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Théâtre des Chimères estrena ’Les enfants d’Arcadie’
Ambiciones que son comunes a los hombres y a los simios
Obra: Les enfants de l’Arcadie, un diptyque pour l’humanité.
Dramaturgia: Jean-Marie Broucaret, a partir de ‘Macbeth’ de William Shakespeare y ‘Rojo, negro e ignorante’ de Edward Bond.
Intérpretes: Sophie Bancon, Estelle Cassiau, Hervé Estébétéguy, Ludo
Estébétéguy, Txomin Héguy, Guy Labadens, Muriel Machefer, Charlotte Maingé, Catherine Mouriec. Escenografía: Sophie Bancon, Théâtre des Chimères.
Iluminación: Pierre Auzas.
Composición musical: Nicolas Dupéroir.
Dirección: Jean-Marie Broucaret.
Producción: Théâtre des Chimères, Scène de Pays Baxe Nafarroa.
Duración: 120 min.
Lugar: Anhauze (Nafarroa Behera).
Fecha: 6, 7 marzo.
Hora: 21.00.
Lugar: Les Découvertes - Miarritze. Fecha: 27 al 29 de marzo, 3 al 5 de abril. Hora: 20.30. |
Jean-Marie Broucaret dirige esta obra inspirada en el ‘Macbeth’ de William Shakespeare y ‘Rojo, negro e ignorante’ de Edward Bond
La labor de investigación teatral que desde hace 10 años desarrolla la compañía Théâtre des Chimères en torno a los monos y que se intensificó hace tres al ahondar en los aspectos que relacionan a hombres y simios porque “nos parece muy interesante la relación que existe entre ambos” según asegura el director de la compañía Jean-Marie Broucaret, es uno de los puntos de partida del espectáculo Les enfants de l’Arcadie, un diptyque por l’humanité que se representa en la pequeña localidad bajonavarra de Anhauze. Además de esa base etológica, el director también ha tomado como referente dos textos dramáticos de autores ingleses, uno clásico como es el ‘Macbeth’ de Shakespeare que es la base de la primera parte y otro contemporáneo, ‘Rojo, negro e ignorante’ de Edward Bond y que ha servido de eje de la segunda parte, aunque el director matiza que “el espectáculo se desarrolla sin pausa durante casi dos horas”.
La experimentación teatral entre humanos y simios lleva a Broucaret a reconocer que “lo que nos interesa son las relaciones entre los seres humanos y preguntarnos qué es la humanidad, qué es lo humano y cuáles sus características frente al chimpancé, un animal que comparte con nosotros un 98,5% de su patrimonio genético”. El director añade además que “un porcentaje mínimo, el 1,5% restante, es el que realmente diferencia al humano del mono, aunque los etólogos consideran hoy en día que cuestiones como el lenguaje articulado no constituyen una característica diferenciadora. De hecho, hay dictadores que son muy buenos oradores pero que carecen de humanidad”, ironiza.
Además de compartir características físicas comunes, comportamientos individuales y relacionales, así como una fuerte adicción al poder que hace de los humanos animales políticos y guerreros, en la pieza se incluyen dos componentes genéticas contradictorias y ‘naturales’ como son la dominación y la necesidad del otro.
Bajada a los infiernos
Para realizar una primera aproximación a este ‘díptico para la humanidad’ el director se ha decantado por hacerlo desde la perspectiva de la ‘especie’ y para ello ha optado por tomar ‘Macbeth’ como primera referencia, una obra que en su opinión es arquetípica “del aferramiento al poder y, sobre todo, de la destrucción y la autodestrucción. Es una obra sobre el poder y sobre cómo el ser humano se pierde en esa búsqueda obsesiva del poder”. Al mismo tiempo, la pieza lleva aparejada la disposición humana a salvar vidas, a propiciar el progreso de la sociedad y a rechazar la destrucción. Esa dicotomía inherente a todo ser humano es la que ha llevado a la compañía a presentar un ser humano que no resulta pesimista y que tampoco está perdido ni condenado en sus vicios. El cruce de esas dos tendencias contradictorias “nos permite plantear el interrogante del porvenir de la humanidad y es lo que se desarrolla en la segunda parte del díptico, que toma como referencia la primera de las piezas incluidas en la trilogía ‘Piezas de guerra’ de Bond, en la que nos anima a inventar la humanidad para salvarla porque si seguimos en la senda de la destrucción, vamos a desaparecer”.
Para materializar este espectáculo que toma como base de trabajo el teatro físico y la inmediatez y el contacto directo con el público, Broucaret ha ideado unas nuevas criaturas, que son mitad hombre y mitad mono, que en ocasiones caminan sobre dos piernas y en otras sobre cuatro y que unas veces recurren al lenguaje de los signos y a la gestualidad facial y en otras se expresan a través del idioma de los hombres. “Son seres que todavía están próximos a la naturaleza y mal adaptados a la cultura: seres arcaicos para un mundo arcaico; ellos no existen pero son nuestros maestros. Y nosotros los hemos bautizado como ‘homo simiens”, señala Broucaret.
Rebaño en movimiento
Estos siete ‘homo simiens’ constituyen un rebaño en movimiento que se sitúa en un espacio escénico que representa una jaula por cuyas rejas pueden ascender, bajar, colgarse o balancearse y cuyo suelo está cubierto de paja. Broucaret matiza que “la jaula no está entera porque tiene huecos” que dan a entender, metafóricamente, “que los seres humanos estamos encerrados en esa violencia y autodestrucción pero que podríamos salir de esa espiral porque no hay paredes que nos lo impidan; pero hay que quererlo realmente. En definitiva tratamos de exponer que el problema está abierto y que las soluciones pueden llegar”.
Los ‘homo simiens’ no serán los únicos encerrados porque “dos espectadores tendrán la oportunidad de presenciar el espectáculo desde otra jaula que se situará sobre el escenario, con la pretensión de situar al público muy cerca de los monos y poder observar desde esa perspectiva las diferencias y las similitudes entre simios y humanos”.
La parte que se basa en la pieza de Bond presenta una jaula destruida, de la que ha volado la paja y las estructuras metálicas se amontonan como escombros mientras el polvo flota en el aire. Ahora los ‘homo simiens’ han desaparecido y es necesario tomar en consideración el 1,5% del código genético que constituye la singularidad del hombre frente a los simios. “Pero quien habla ahora no es un humano sino un monstruo, como le define Bond, o un fantasma muerto en el mismo instante de su nacimiento, calcinado por la bomba caída en su casa, según la definición de Shakespeare”.
Con Les enfants de l’Arcadie..., que tras el estreno que se desarrollará en un espacio no convencional de Anhauze, se pondrá en escena en la sala Les Découverts que la propia compañía tienen en Biarritz, Broucaret señala que “lo que ofrecemos es sólo una lección de humanidad, razones para confiar en el hombre y para construir un futuro”.
Joseba Gorostiza |