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FIT
23 Festival Iberoamericano de Cádiz
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Métodos para conservar la memoria
El Teatro Contemporáneo Argentino aboga por el compromiso y el recuerdo de una tradición vinculada a una historia reciente que camina hacia el olvido
El panorama argentino contemporáneo de las artes escénicas ha recorrido una larga trayectoria desde el derrumbamiento de la dictadura del general Videla en 1983, renovándose profundamente hasta el momento actual en el que la implicación y el compromiso político se presentan como una de las bases de las que parten las nuevas creaciones. En algunos casos, este compromiso se refleja en una actitud de denuncia, mas también se muestra en otras circunstancias como un género histórico en el que lo que prima es una actitud de recuperación de la memoria, tanto colectiva como individual. El punto de partida para muchos dramaturgos se inicia en lo privado, en lo familiar para luego dirigirse a un ámbito más genérico que en la mayor parte de las ocasiones apunta a un conflicto de carácter socio-político.
Dentro de esta corriente podemos enmarcar al joven dramaturgo Marco Canale, ya que se basa en un pasaje autobiográfico de su infancia condenado al olvido por su familia, como tantos otros hechos de más amplia cobertura social, con el fin de denunciar y reflexionar sobre este suceso que él no ha conseguido ni ha querido ignorar. En La alambrada Canale viaja en sus recuerdos hasta 1987 para narrar un delito de pederastia cometido por su propio tío sobre el hijo de una trabajadora de la finca donde veraneaba en su juventud, situando un espacio-tiempo difuso en el que pasado y presente se entremezclan hasta el punto de que sus límites se vuelven borrosos. El autor nos pone en su propia piel, en sus trece años, en un momento en el que comienzan a emerger dudas entorno a su sexualidad, cuando su padre le confiesa un doloroso suceso que mudará su precoz relación con la misma, su tío es un violador. Las palabras de la abuela, sentada junto a Marco en un sobrio y vacío escenario en el que tan sólo vemos una mesa rodeada de sillas, en su mayor parte desocupadas, que representan el tabú sobre el que se ha sostenido un pacto de silencio que pervive en el presente más inmediato. El pasado se presenta visualmente en escena mediante fotos y diapositivas reales de la finca, a modo de rememoraciones que, por mucho que intenten soterrarse, permanecen involuntariamente en el subconsciente. Como apunta la directora de la obra, Elvira Onetto, “todo forma parte de la memoria”. Ubicándose por un instante en el presente, Marco lanza cuestiones a su madre que nunca se había atrevido a emitir, “¿Cómo acercarse al cuerpo de un niño abusado que terminó en suicidio?, ¿Cómo acercarnos a los cuerpos, que todavía hoy, siguen siendo abusados en la casa de mi abuela?, ¿Cuántos han sido desde que lo sabemos?, ¿Cuántos después de hoy?”. Esta obra, forma parte de la apuesta por el resurgimiento del teatro a nivel hispanoamericano e internacional de Barranco Produc-ciones, y ha conseguido el XVI Premio SGAE de Teatro Accésit 2007.
Amenaza de desarraigo
El teatro argentino contemporáneo ya tiene un espacio abierto dentro de la sociedad, que responde no a lo nuevo ni a lo pasajero, sino a un presente que le sirve como disparador. Este, convive con una realidad exitosa en el mundo ya que, en materia de exportación viaja, de la mano de muchos directores y compañías como es el caso de La Maravillosa, que acerca a esta convocatoria del festival Los hijos de los hijos, una pieza en la que la inmigración llegada a este país durante el pasado siglo, se establece como núcleo dramático para reflejar una situación actual. El progresivo desarraigo se presenta como uno de los problemas principales de una tercera generación que no siente como suyas esas historias transatlánticas de éxitos, miserias o fracasos. Los directores de la obra, Inés Saavedra y Damián Dreizik, sitúan la escena en el sótano de un restaurante gallego abarrotado de cajas de botellas, muebles pintorescos y toda clase de trastos, en el que los personajes se desdoblan evocando estampas fugaces de otros tiempos. Los recuerdos de una familia se establecen pues como el leit motiv a partir del cual narrar una historia mucho más global de flujos migratorios movidos por el hambre o las ansias de alcanzar un éxito que rara vez llegaría.
La morriña y el vínculo con una tierra de la que tan sólo conservan retales de recuerdos, cobra su máxima expresión con la ambientación sonora realizada en escena por César Rojas, el la que la música regional cobra especial relevancia. Y se vale de un potente material metafórico que elude el relato costumbrista y la viñeta folklórica, refleja hitos y tradiciones propios de la cultura gallega y la tradición judaica, ajenas a un contexto homogeneizador donde las identidades peligran gravemente.
Inmigrantes y emigrados
Las puertas de la sala se abren; en escena, Mariana González Roberts se prepara para narrar un cuento a una niña que no es capaz de dormirse. La historia no trata de monstruos y princesas, los protagonistas son verdaderos y las experiencias han sido realmente vividas. La narración comienza con la trayectoria emprendida por un grupo de galeses que cruzaron los mares para fundar una colonia en la Patagonia Argentina, y acaba en algún punto de Sevilla, donde se sitúa la acción del espectáculo. Ar lan a mor (A orillas del mar), es un monólogo, escrito e interpretado por González Roberts, creado con la colaboración de Dah Teatar de Servia- Montenegro, y Dos Lunas, una compañía hispanoargentina, en el que se retrata la nostalgia de aquellas mujeres que tuvieron el valor de decidir sobre su propia vida, romper de alguna forma con el sistema patriarcal, y emprender un viaje que no sabían con certeza cómo remataría. El tema central de esta obra explora las posibilidades que existen para crear un espacio donde el recuerdo permanezca vivo a través de la experiencia de una emigrante, descendiente de anteriores emigrados, preguntándose acerca de la relevancia en la toma de decisiones que pueden llegar, sin esperarlo, a cambiar nuestras vidas.
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