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Artez febrero 2008
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    En los quince primeros años de Santiago a Mil

     

    Una de las maneras de empezar cada año teatralmente más recomendable es acercarse a Santiago de Chile, para asistir a su festival internacional de teatro ‘Santiago a mil’, que empezó casi con un reto , y que acaba de terminar el pasado día su edición número quince que empezó el día 3 con Italia como país invitado.
    Los pocos días que pudimos estar en esta ocasión nos sirvieron para ver otra perspectiva de la realidad teatral chilena y las propuestas presentadas nos ayudaron a entender mejor la evolución del teatro en todas sus vertientes. Incluso ver la estructura organizativa, la programación, las colaboraciones de las diversas entidades, su extensión, la incorporación de manera eficaz de la producción propia, nos provoca también a la reflexión sobre el sentido de un festival dentro de sus circunstancias sociales, económicas y políticas, poniendo la mirada en el bicentenario del nacimiento de la República de Chile que tendrá lugar en 2010.

    Lo que vimos

    Diecinueve espectáculos internacionales, procedentes de trece países, dos grandes espectáculos de calle, tres espectáculos de danza y catorce montajes chilenos, uno de ellos en coproducción con el Festival. Estos son los datos, a los que deberíamos añadir la participación de los públicos en cantidades cada vez más significativas. De Italia se han programado el Enrico V de Pippo Delbono, estuvo el Piccolo Teatro de Milano con el histórico montaje de Arlecchino, servidor de dos patrones con dirección de Giorgio Strehler y la actuación del legendario actor Ferrucio Soleri; una revisión de Fasbinder en Rumore rosa, una obra peculiar por su técnica, Madre y Asesina a cargo de Teatrino clandestino, que tiene ya una larga trayectoria internacional pues ya vimos hace unos años en el Mira y le hicimos la reseña oportuna y una experiencia absolutamente impresionante proporcionada por Societas Raffaello Sancio y su inquietante BR#04 Bruxelles. IV Episodio (Tragedia Endogonidia), donde en un espacio frío, como de gran depósito de cadáveres, se suceden una serie de acciones que van del quietismo más absoluto a la violencia más inusitada. Duro y bello, en dosis iguales, abriendo un gran debate sobre las tendencias actuales del teatro, sus fusiones, su regusto por el hiperrealismo, el uso del tiempo real, la premiosidad, la infra-actuación, una relación de baja frecuencia emocional con los públicos, pero a la vez provocando descargas de adrenalina en dosis concentradas. Muy interesante en todos los conceptos.
    En ruso, con doblaje al español, la compañía del Festival Chéjov de Moscú, con la puesta en escena del británico Declan Donnellan de Noche de Reyes, en un espacio escénico casi vacío, con un juego de cortinas y vestuario entre el blanco y el negro, con unas pinceladas de más calor en unos cremas del vestuario de la segunda parte, con un equipo actoral íntegramente masculino de gran nivel. Una teatralidad en el gesto, en la organicidad, una celebración festiva y rigurosa del teatro de texto puesto en acción, de la gran escuela rusa interpretativa y la libertad creativa.
    Llegó con bandera alemana, pero su directora es argentina, Constanza Macras, y una compañía Dorky Park, compuesta por bailarinas de diferentes nacionalidades, un trabajo de gran colorido, Sure, Shall We Talk about It?, con música en directo, mucha energía sobre el escenario, historias corales, con la intersección de las particulares, con todos los estilos, en momentos muy popular, pero sin olvidarse de la técnica bien expresada y canalizada, y la actuación más interpretativa.

    Teatro chileno

    De Chile vimos la coproducción del propio Festival con Teatro Cinema, formado por algunos de los componentes de La Tropa, que en esta ocasión parte de Sin Sangre un texto de Alessandro Baricco (que estuvo en Santiago haciendo una lectura dramatizada de otra de sus obras). Se trata de un intento de fusión entre cine y teatro, entre lo virtual o pregrabado y plano y lo corpóreo, tridimensional y real; mesas, atrezzo, actores, para narrar una historia de venganzas, con mucha violencia, donde el perdón desaparece como opción de vida de unos personajes marcados por el destino. Sentimos como la forma y la técnica prevalecía por encima de otras posibilidades.

    "Las actividades paralelas van confiriendo un mayor calado al conjunto del festival, y entre ellas la escuela de espectadores proporciona la posibilidad de encuentros directos con los directores de los espectáculos".


    Disfrutamos de un trabajo muy contundente de Ramón Grifero, Fin del Eclipse, con el Teatro de la Universidad Católica, con mucha teatralidad, un juego de situaciones que van partiendo desde casi una excentricidad escénica para devenir en un acto de conciencia colectiva. Un trabajo selectivo de situaciones que van encadenándose.
    Fridrich Schiller es la inspiración de Calias, que Teatro La Puerta con dramaturgia de Rolando Jara y dirección de Luis Ureta plantean una búsqueda de la belleza y la manera de expresarse dentro de los cánones, en una propuesta quizás algo difusa en sus lindes estéticos, con unas mezclas de estilos que no acaban siempre de armonizarse.
    Quizás nos pareció más interesante lo que apuntaba que los logros concretos, por lo que se debe confiar en una evolución hacia mejor, ya que se apuntan elementos suficientes para esta esperanza, al igual que se constata a un equipo actoral suficientemente entrenado para estos menesteres y para el uso de los lenguajes escénicos propuestos.
    Dentro de los emergentes chilenos vimos a Moisés Angulo dirigiendo, Woyzeck: por una razón a la fuerza, en un espacio muy singular, con mucha implicación física en la interpretación, en claroscuros y tenebrosidades, con un lenguaje directo, donde prevalece la agresividad, pero que justamente en sus imperfecciones, en su verdad escénica, en la entrega de los intérpretes, en al disposición espacial, el uso de la iluminación y el espacio sonoro, se convierte en algo bello en su rudeza y una manera muy expresionista de mostrar su ambiente militar asfixiante, alienante y violento sin concesiones.

    Carlos Gil Zamora

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