuya intelección requiere formación específica y en disciplinas complementarias, así como muchas horas de estudio y análisis y la disposición de corpus y materiales de archivo. Frente a la des-definición del teatro, la relevancia de lo conceptual y el auge de la desdelimitación en la formulación de las poéticas del siglo xx y xxi, disponer de información histórica y categorías intelectuales precisas para la comprensión de los acontecimientos teatrales.
    4.- Seleccionar y orientarse en la diversidad, a partir de criterios de valoración elaborados críticamente.
    5.- Acceder a la subjetividad de los artistas en un espacio de encuentro y diálogo por fuera del acontecimiento teatral.
    6.- Hacer del estudio teatrológico no una materia más de educación formal –grillas a completar, cuestionarios, exámenes, monografías, etc.– sino un puro espacio de goce que recupera el teatro como placer, alegría, ocio, diálogo, pensamiento, conocimiento, meditación, problematización y transformación de la realidad y lo desburocratiza de otros marcos pedagógicos, sin obligaciones de “cursada”.
    7.- Asistir, por lo dicho en el capítulo anterior, regularmente al teatro y aportar a una historia del presente.
    8.- Crear un espacio de permanente formación histórica y teórica, destinado a la renovación de la teatrología argentina.
    9.- Distinguir las categorías del gusto de las analíticas y argumentativas.
    10.- Trabajar en la revelación del espectador histórico o empírico a través del diálogo, entrevistas, encuestas, estadísticas, testimonios conviviales y autobiografías de espectador.

    La EEBA cuenta ya con nueve años de historia. Comenzó en marzo de 2001 en el Teatro Liberarte y desde 2003 funciona en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. Entre 2001 y 2008 inclusive se analizaron doscientos espectáculos y asistieron a la Escuela otros tantos teatristas de diferentes disciplinas –actores, bailarines, dramaturgos, directores, escenógrafos, iluminadores, músicos, narradores, gestores, etc.–. Reconocida como espacio de producción de pensamiento crítico y formación, la EEBA ha sido visitada también por especialistas en teatro de diversos países. La EEBA ha realizado además sus actividades desde 2003 en diversos Festivales Internacionales, como el Festival Internacional de Buenos Aires y el Festival Cervantino de Azul. También tuvo intervención en Tintas Frescas (2004), coproducido por Francia y Argentina.
    Casi en el cierre del año, en noviembre, los espectadores que integran la EEBA realizan un balance crítico de todo lo visto y analizado durante el año y eligen los diez acontecimientos más importantes de la temporada. En diciembre, en una ceremonia especial, los espectadores entregan a los premiados los diplomas de la distinción: el Premio del Espectador. El premio es celebrado en el campo teatral de Buenos Aires por su singularidad: es la única distinción al teatro argentino que otorga directamente el público a partir de sus propios códigos de selección. La EEBA cuenta con un archivo de sus tareas, publicaciones y estudios (de próxima publicación) sobre poética del teatro argentino, estructuras conviviales y praxis de los espectadores.

     

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