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Recital de cantos telúricos y problemas convivenciales
Teatro de la Abadía sube el telón con la presencia de Albert Vidal y del Teatro de Juventud del Fontanka de San Petersburgo
El Teatro de la Abadía abre este mes la temporada 2008-2009 con la puesta en escena de dos espectáculos inusuales al proponer un concierto ideado y protagonizado por el po-
lifacético Albert Vidal y un espectáculo en ruso que presenta una compañía llegada desde San Petersburgo. En el primero, que lleva el título de Sueños y alucinaciones de un enano enamorado, Vidal se acerca a la sala José Luis Alonso para ofrecer un recital “que ha sido ideado expresamente para su interpretación en la iniciativa La Noche en Blanco”, según reconoce el propio creador catalán. El segundo espectáculo programado, que en este caso se representa en la sala Juan de la Cruz, lleva por título Gritos de Odessa y toma como punto de partida la obra ‘Ocaso’ de Isaac Bábel.
La propuesta que ha creado Albert Vidal para ser interpretada en el marco de la tercera edición de ‘La Noche en Blanco’ que se celebra el 13 de septiembre, es una producción sensiblemente diferente a ‘Soy la solución’ que el polifacético artista presentó el pasado mes de abril en el Teatro de la Abadía y que en su estreno en Buenos Aires convocaba al público a un canto de energía colectivo, con el objetivo último de “liberar energía positiva” y que pretende repetir en esa actuación porque está en el espíritu del evento que ha originado la velada “y desde Madrid irradiaremos energía positiva a todo el Universo”. Sueños y alucinaciones de un enano enamorado en una performance a la que Vidal aporta el canto, el concepto escénico y la dirección, además de la interpretación en la que también interviene el grupo Telur, que agrupa a Jordi Rallo, que interpreta la tabla-tarang, un instrumento tradicional hindú, y a Marcelo Antonio Febrés, que se hace cargo del didgeridoo, el ancestral aerófono utilizado por los aborígenes de Australia.
Albert vidal descubre en su concierto una forma original de canalizar la energía del cuerpo basada en milenarias técnicas orientales que denomina canto tántrico
Vidal, que señala que “el canto telúrico es básicamente un canto de energía”, sostiene además que se trata de “un género de canto armónico que no tiene nada que ver con el canto rural o folclórico, sino que expresa las utilidades del alma”. Esos elementos se convertirán en protagonistas de un concierto que convoca al público a realizar un canto colectivo de energías solares, para irradiar luz, felicidad y conocimiento y que servirá para la presentación en Madrid del canto telúrico, disciplina en la que Vidal tiene publicados cinco discos junto a músicos tibetanos y mongoles.
El descubrimiento del canto telúrico que Albert Vidal logró en las montañas de los Pirineos, estuvo precedido por veinte años de estudios y espectáculos en torno a la energía del cuerpo humano. En un principio se pueden observar ciertas analogías con las técnicas ‘Zo Keh’ de los monjes budistas tántricos o el ‘kharkhiraa khuumii’ mongol. No obstante, las características del canto telúrico guardan más bien relación con el control y el dominio de los canales sutiles del cuerpo humano, técnicas milenarias del hinduismo tántrico.
Esta performance se enmarca en la celebración en Madrid de ‘La Noche en Blanco’, un evento que en su tercera edición también llega al Teatro de la Abadía, espacio que en 2006 acogió la instalación sonora ‘Susurros y silbidos del Bambuso Sonoro para oídos sensibles’ del artista Hans van Koolwijk y que incluía como elemento destacado un órgano de bambú, mientras que el pasado año acogió la exhibición de ‘Gamelán, destellos de bronce’ a cargo del conjunto instrumental Ensemble Gending, una formación tradicional indonesia, especialmente en Bali y Java, conocido como gamelán.
Una nueva juventud
La segunda actividad prevista para el mes de septiembre en el Teatro de la Abadía se materializará con la presentación del 26 al 28 de septiembre en la sala Juan de la Cruz de la pieza Gritos de Odessa, un espectáculo producido por el Teatro de Juventud del Fontanka de San Petersburgo y dirigido por Simeón Spivak, que se exhibirá en ruso con sobretítulos en castellano. Esta pieza está inspirada en la obra teatral ‘Ocaso’ que fue escrita por el autor judeoruso Isaac Bábel en 1928 y cuya actividad literaria se caracterizó por presentar impactantes tramas argumentales que condensaba en breves relatos llenos de contrastes, así como por poseer un estilo particular basado en el realismo que roza el barroco. Bábel centró su actividad creativa en los relatos y el teatro y sus creaciones dramatúrgicas fueron representadas con grandes medios escenográficos por el Teatro del Arte de Moscú, tal y como sucedió con la propia ‘Ocaso’. Bábel, sin embargo, cayó en desgracia durante la dictadura estalinista por su lucha en defensa de la libertad de palabra, y tras ser arrestado en mayo de 1939 fue fusilado en enero de 1940.
Gritos de Odessa evoca la realidad que circundaba y conocía de sobra el propio escritor nacido en Odessa, una ciudad de provincias en la que rusos y judíos ‘todavía’ convivían a principios del siglo XX. La representación que propone la compañía de San Petersburgo muestra la quimera de un padre que pretende vivir una nueva juventud, provocando la ira de sus hijos, aunque el director ha abordado la obra buscando la alternancia de espectáculo e intimidad, para mostrar una creación que oscila entre el pulso vital y la melancolía. De hecho, bajo la cara amable con la que se presenta la pieza, subyace un tema poderoso: la convivencia con el otro, así como la comprensión mutua en la diversidad cultural y generacional. De hecho, uno de los personajes dice en un momento de la representación: “Se empieza por cortar leña y se termina cortando cabezas”.
Se trata, en definitiva, de una apología teatral sobre el ciclo de la vida que protagoniza Mendel Krik, patriarca de una familia judía, quien abusa de los beneficios de su edad. Pero mientras Krik se mentaliza en torno a la proximidad de su muerte, los jóvenes multiplican las imperfecciones del mundo, ya que ellos parten de la base de que van a continuar viendo más amaneceres. La juventud de los intérpretes añade grandes dosis de pasión a una representación en la que se incluyen composiciones musicales de origen judío, ruso y ucraniano, para introducir a los héroes en un remolino de danzas frenéticas y clamorosas canciones de estilo folk para, en último extremo, disfrutar de unas eternas vacaciones de la vida’, algo bello a pesar de todo.
Joseba Gorostiza
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