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Medida por medida’ de William Shakespeare
Moral religiosa y ética política diluidas por el abuso de podero
Obra: Medida por medida.
Autor: William Shakespeare. Traducción, versión: Carlos Aladro y Ronald Brouwer.
Intérpretes: José Luis Alcobendas, Jesús Barranco, Julio Cortázar, Israel Elejalde, Markos Marín, Miriam Montilla, Almudena Ramos, Fernando Soto, Irene Visedo.
Escenografía, vestuario: Dietlind Konold.
Iluminación: José Manuel Guerra. Composición musical, espacio sonoro: Juan Manuel Artero.
Dirección: Carlos Aladro.
Producción: Teatro de la Abadía. Duración: 2 h. 30 min. (con descanso). Lugar: Sala Juan de la Cruz, Teatro de la Abadía - Madrid.
Fecha: Hasta el 26 de abril.
Hora: Miércoles a sábado 20.30 h. Martes y domingo 19.00 h.
Lugar: Corral de Comedias - Alcalá de Henares.
Fecha: 1, 2 (20.00) y 3 (19.00) de mayo. |
El Teatro de la Abadía presenta esta obra cuya traducción y versión llevan la firma del director Carlos Aladro y de Ronald Brouwer La lujuria del poder y el poder de la lujuria son las cuestiones fundamentales en las que se centra la última producción del Teatro de la Abadía que se exhibe hasta finales de este mismo mes en la sala Juan de la Cruz de ese centro de creación y exhibición madrileño. La compañía ha optado para este nuevo trabajo por Medida por medida un texto de William Shakespeare, de quien no ha montado ninguna obra desde que Hansgünther Heyme dirigiese en 2003 ‘El rey Lear’, y que cuenta con la dirección de Carlos Aladro que sitúa la pieza “entre los tres o cuatro ‘problemas plays’, en el sentido de que son obras que, cuando se intenta organizarlas por categorías no se sabe muy bien dónde ubicarlas, si son comedias o dramas, porque tienen un humor muy especial y unas tramas que rondan lo trágico”.
Los últimos montajes de comedia oscura que fue escrita por Shakespeare en su madurez, después de haber firmado una veintena de obras, entre ellas ‘Romeo y Julieta’, ‘Sueño de una noche de verano’ o ‘Hamlet’, han llegado a España a través de producciones realizadas por grupos británicos como Cheek by Jowl, con dirección de Declan Donellan, de la coproducción del Nottingham Playhouse, Barbican Centre y Festival de Edimburgo que dirigió Stéphane Braunschweig o la del Theatre McBurney. La última gran producción de una compañía española fue realizado por Miguel Narros en 1969. Esa ‘ausencia’ es precisamente una de las razones que llevaron a Aladro a proponer su producción al director del Teatro de la Abadía, José Luis Gómez.
Medida por medida es en opinión de Aladro una obra “compleja, en el sentido de buscarle el tono” en la que se abordan cuestiones escabrosas como la moral religiosa o la ética política y cómo se interfieren la una con la otra, además de temas como la hipocresía y de cómo unas personas dicen unas cosas y hacen justo lo contrario.
Experimento arriesgado
Esta pieza que “más que de una obra o de un cuento, se trata de un enigma”, lleva al director a justificar esa opinión en base a “los supuestos motivos de los personajes, sus intrincadas personalidades, lo variopinto de la trama....” y que en ocasiones resultan “irreconciliablemente contradictorias”, gira en torno al arriesgado experimento que pretende llevar a cabo el Duque de Vicencio. Por motivos enigmáticos, el duque se retira de Viena, delegando el gobierno en Angelo. Éste impone su moral con máximo rigor: condena a muerte al joven Claudio que ha cometido un desliz sexual al haber dejado embarazada a su novia antes de contraer matrimonio. Pero cuando la hermana del condenado, la novicia Isabela, acude a implorar por su vida, Angelo no permanece insensible a sus encantos y le sugiere que a cambio del indulto ella se le entregue, lo que finalmente es desvelado mediante los ardides del duque de Vicencio.
Para poner en escena esta enigmática y fascinante obra en la que acontecen muchas cosas que no se explican por lo que el espectador debe imaginar su propia explicación sobre lo que sucede en el escenario, Aladro se ha decantado por “una estética ‘contemporánea’, en el sentido de que no estamos hablando de ningún sitio concreto, sino que se trata únicamente de un mecanismo de identificación de los personajes”. La versión que llevan al escenario “es muy fiel al texto original porque la pretensión de Ronald Brouwer y la mía al realizar la traducción no ha sido la de crear un texto literario para ser leído sino que lo fuera para ser dicho y para ser encarnado encima de un escenario y que tuviera sentido. Shakespeare” –añade Aladro– “nos aporta guiones de puesta en escena y cuando uno se acerca a uno de sus textos comprueba que llevarlo a escena resulta mucho más fácil de lo que inicialmente parece”.
Los nueve actores que participan en la puesta en escena dan vida a un total de veinticinco personajes que protagonizan esta obra “genial en su elaboración ya que el autor nunca desvela las razones de sus personajes y se limita, en este caso, a exponer los hechos como si de un caso judicial se tratase”. Medida por medida incide de lleno en la moral, la ética, el desmadre que se puede dar en una sociedad cuando abusa de su poder y que, además, lo hace en nombre de unas ideas, en este caso, religiosas. Lo que el espectador va a ver es “el compromiso del autor para construir un discurso que demuestre que los hombres somos todos iguales y que lo que debemos aprender es a vivir todos juntos”.
Cuarta colaboración
Para realizar la puesta en escena Aladro se ha decantado por situar a los espectadores en “tres bandas que rodean la plataforma sobre la que se ubica la escenografía, porque es un espectáculo que está diseñado para interactuar con el público de una manera especial porque la historia es muy escabrosa y el sentido del humor de la pieza es muy negro”. Mediante esa disposición el espectador se sitúa muy próximo a esta pieza que salta del palacio al arrabal, de la corte a los burdeles, del embate emocional a lo soez y que explora la fricción entre lo privado y lo público, entre sacrificio y perdón, la lujuria del poder y el poder de la lujuria.
Esta es la cuarta ocasión en la que Aladro se sitúa al frente de un espectáculo producido por el Teatro de la Abadía, una colaboración que comenzó con ‘Garcilaso, el cortesano’, para la que él mismo creó la dramaturgia a partir de textos de Garcilaso de la Vega, Boscán y Castiglione y siguió con ‘Terrorismo’ de los Hermanos Presnyakov que se estrenó en 2005 y con ‘La ilusión’, una versión libre y lúdica de Tony Kushner de la obra ‘L’illusion comique’ de Pierre Corneille que se estrenó en la temporada 2006-2007.
Joseba Gorostiza
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