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Un espectáculo circense que ofrece razones para vivir feliz
La representación aborda el hundimiento de los valoresl
La Compagnie Le Printemps des croque-morts recala el último día de febrero en la Sala Ambigú de Valladolid para presentar el espectáculo Le Parti Pris des Choses, una creación que surge del trabajo realizado tomando como base el gesto, el circo la danza y la tendencia hacia nuevas formas de teatralidad por parte de Céline Lapeyre, François Lebas y Nicolas Mathis, autores y actores de esta creación que ellos mismos dirigen. El grupo francés toma como base la obra poética del mismo título del autor contemporáneo Francis Ponge de la que extraen la cita: “Se debería poder dar a todo poema el siguiente título: razón para vivir feliz”, los códigos y las formas convenidas están superadas por una relación viva con la materia, rica en color, reveladora de corporalidades y de personalidades singulares.
El espectáculo que hace referencia a la idea de afirmación de la voluntad individual a través del arte, tiene su origen en el trazado de líneas estéticas definidas por ellos mismos como “materialista, hedonista e individualista”, para proponer a partir de esos conceptos una mirada hacia el juego, la ironía y el placer. Con ese punto de partida abordan diferentes cuestiones y reflexiones en torno a los cuales “nuestras respuestas (siempre subjetivas y parciales) se presentan inicialmente, como poemas coreográficos”, apuntan.
Malabares reinventados
Los dos malabaristas y el trapecista someten a los personajes a una problemática que es, por derivación poética, “aquella que nos alimenta y da un apoyo ético”, ya que hacen frente al hundimiento de los valores e intentan, más allá del desencanto, recrear un ser unido. Sin embargo, ello les lleva a preguntarse “¿Cómo hacer frente al mundo cuándo las viejas armas destruyeron las ideologías y vienen a condicionar la vida? “ y “¿Cómo reconciliar el menosprecio de las ilusiones colectivas y el miedo de alienarse en la soledad?”.
Cuando no les queda más que sus cuerpos cruzados por el impulso de la vida, los cuerpos de los tres artistas se olvidan y se proyectan para convertirse en emisores de señales que realizan el presente y fabrican el futuro. Los encuentros se organizan y cada uno se pierde en el territorio del otro para experimentar una manera de salir de sí mismo.
La compañía propone como punto de partida de la exploración un trabajo basado en el malabarismo, aunque también utilizan otros recursos como el trapecio, la composición, el compromiso físico y el accidente. Sin embargo, su creación contempla una reinvención de juegos malabares expresivos, que se plasman en un lenguaje portador de ambigüedad y de desequilibrio encaminado a fundar preceptos, es decir, a cuestionar directamente a la sensibilidad. Ellos mismos reconocen que en sus creaciones no existe “una evolución temática lineal ni de continuidad por las variaciones como ocurre a menudo en el malabarismo tradicional e incluso moderno... La composición no encuentra su sentido en una lectura causal sino en una coherencia general de las impresiones que genera”.
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