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El Teatro y los toros
Mi Sombra.- Oiga, el otro día hablaba usted de toros en esta su casa con un escritor que se llama Javier Villán.
Sastre.- Así es. ¿Y qué quieres decir con eso?
Sombra.- Que o yo estoy muy despistada o el señor Villán es un crítico de teatro, y que usted, o yo sigo estando muy despistada, no sabe nada de toros.
Sastre.- Lo que ocurre es, ¿cómo decirlo?, que tú eres una sombra errónea, digámoslo así, en estos momentos.
Sombra.- ¿Por qué tan errónea?
Sastre.- Porque el señor Villán, como tú dices, es, además de un crítico de teatro, y además excelente, un crítico de toros, también excelente, y además en el mismo diario de Madrid.
Sombra.- ¿Y qué sabe usted de eso?
Sastre.- ¿De teatro o de toros?
Sombra.- De toros, naturalmente.
Sastre.- Ahora te lo diré. Yo sé una barbaridad de toros y sobre eso...
Sombra.- Espere, espere, que a eso quería referirme. Ya sé que usted ha escrito una obra sobre los toros, que se llama La cornada; pero de eso a saber algo de esa fiesta va mucho tramo, más de una legua.
Sastre.- Explícate, muchacha.
Sombra.- A lo que me refiero es a la opinión que un torero, que se llamaba Domingo González Lucas, y al que llamaban, como a su padre y a sus hermanos, "Dominguín", que al parecer fue amigo suyo; a la opinión que ese torero, digo, tenía sobre los conocimientos taurinos de usted.
Sastre.- ¡Ya sé a qué te refieres!
Sombra.- Pues dígaselo a sus sufridos lectores.
Sastre.- ¡Qué mala eres! Bueno, ahí entró en escena un director de cine, Juan Antonio Bardem.
Sombra.- Pues que entre, y a ver si nos aclaramos.
Sastre.- (Como contando un cuento) Había una vez una Productora cinematográfica que se llamaba Uninci, de la cual eran miembros entre otros socios Dominguín y Bardem; es la que produjo Viridiana de Buñuel y otros films interesantes. Bardem, el director citado, escribió un guión para esa productora sobre el drama de La cornada, muy fiel a mi obra; un guión que a mí no me gustaba mucho, ¿y sabes por qué?
Sombra.- Sí, está tirado.
Sastre.- ¿Pues por qué, si está tan tirado?
Sombra.- Porque no sería fiel a la obra.
Sastre.- Pues no; precisamente por todo lo contrario.
Sombra.- ¡No me diga! ¿Porque era fiel a la obra?
Sastre.- ¡Exactamente!
Sombra.- Es lo contrario de lo que suele suceder.
Sastre.- Las paradojas de la vida y del teatro.
Sombra.- ¿Y entonces qué?
Sastre.- El guión lo firmamos ambos y Bardem se lo envió a Dominguín, que estaba con sus negocios taurinos, no sé si en Venezuela, para recabar su opinión al respecto, como torero, y, claro está, como productor.
Sombra.- ¿Y qué opinó el torero de vuestro guión?
Sastre.- El torero, como tú dices (que ya no lo era), escribió una carta a Bardem, en la que le dijo que nosotros no teníamos ni idea de los toros.
Sombra.- (Triunfante) ¡Que es lo que yo decía! Eso es lo que sabía yo, y así he dicho lo que he dicho. Lo que no sabía ni sé es cómo entonces se hizo la película basada en aquella obra, A las cinco de la tarde.
Sastre.- (Con sincera admiración) ¡El optimismo de Bardem!
Sombra.- Dígalo en dos palabras.
Sastre.- Está bien. Yo me había quedado planchado aunque no me importaba no saber de toros porque mi intención había sido escribir una metáfora sobre la explotación del hombre por el hombre, y el tema de los toros era secundario; pero sí, planchado, porque necesitaba dinero y, si la película no se hacía, ello significaba un percance económico. ¿Y qué me dijo Bardem? Que nos hallábamos ante dos posibilidades. Primera, romper nuestro guión; y segunda, romper la carta de Dominguín. "Que es lo que vamos a hacer", añadió alegremente. Y la película se hizo. Pero Javier Villán, a quien tú te has referido, y yo hablamos de temas interesantes para ambos, y entre otros de un torero inquietante sobre el que él acaba de publicar un magnífico libro, que promueve serias reflexiones sobre este oficio del Toro; y ello me ha hecho pensar otra vez sobre las relaciones de los toros y el teatro. Ese torero, hoy famoso, y maltrecho de heridas, puntazos y alguna cornada, se llama José Tomás, que es también el título del libro, cuyo subtítulo es Luces y sombras. Sangre y triunfo. (Rizzoli, 2008). Este libro, que contiene una espléndida colección de fotografías, es, además una Tauromaquia que me ha hecho rememorar una vieja lectura de la de Pepe Illo; pareciéndome como una especie de puesta al día de aquella obra clásica. Pero, sobre todo, este libro es una implacable historia de tal torero, que ahora parece buscar la cornada y la muerte en cada corrida que torea. Es una tragedia; y yo he recordado también, eso sí, ante el nombre de José Tomás, al torero de mi Cornada, que se llama José Alba; y que también aparece como un destino trágico; sólo que en Alba es la historia de un miedo imposible de vencer, y, en esta realidad, el drama de un hombre con un valor insensato. Acaso haya en la historia del teatro español no representado una obra más vecina a este drama real. Se titula Torero a muerte, de Sebastián Bautista de la Torre. (Se ha quedado pensativo) No sé, a veces el mundo del Toro da mucho que pensar, y... (Pero no dice nada)
Sombra.- ¡Qué serio se ha puesto usted! ¿No habíamos empezado riéndonos?
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