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Les jours magnifiques
Mi tío riega las plantas / Mi abuelo lava el coche / Y tú te despiertas / Y los rayos de sol / Acarician tus ojos / El gato baila en la hierba / El perro se pasea por la calle / Y yo desayuno bizcocho / Y cojo la bicicleta / Que me lleva a tu casa / Vendrán esos días estupendos / Que siempre hemos imaginado / Llenos de estrellas / Llenos de soles / De heridas en las rodillas / Días estupendos”. Con esta luminosa canción, eso sí, cantada en francés al más puro estilo chansonnier, “Les jours magnifiques”, compuesta por el propio dramaturgo, termina “Sí, pero no lo soy”. Ésta es la segunda obra del autor navarro. Alfredo Santol tuvo la suerte de que Gerardo Vera, director del Centro Dramático Nacional, viera la primera de sus obras, “Risas y destrucción”, y que le encantara hasta el punto de encargarle la escritura y la dirección de otra comedia, ésta “Sí, pero no lo soy”, que fue estrenada a finales de marzo del año recién terminado en la sala pequeña del María Guerrero.
Comedia, en efecto. Se trata de una vibrante comedia que lleva situaciones más o menos cotidianas a extremos delirantes, e incluso, a veces, delirantemente feroces o delirantemente poéticos. Resulta estupendo, y ojalá cundiera el ejemplo, eso de que los responsables de los teatros públicos, en este caso el CDN, apuesten por jóvenes dramaturgos, para que así propuestas escénicas frescas y arriesgadas puedan llegar al público en unas buenas condiciones de producción, lo que resulta estimulante para todas las partes, pero sobre todo para el espectador. ¡Hay vida, ya lo creo, más allá de los clásicos y otros fiambres!
Otro aplauso merece que el CDN se haya animado a poner al alcance de los escasos lectores de teatro unos espléndidos libros de formato cuadrado en los que edita las obras que va poniendo en escena. Además del texto, estos libros ofrecen los datos de la producción así como un buen número de fotos a todo color de la misma –¡ellos que pueden!–. Ésta de Sanzol hace el número doce de una colección en la que podemos encontrar versiones de grandes clásicos, pero también alguna rareza: “Delirio a dúo”, de Ionesco, “Splendid´s”, de Genet, o “Las visitas deberían estar prohibidas por el código penal”, montaje a partir de textos de Mihura; y también obras de autores actuales como “Mujeres soñaron caballos”, de Veronese, “Perro muerto en tintorería: Los fuertes”, de Lidell, o “Presas”, de I. del Moral y V. Fernández. Y lo mejor de todo, el precio más que ajustado de estos volúmenes –¡ellos que pueden!–.
Pero volvamos a lo nuestro. “Sí, pero no lo soy” es una historia de historias; quince son los sketchs que la conforman. Treinta y ocho personajes a los que dan vida cinco actores. Según el propio autor reconoce en sus palabras introductorias, la corriente subterránea que riega y une estas quince historias es el asunto de la identidad. La sociedad nos exige una identidad, nosotros mismos demandamos al otro una identidad y nos la exigimos también a nosotros mismos; y sin embargo la experiencia nos demuestra que tal fijeza, tal estabilidad, tal solidez no existe, por mucho que en demasiadas ocasiones nos empeñemos para nuestra desgracia en hacerla existir. Somos más bien mutables, difusos, en movimiento constante, en proceso. A lo largo de nuestra existencia, e incluso en cada momento puntual, somos muchas personas, muchos yoes en busca de un mínimo consenso. El caso es que esta resistencia al cambio, a la liquidez fluyente de nuestro ser, produce máscaras, mentiras, hipocresías, frustraciones, secretos, nostalgias... ¡Monstruitos! Personajes de personalidad fragmentada, perplejos saturados de yo, perseguidores de sí mismos, de saber quiénes son y quiénes son los otros, éste es el punto de contacto de toda esta fauna humana congregada por Sanzol al calorcito amable pero agridulce de la comedia. La puesta en escena, dirigida por el propio dramaturgo, subraya con elegancia este tono de comedia. La escenografía convierte el escenario en una disco de los setenta, con su globo giratorio y centelleante, sus mesitas bajas, sus espejos mil, sus sofás de terciopelo rojo... y con los desenvueltos pasos de baile de los cinco actores. En el montaje éste es el escenario único de las quince historias, con los actores siempre en escena, aunque no les toque participar.
Una actriz de setenta años ensaya en su hotel el discursito de aceptación del premio ¡a la actriz revelación! Un director de cine empeñado en ofrecer a un afamado actor el papel de Batman cuando él se pirraría por hacer de Catwoman. Una madre perpleja y temerosa que intenta hablar con su hija tras haber leído su diario. Un casado treintañero que reúne a sus hermanos para confesarles su recién descubierta homosexualidad. Unos viajantes de comercio en China que descubren que los Muñecos Delirantes madeinaquelpaís pueden producir en sus hijitos brotes sicóticos. Unos padres tan observadores que descubren cómo su bebé les escruta para comprobar exigente si ellos se parecen a él. Una relectura discotequera de “La más fuerte” de Strindberg que termina con un: “Parecerme a ti me ha quitado la responsabilidad de tener que ser yo. Gracias”. Una familia –argentina– que ha montado su propio partido político y que tras la debacle electoral planea emigrar a España para trincar mejor. El discurso de despedida de un hombre a punto de partir, deseoso de ser tragado por el horizonte por el mero placer de olvidar y ser olvidado. Los amigos de ese hombre, disolviendo su recuerdo como un azucarillo en el café, y dando la razón a la cita de Valle que encabeza esta comedia: “Nada es como es, sino como se recuerda”.
Hemos dejado para el final la descacharrante escena sanferminera, que a buen seguro pondrá el nudo en la garganta a todo pamplonica. Por primera vez en su vida, y para no desairar a su mujer –que no es de Pamplona–, un pamplonés se encuentra el 6 de julio disfrutando de un crucero por los mares del sur; da igual, a pesar de todo se monta su celebración con aparición estelar final del santo incluida, que le dice: “Escúchame atentamente una cosica. Aunque hoy no estés con nosotros, es como si lo estarías”. Pues eso, no como si lo estuvieras, como si lo estarías. Y para terminar, los actores entonan aquel luminoso “Les jours magnifiques”.
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