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    Micomicón estrena en las Jornadas de Teatro de Siglo de Oro

    La vida de Lope de Vega
    a través de su obra

    Obra: Basta que me escuchen las estrellas.
    Autores: Laila Ripoll, Mariano llorente. Intérpretes: Manuel Agredano, Teresa Espejo, Marcos León, Juan Ripoll, Rebeca Sanz, Ana Varela.
    Escenografía: Arturo Martín Burgos. Vestuario: Almudena Rodríguez Huertas. Iluminación: Luis Perdiguero.
    Coreografía, asesoría musical: Marcos León.
    Producción: José Luis Patiño.
    Ayudante de Dirección: Antonio Verdú. Dirección: Laila Ripoll, Mariano Llorente. Producción: Producciones Micomicón. Lugar: Teatro Apolo - Almería.
    Fecha: 6 de marzo.
    Hora: 22.00.


    Mariano Llorente y Laila Ripoll han realizado un ‘Lope apócrifo’ empujados por el “inmenso cariño” que sienten por el Fénix

     

    Tras haber realizado a lo largo de su historia como compañía cinco montajes sobre textos de Lope de Vega, desde Los Melindres de Belisa (1992) hasta la más reciente Castrucho (2003), Producciones Micomicón ha regresado nuevamente a sus brazos para presentar, en esta ocasión, Basta que me escuchen las estrellas, un espectáculo en el que a través de su palabra, sus mujeres, sus cartas, sus canciones y su obra, se irán desgranando, como en un gran retablo, las grandezas y miserias del Fénix.

    Emocionante y vibrante

    Y es que a los miembros de la compañía madrileña Lope les resulta “emocionante y vibrante”, como dice Mariano Llorente, debido a que tiene una “capacidad versificadora incomparable; una construcción dramática que recoge todo lo que en su época está naciendo y reconstruye con ello lo que los estudiosos han dado en llamar el teatro nacional del Siglo de Oro con la edificación de ‘las tres jornadas’; además de esa mezcla maravillosa de comedia y tragedia, que si hasta la fecha se encontraban muy distanciadas, Lope los une y lo mismo te da un disgusto de muerte, en el sentido literal de matar a un personaje, como en la siguiente escena se muere uno pero de risa; y su tratamiento de las temáticas como el deseo, el amor, el movimiento de los bajos, el sexo, la venganza, la ambición, en las que hay reacciones humanas y conocimiento del corazón. Todo eso produce una riqueza emocional, sensorial, rítmica... teatral, tan grande que meterse a jugar con ello es de una enorme dificultad pero muy gratificante”.
    Por eso, porque les parecía que se la debían, Mariano Llorente y Laila Ripoll han configurado un espectáculo sobre este hombre al que describen como abundante en todo, en obras y en amores, en amigos y enemigos, en dudas, en dolores, en pobreza, en gloria, en agonías... Su vida fue apasionante: soldado, secretario, sacerdote, amante, marido abnegado, infiel impenitente, trasterrado, madrileño de pro, golfo, pecador, santo, teatrero, generoso, mezquino, luz y sombras del barroco, espejos que se multiplican, caudal inagotable... “La vida de Lope es muy entretenida, como una de sus comedias, muy agitada y muy dolorosa también. Se ha generalizado la imagen de que era un vivalavirgen que tuvo muchas mujeres y sí que las tuvo, pero también demostró una enorme fidelidad por todas ellas, siendo un buen esposo y un buen padre ya que era sorprendentemente moderno en su actitud para con la mujer. Y sufrió mucho, porque a pesar de todos sus amores, vio como todos sus seres queridos iban muriendo, hasta el punto de que creo que él mismo murió, no por enfermedad sino por falta de estímulo vital”, explica Llorente. Y es que, además, en palabras de la codirectora, todo el mundo tiene sus santos: “Empezamos con el Cancionero con personajes como Lorca, Azaña o Juan Ramón Jiménez. Luego hemos pasado por Santa Frida Kahlo, con el montaje que presentamos en la Cuarta Pared, Árbol de la esperanza y ahora estamos con San Lope de Vega. Es una racha que nos ha dado con los santos”.

    Tres jornadas

    Uniendo las dos caras de Micomicón que forman una sola, la de hacer indistintamente espectáculos clásicos y contemporáneos, han planteado la propuesta con una estructura, como no podía ser menos, en tres jornadas, divididas de forma cronológica, desde los inicios y el contacto con la commedia dell’arte y su conocimiento de Lope de Rueda, pasando por su actividad dramatúrgica y la creación de sus comedias más importantes, para, al final, realizarle un homenaje con una jornada de corte más contemporáneo. Tal y como explica Ripoll, “pese a que hay mucho de su obra no dramática, no se trata de un recital ni mucho menos, sino de una obra de teatro con personajes y desarrollo en tres códigos. El primero sería la primera jornada que refleja lo que Peter Brook bautizó como la tosquedad del teatro primitivo, los inicios del teatro en Madrid, Lope de Rueda, del arte de los zannis y la llegada de la commedia dell’arte, de ahí que trabajemos el clown, porque de alguna manera son sus herederos modernos. La segunda jornada es más convencional en el sentido de una comedia del siglo de oro, con su estructura y versificación, donde se representan pasajes de obras como La dama boba. Y la tercera, es puramente contemporánea, que tiene más que ver con ‘Atra bilis’ o ‘Todas las palabras’, cualquiera de los textos nuestros que hemos llevado a escena. Esa es la apuesta que más nos seduce, ya que es un cambio de código”.
    Asimismo, han querido respetar la estructura del teatro barroco, incluyendo una loa, bailes, canciones y rupturas, un recurso del que Ripoll dice que se nos antoja muy moderna pero que ya la hacían en el XVII. “En realidad no hemos inventado nada”, sentencia. Al hilo de esto, asegura que se trata de un espectáculo cuyo espacio ideal sería uno no convencional, no a la italiana, que pudiera tener público alrededor, que no hubiera esa separación tan grande entre el actor y el espectador. “Eso es algo del siglo XIX, del romanticismo. En los corrales la gente estaba de pie, por todas partes, incluso apoyada en el escenario, y había una interacción entre lo que estaba pasando arriba y abajo. Por desgracia, actualmente no disponemos de este tipo de espacios”, dice Ripoll.
    De este modo, Arturo Martín Burgos ha confeccionado una escenografía que es una reconstrucción “absolutamente estilizada” de lo que es un corral de comedias, mientras que el vestuario es de Almudena Rodríguez Huertas, con quien Ripoll había trabajado en el montaje de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, Del rey abajo ninguno, que ha realizado unos diseños que en palabras de Ripoll “conectan la tosquedad de la que hablábamos con el punto de los cuadros de Velázquez, Zurbarán e incluso Caravaggio”.

    Borja Relaño

     

    Junto al estreno de Basta que me escuchen
    las estrellas, la presencia de Laila Ripoll en las
    Jornadas de Teatro de Siglo de Oro se completa con la presentación del espectáculo ‘Del rey abajo
    ninguno’, que ha dirigido para la Compañía Nacional de Teatro Clásico. “La sensación es muy distinta. –dice Ripoll– una es un proyecto circunstancial en el que también te dejas el hígado, pero la otra es
    tu cariñito, tu hijo, tu vida. Además, ‘Del rey abajo ninguno’ ya está estrenada y está funcionando muy bien. Por otra parte, las dos estarán relacionadas de alguna manera, al haber en la del CNTC actores que han pasado por Micomicón, y en ‘Basta que
    me escuchen las estrellas’, fragmentos grabados de voces de actores que participan en la producción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico”.

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