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Estreno de ‘Exitus’ de Titzina Teatro
La más terrible acepción
pra un término ambivalenteo
Obra: Exitus.
Autores: Diego Lorca, Pako Merino. Intérpretes: Diego Lorca, Pako Merino. Escenografía: Jordi Soler.
Vestuario: Mireia Roy.
Iluminación: Miguel Muñoz.
Diseño de sonido: Jonatan Bernabeu. Dirección: Diego Lorca, Pako Merino. Producción: Titzina Teatre S.L. Duración: 90 min.
Lugar: Teatro Villa de Molina - Molina de Segura (Murcia).
Fecha: 13 de febrero.
Hora: 21.00.
Lugar: Auditori les Boqueres - Almassora (Castelló).
Fecha: 27 de febrero.
Hora: 22.30.
Lugar: Teatre Principal - Alcoi (Alacant).
Fecha: 13 de febrero.
Hora: 20.00. |
La muerte es el tema en el que se centra la pieza que han escrito Diego Lorca y Pako Merino y que ellos mismos dirigen e interpretan
De las diferentes interpretaciones posibles que podría tener el término latino ‘Exitus’, Pako Merino y Diego Lorca, integrantes y creadores de la compañía Titzina Teatro, se han decantado por la más terrible de sus acepciones. Esta palabra que “significa ‘salida’ y que se emplea en medicina como simplificación de la expresión más correcta ‘Exitus Letatis’, que literalmente significa ‘salida mortal’ o ‘salida que causa la muerte’ o más médicamente ‘proceso hacia la muerte”, según señalan Lorca y Merino que aseguran que la expresión ‘Exitus Letatis’ se utilizaba también “para cerrar las historias clínicas de aquellos pacientes cuya enfermedad había terminado con la muerte”. Exitus es, en definitiva, el título del nuevo trabajo de esta compañía que aborda el tema de la muerte así como el modo en el que cuatro personas se enfrentan a ella desde puntos de vista tan diversos como el de una profesión, una tragedia o un acto irreversible de la vida.
Tras haber abordado en sus creaciones precedentes temas igualmente universales y circunspectos como la locura (‘Folie a deux. Sueños de psiquiátrico’) y la guerra (‘Entrañas’) que “nos permiten hacernos un montón de preguntas y buscar un buen número de respuestas”, los propios autores, actores, directores e integrantes de Titzina Teatro se plantean cuestiones como: ¿Qué es la muerte?, ¿cómo definirla?, ¿cómo y cuándo llegará?, ¿qué nos infunde el miedo a ella?, ¿qué nos aporta su presencia en el desarrollo diario de nuestras vidas? o ¿qué hay después de ese momento?, es decir, “todas las preguntas acerca de la muerte que se han hecho los seres humanos a lo largo de la historia durante este período de tiempo que denominamos ‘la vida’ y que son las mismas que ahora nos planteamos, tratando de responderlas desde un punto de vista creativo”. Lorca y Merino reconocen que se trata de cuestiones “fundamentales para emprender nuestro viaje pero a las que, evidentemente, no damos ninguna respuesta concreta y, en realidad, eso es lo bonito”.
En tono tragicómico
La intensa labor de investigación desarrollada previamente llevó a Lorca y Merino a reunirse con genetistas, personas que profesan diferentes religiones (budistas, taoistas, testigos de Jehová, musulmanes o cristianos), con parapsicólogos y abogados, además de leer obras y visionar películas con la muerte como tema y tras haber desarrollado “un trabajo de campo que nos llevó a trabajar durante dos semanas en la zona dedicada a cuidados paliativos de un hospital barcelonés y otras tres semanas en una funeraria de Terrassa”, asegura Merino. La información recopilada fue tomando cuerpo en el papel a través de la escritura de los dos miembros de la compañía que, al mismo tiempo, emprendieron la realización de improvisaciones y la reescritura del texto.
Como en sus anteriores creaciones Ti-tzina ha optado para crear una pieza por un tono tragicómico aunque en esta ocasión Lorca y Merino están solos en el escenario para dar vida a los personajes y a las escenas que se suceden de forma dinámica y poética. Un visitador de un laboratorio farmacéutico que padece una enfermedad terminal y su hermano, un abogado que ha centrado su actividad en la redacción de testamentos, además de un empleado de una empresa funeraria y un parado que consigue trabajo en esa misma empresa, son los cuatro personajes principales de este espectáculo en el que se entremezclan sus vidas sin que ellos mismos sean conscientes del destino común que les une. En la función se evidencia que los dos hermanos han mantenido una relación distante que cambia en cuanto se detecta la enfermedad del visitador médico, mientras que la presencia de los dos empleados de la funeraria se centra en que el veterano está adiestrando en el oficio al recién llegado aunque sus diálogos “más que en la muerte se centran en la vida y en el día a día”.
Las vidas de estos cuatro personajes que protagonizan la representación “discurren de forma paralela porque los empleados están ‘arreglando’ el cadáver del visitador”, apunta Merino, que reconoce que en Exitus “jugamos con el tiempo” y recurren a ‘flash backs’ que les permiten alternar las escenas en las que el visitador está vivo y en aquellas en las que su cadáver se encuentra en la funeraria.
Para crear esta pieza los miembros de Titzina han optado por un equipo técnico renovado que incluye a Jordi Soler como autor de la escenografía, Miguel Muñoz como diseñador de la iluminación, Jonatan Bernabeu en el diseño de sonido o Mireia Roy como creadora del vestuario. Merino señala en este sentido que “queríamos probar cosas nuevas intentando progresar como compañía y por ello hemos contado con nuevos creadores, con los que no habíamos trabajado en nuestros anteriores espectáculos”. A pesar de ello han optado por perseverar en la funcionalidad y, en el caso concreto de la escenografía, la representación se desarrollará en un espacio que resultará “bastante manipulable y nada estático. Durante la función utilizamos diferentes espacios y planos de imagen que posibilitan los cambios temporales y espaciales de los protagonistas”, ya que la escenografía debe mostrar desde las asépticas y ordenadas salas de un hospital, hasta el despacho del abogado o las pulcras dependencias en las que se ubica la funeraria. El utillaje, por el contrario, se limita a un par de sillas y una mesa que en algunos momentos también utilizamos como un ataúd.
Joseba Gorostiza |