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Aplauso al compromiso en un plano general e histórico
El Teatro Lope de Vega acogió este año la ceremonia de entrega de los Premios Max. Así, sin entrar en mayores consideraciones, la elección implicaba un aforo más reducido, pero a la vez, algo mucho más íntimo, más teatral. Al menos como algo presenciado en vivo y en directo. Otra cosa es lo que se transmitió por televisión, que sin ser muy importante para la repercusión general, debería ser secundario en la planbificación de esta fiesta de las Artes Escénicas.
De todo lo vivido en esta jornada podríamos destacar tres puntos de la ceremonia, que se narran en un orden absolutamente subjetivo. El Premio Max de la Crítica a la revista Primer Acto por sus cincuenta años de vida, entregado por Salvador Távora, fue uno de los momentos cumbres de este año. El discurso de su fundador y director, José Monleón, colocó el nivel de compromiso de la práctica teatral en un lugar muy alejado de la actual tendencia a la comercialidad, y su gesto de dejar en el escenario el Premio para que fuera compartido, “por aquellos que cuando empezamos con la revista y actualmente siguen haciendo teatro pensando en la necesidad de defender la democracia”, fue la lección magistral de la noche.
Un linoleum verde
Por otro lado una sincera reacción de una creadora que recibió un doblete de premios, Elisa Sanz, acabó convirtiéndose en una de las comidillas posteriores, y abría de forma involuntaria el debate eterno sobre las votaciones, la cantidad de votos emitidos, las cirunstancias en las que se realizan y si existen consignas, lobbys o disiciplinas de voto para encubrar a unos o a otros.
Cuando Elisa Sanz se retiraba absolutamente emocionada con su Max al mejor vestuario por Pequeños Paraísos, de Aracaladanza, fue llamada por los presentadores para que volviera para recibir el Max correspondiente a la mejor escenografía por la misma obra. Entró desde cajas, lo recibió asbolutamente sorprendida porque aseguró que su trabajo había consistido en colocar un linoleum verde en el suelo.
Posiblemente ese tapiz o linoleum fuese fundamental, pero competía con dos escenografías muy elaboradas, de gran presupuesto, complejas y espectaculares que además formaban parte de propuestas de producción bastante relevantes y de importancia contrastable que habían girado por muchos escenarios.
Este año se ha notado que en danza, concretamente, se premiaron trabajos emergentes, frente a los nombres consolidados, aunque Blanca Li es la excepción con su Max a la mejor coreografía, y el resto fueron a Erre que Erre por el mejor espectáculo de danza por Escupir en el tiempo, y la correspondientes a la mejor intérpretación femenina y masculina de danza para Mar Gómez y José Jaén ‘El Junco’ respectivamente. Se da la circunstancia que el mejor espectáculo Infantil recayó también en Pequeños Paraísos de Aracaladanza, sin duda una de las triunfadoras de la noche.
Con otras tres estatuillas, se hicieron los de Animalario, que obtuvieron, por un lado el Max al mejor empresario o productor privado de las artes escénicas, por Marat-Sade, que se llevó también el de mejor espectáculo de teatro y el de dirección con el que se hizo Andrés Lima.
Escuela catalana
También con tres estatuillas se hicieron los miembros de Un enemigo del pueblo de Ibsen que se llevó el de mejor adaptación para Juan Mayorga, otro de losque acumularon premios ya que que repitió con el de mejor texto en castellano por El chico de la última fila que montó Ur Teatro. Francesc Orella fue el que recibió el Maxal mejor actor por su papel del doctor Stcokman en la obra ibseniana y Luis Delgado se hizo con el correspondiente a la mejor composición musical para espectáculo escénico por la misma obra producida por CDN.
Se da la paradoja de que los tres nominados para el mejor actor secundario eran compañeros en el reparto de Plataforma, el montaje de Calixto Bieito de la obra homónima de Michel Houellebecq, que al final recayó en Carles Canut que hizo su discurso de agradecimiento totalmente en catalán. Esta producción de la Fundació Romea ganó también el Max a la mejor iluminación realizada por Xavi Clot.
Los dos premios de interpretación femenina fueron a parar al reparto de Homebody/Kabul, la producción del Teatro Español con dirección de Mario Gas que recayeron en Vicky Peña como actriz protagonista por su espléndida interpretación en esta obra y el de actriz secundaria para Gloria Muñoz, una veterana actriz que siempre está bien en todos sus trabajos. El propio Teatro Español de Madrid, además de estos dos premios se hizo con el Max a la mejor dirección musical para Manuel Gas por Ascenso y caída de la Ciudad de Mahagonny y también el de mejor espectáculo musical por esta obra de Weil/Brecht.
Maite Aguirre, Inés Martínez de Iturrate y Santiago Ortega, ganaron el Max al mejor texto en euskera por Haur Kabareta, un trabajo musical para niños y niñas. Al recoger su manzana los agraciados cantaron una simpática cancioncilla de la obra.
El Premio Max Revelación que concede un jurado restringido y que trata de llamar la atención sobre compañías de las comunidades autónomas, se concedió en esta ocasión para los madrileños de La Quintana Teatro y su obra con lenguajes actuales Desde lo invisible.
El Festival Internacional de Teatro de Expresión Ibérico de Oporto, FITEI, fue premiado con el Max Hispanoamericano tras más de treinta años siendo el punto de encuentro de los autores y dramaturgias más innovadoras de ambos lados del océano .
El bailarín y coreógrafo aragonés Víctor Ullate recibió el Max de Honor por toda su trayectoria y agradeció el mismo recordando sus inicios y a todas las personas que han ido acompañando en su trayectoria.
La ceremonia fue tan entrañable, debido al tono de los dos actores que la presentaron, María Galiana y Carlos Álvarez Novoa como morosa en su ritmo. El guión se hilvanaba con frases y poemas de Machado, la escenografía eran tres trailers colocados en el escenario de donde surgían la s actuaciones, entre ellas unos pasajes de la obra de títeres gigantes Aullidos de Teatro Corsario, y en donde predominó de manera muy especial el baile y el cante flamenco, en un espectáculo dirigido por José María Roca.
Carlos Gil Zamora
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