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FIT
23 Festival Iberoamericano de Cádiz
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Arte sobre los conflictos bélicos
La compañía chilena Teatro Playa Grande, el creador Rodrigo García y
la formación peruano finlandesa Norte Sur estrenan sus nuevos montajes
Tras su presencia el pasado año con la obra ‘Neva’, regresa a Cádiz el equipo integrado por el autor y director Guillermo Calderón y los intérpretes Paula Zúñiga, Jorge Becker y Trinidad González, ahora bajo la marca Teatro Playa Grande, para estrenar Diciembre, una obra que se sitúa en un hipotético futuro en medio de un conflicto bélico entre Chile y Perú y cuya acción comienza con el regreso de un soldado a la casa familiar gracias a un permiso para poder celebrar la Navidad con sus hermanas. Se trata de un montaje concebido como continuación de Neva, en el que la idea, según el propio Calderón, ha sido seguir explorando el tema de lo doméstico contrastado con el contexto de la guerra: “Ambas obras debieran verse o leerse juntas. La nueva vía que abre es la alusión directa que se hace a la sociedad chilena ya que en ella todavía persiste la mentalidad autoritaria y fascistoide que permitió la dictadura de Pinochet. Además hay una crítica a todo patriotismo, que es uno los principales orígenes de las guerras en todo el mundo. Después de la Guerra del Pacífico de fines del siglo XIX Chile arrebató a Bolivia su salida al mar. Hasta el momento no ha aceptado negociaciones para retornar alguna sección de salida al mar a ese país. Eso ha sido siempre fuente de conflicto entre ambos países.... y también con Perú, que también perdió tierras y sufrió el saqueo de su capital por el ejército chileno. Obviamente que Diciembre trata de exponer lo ridículo y peligroso del concepto de patria, especialmente cuando se lo vincula directamente a la idea de territorio. Por otro lado la obra pretende hacer alusión a la relación que tiene Chile con el pueblo mapuche. Ellos perdieron sus tierras durante la colonización y luego durante la ocupación latifundista chilena. Hoy son un pueblo marginado que rechazan la nacionalidad chilena. En estos días están desarrollando una guerra de resistencia que incluye la quema de casas de latifundistas y el asalto a los camiones de empresas madereras. Muchos de los militantes de la izquierda que lucharon con las armas contra la dictadura ahora han hecho suya la causa mapuche. Como te puedes imaginar ambos son temas bastante explosivos en Chile. Y también en Perú y Bolivia. Ver al ejército chileno derrotado y a los mapuche recuperar sus tierras es un sueño de años para muchos en Chile. La obra permite soñar esa realidad. Presenta el placer de una fantasía política. Además, creo que el tema es bastante universal”.
Y en ese clima, tres hermanos, Paula, Trinidad y, en medio, Jorge: “Paula es la persona que cede a la presión de la propaganda bélica y termina apoyando la idea patriótica. Ella representa al chileno/a que está lleno de ideas autoritarias y belicistas pero que las considera como naturales y correctas. De alguna forma representa a la opinión pública mayoritaria. Trinidad es la heredera de la lucha de la izquierda contra la dictadura de los años ochenta. Conspirativa, comprometida, pero siempre en minoría e impotente frente a la fuerza de su enemigo. Jorge es el soldado víctima de la guerra, pero que ha encontrado en la uniformidad colectiva de la milicia el sentido de pertenencia que la alienación de la sociedad capitalista de la que viene le negaba. Se va a la guerra a los treinta años y paradójicamente encuentra por primera vez su identidad colectiva. Y aquella es el simple placer de poder experimentar sensualmente un contacto humano más profundo del que jamás sintió en la sociedad chilena. Su familia le ofrecía domesticidad, pero construir identidad a partir de lo doméstico tampoco es suficiente. También hay que tener proyectos colectivos de desarrollo humano y liberación política y social”, explica el autor y director de esta obra sobre cuyo montaje asegura que hay “más humor, más velocidad, monólogos largos que expresen la naturaleza contradictoria de experimentar un conflicto bélico. Que todo ocurra en torno a una mesa, que es el icono de la vida familiar. Que haya luces de colores y música de Navidad en inglés en directa referencia a la influencia cultural de EEUU en nuestro país. Nuevamente no ocupamos los focos del teatro, esta vez para enfatizar la vida precaria de la guerra y para insistir en motivos visuales comenzados por Neva. Actuación naturalista. Y que la puesta en escena irónicamente parezca, como lo hace el texto, un cuento de navidad... con sus convenciones, música, iluminación y sentido de rectitud moralizante.... aunque esta sea contradictoria, decepcionante y subversiva”.
Recuerdos y guerra
La guerra, en este caso el hecho de que sea el bicentenario de la llamada de Independencia, es el punto de partida de Versus, trabajo que estrena por encargo de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales el creador Rodrigo García, para quien conmemorar el bicentenario de la guerra de la independencia, o mil años de una hazaña emancipadora, tiene algo de obsceno y también su lado imprudente: “para empezar es dar la razón a quienes inventan guerras y no tienen el coraje de pasearse por el frente. Por si fuera poco, es una exaltación del patriotismo, que subraya las hipotéticas diferencias entre los hombres con furia y orgullo lamentables”. Partiendo de esa idea y con la participación de los intérpretes Patricia Álvarez, Amelia Díaz, David Carpio, Rubén Escamilla, Juan Loriente, Nuria Lloansi, David Pino, Daniel Romero, Víctor Vallejo e Isabel Ojeda, el director asegura que eso es lo que verá el espectador: “Una serie de apuntes, imágenes y acciones que versan sobre la guerra por la independencia, por independizarse la gente de sus compromisos con los bancos; de los hijos cuando se convierten en nuestros jueces y carceleros y dejan de ser encantadores; de una vida que se repite estúpida y desafiante cada minuto; del precio de la gasolina y de la ofensa constante de la televisión... Pero en el fondo, la obra cargará sus tintas sobre la lucha íntima por independizarnos de las opiniones que los otros escupen acerca de nosotros sin el menor reparo; meros espejismos, teniendo en cuenta que cada cual morimos solos y ahí es nada... a ver cómo nos apañamos para vivir juntos en paz”.
El tercero de los espectáculos que verán la luz por vez primera en el FIT será La señorita de Cádiz, un montaje realizado por una formación acertadamente denominada Norte Sur, porque no en vano surge del encuentro entre dos culturas como la peruana y la finlandesa, lugar de origen y residencia, respectivamente, de su autora Maritza Núñez. Con este montaje dirigido por Laura Jäntti e interpretado por Kristiina Elstelä, Elsa Saisio, Sarina Röhr, Mikko Rasila, Piero Steiner y la pianista Maija Kaunismaa, presentan una comedia nostálgica, que habla del paso del tiempo, de los recuerdos que permanecen intactos para hacernos revivir la frescura del amor y de nuestra juventud.
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