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Trapezi 2008
Reus se desborda con oleadas del circo más actual
Probar cosas nuevas siempre tiene un riesgo, pero sin duda ha de ser una exigencia para no quedarse estancado ni dormirse en los laureles. Hace ya algunos años, Jordi Aspa y Bet Miralta, los directores de la feria de circo Trapezi que se organiza cada mes de mayo desde 1997 en la localidad catalana de Reus, en la comarca del Baix Camp, apostaron por un pequeño espacio que con el nombre Reus Racó del Riure (Reus Rincón de la Risa) se ha ido consolidando y es ya un lugar muy acogedor. Éste año, además, se ha estrenado con el nombre d’El Covador, cabe decirlo con mucho acierto, una nueva propuesta que consiste en invitar a escuelas de circo para que los jóvenes alumnos exhiban sus habilidades. Y la primera edición ha dado un buen resultado y todos los artistas dieron el callo. Triunfaron especialmente por su carisma y por su trabajo el malabarista Loïc del Egido, de la escuela Rogelio Rivel de Barcelona; y el monociclista André Guerra, de la escuela Carampa de Madrid, así como los tres artistas de l’École Châtellerault, de Francia.
Si El Covador funciona, hay cosas que hace años que han triunfado cómo el avecrem como, por ejemplo, las sesiones nocturnas de cabaret, que da la sensación que estén caducando poco a poco. Parece que estas sesiones, por un motivo u otro, estén perdiendo la magia que tuvieron antaño y que obligó a plantear incluso el acceso restringido a causa del éxito de público. Los últimos años no se ha acertado con el presentador del espectáculo, y éste año pareció más recortado que nunca. Una hora escasa duró la sesión del viernes, cuándo normalmente la duración es de 90 minutos. Por cierto, que uno de los artistas que más sorprendió fue el japonés Yukki Yoyo, que hizo auténticas virguerías con sus dos yo-yos.
Otra cosa que no acabó de convencer es un nuevo espacio ganado para la feria. Se trata de la plaza Pallol, una zona que está experimentando una profunda remodelación urbanística y que parecía un lugar perfecto. A la hora de la verdad, algunos espectadores tuvieron problemas para escuchar a algunos artistas, ya que al lado del escenario se encuentra un centro comercial que no paró la música durante la tarde del sábado. Un imprevisto que es de suponer se podrá subsanar en futuras ediciones. Una apuesta consolidada es la d’Els Firaires (Los feriantes), que en esta edición ha presentado un circo de pulgas. Sí, sí, de pulgas. En una pequeña carpa con capacidad para unas 40 personas de pie, el domador Jean-Dominique Kerinard hacía saltar a los insectos –Zazá, Mimí, y Lulú– por el aro de fuego y hacer equilibrios sobre una bola. También hacían increíbles saltos mortales.
La lluvia aguó la fiesta
Lo peor de todo, éste año, ha sido la lluvia, que obligó a suspender casi todos los espectáculos del viernes por la tarde y del sábado por la mañana. Los dos chaparrones, además, hicieron que el sábado por la tarde la gente saliera a la calle con muchas ganas y que los espectáculos estuvieran más abarrotados que nunca. La ciudad se desbordó por unas horas. Zahir Circo, una de las compañías de circo catalanas más en auge en estos momentos, congregó a centenares de personas en la plaza de la Llibertat, y la gente incluso buscó sitios elevados, como una marquesina de un aparcamiento, para poder ver el espectáculo. La lluvia también tuvo una segunda consecuencia. Los teatros de Reus se llenaron hasta la bandera y en dos casos –la payasa Alba Sarraute y la companyia Le Cirque de Tunis– colgaron el apreciado cartel de agotadas todas las localidades en todas sus funciones. Por cierto, que Le Cirque de Tunis, una compañía de 10 artistas, dejó un gran sabor de boca con un espectáculo de una buena calidad técnica y de gran intensidad dónde se combinan números de circo sin parar durante una hora: percha china, cuadrante aéreo, báscula, círculo, telas y funambulismo. Aunque sin tradición circense, es curioso observar que des de África hayan venido los dos últimos años dos de los espectáculos más interesantes de la feria de circo Trapezi. El año pasado ya dejó muy buen rastro una compañía de Marruecos con un espectáculo más estético que técnico, y en esta nueva edición el grupo Le Cirque de Tunis apostó con su espectáculo Halfaouïne, una metáfora de un viaje, por todo lo contrario. Más técnica que estética. En el Teatre Fortuny también cuajó el espectáculo Le Jardin, con la pareja francesa Jean-Paul Lefeuvre y Didier André, aunque el montaje fue un poco cansino y de circo, la verdad, es que se vio muy poco.
La compañía francesa Chabatz d’Entrar demostró tener muy buenas ideas con su montaje Mobile, que se presentó en una pequeña carpa sin pista redonda. El espectáculo se fragua en un teatro a la italiana. Es curioso y meritorio ver como de un puñado de maderas se puede sacar tanto partido, y hacer y deshacer una báscula de circo, por ejemplo, en muy pocos segundos, casi por arte de magia. Espectáculo recomendable para todos los públicos, especialmente para los carpinteros. La segunda carpa que vino éste año a Reus –la feria se celebró entre los días 14 y 18 de mayo – era de color amarillo, y dentro se presentó Tok, a cargo de la compañía francesa Le P’tit Cirk. Inconmensurable estuvo, a sus 46 años, Danielle Le Pierres en su personaje de Madame Le Colonel. Gran papel y también buen y poético número en el trapecio, en uno de los momentos más bonitos de la feria de éste año. Le Pierres, que cómo la mayoría de los cuatro artistas de la compañía trabajó con Les Arts Sauts, tiene una dilatada trayectoria en el circo, y estuvo enrolada en los míticos Plume y Archaos. Por cierto, que la 12ª edición coincidió con la muerte del payaso Carlo Colombaioni, que fue recordado durante la feria. Otro de los platos fuertes de la feria fue la actuación en el teatro Bravium de Alba Sarraute, la joven payasa cuya cotización está subiendo cómo la espuma y que presentó su espectáculo Mirando a Yukali.
Ésta edición de la feria Trapezi era la primera desde que hace un año se anunció que Aspa y Miralta, habían obtenido el premio nacional de circo que concede la Generalitat, un reconocimiento que hay que aplaudir porque ésta pareja de creadores ha trabajado mucho para dar a conocer un estilo muy contemporáneo y muy de la escuela francesa del nuevo circo. Al festival le falta un poco de apertura hacía otros estilos y géneros de circo, y además ofrece en su conjunto espectáculos demasiado lentos que parecen cortados todos con el mismo patrón; pero esto no resta un ápice para reconocer los méritos de Aspa y Miralta, que además han de luchar cada año con un presupuesto más menguado. El dinero es el mismo que hace dos años, y las promesas de los políticos que en la décima edición –la del 2006– se haría un salto han quedado en nada. Todo lo contrario de lo que dijeron; se va congelado el presupuesto, que ronda los 450.000 euros. Y esto se empieza a notar cada vez más. El espectáculo inaugural, que se presentaba dos veces, por motivos presupuestarios se ha reducido a una sola represen tación. Y en los espectáculos de calle, francamente, a veces la calidad brilla por su ausencia.
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