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Drama carcelario en el que prima la humanidad
Obra: Dile a mi hija que me fui de viaje. Autor: Denise Chalem.
Interprétes: María José Goyanes, Marta Belaustegi, Marina Andina.
Escenografía: José Luis Raymond. Vestuario: Elisa Sanz.
Iluminación: Jesús Garcia, Carlos Fajardo.
Traducción: Lourdes Ortiz.
Dirección: Jesús Salgado.
Producción: Teatro del Duende.
Lugar: Auditorio Ciudad de León.
Fecha: 2 de febrero.
Hora: 21.00. |
María José Goyanes y Marta Belaustegi juntas en una celda
Bajo el título Dile a mi hija que me fui de viaje, encontramos la obra dirigida por Jesús Salgado, una traducción del texto de la francesa Denise Charlem, ganadora en 2005 del prestigioso premio Molière, una obra escrita por una mujer, que habla sobre mujeres y que va dirigida a las mujeres. La obra narra la historia de dos mujeres que están encerradas en la celda donde trascurre la acción. Dos mujeres que se encuentran en una misma situación por circunstancias diferentes y sólo la aparición de la carcelera interrumpirá sus momentos de confesiones, gestos, secretos...
La obra que se estrenó en octubre del pasado año, visita este mes el Auditorio de la Ciudad de León para contar la historia de Dominique, interpretada por María José Goyanes, y de Caroline, encarnada por la actriz Marta Beraustegi, que están condenadas a encontrarse entre las cuatro paredes de una celda. Una mujer más las acompaña en el reparto, pero no en el confinamiento, se trata de la carcelera, a quien dá vida María Andina. Caroline y Dominique, son dos mujeres que en otra situación jamás se hubiesen encontrado pero el destino y sus actos las ha llevado a convivir juntas estos últimos años. El tiempo se convierte casi en el cuarto personaje, puesto que en el mundo carcelario éste deja de tener la importancia que tenía cuando eran libres, o cuando menos la apreciación del mismo es diferente. La única manera de ver el cambio en ese tiempo en el exterior es una pequeña ventana donde ven pasar la noche y el día y viceversa.
Dominique, que proviene de la clase baja, lleva siete años en prisión, y no ve con buenos ojos la llegada a la celda de Caroline y sus maneras grandilocuentes. Pero al final los días que pasan juntas en ese reducido espacio hará aflorar una unión que no habría podido darse de ninguna otra manera. Así se encuentran compartiendo gestos, risas, secretos, confesiones... que se convierten para ellas en pequeñas huidas de un mundo que les ha tocado compartir y que al final siempre acaba atrapándolas, aunque más fuerte que esa cruda realidad será la humanidad de sus encuentros.
Silencios que importan
Esta es una representación en la que los gestos, los silencios y las miradas cobran una gran importancia, precisamente de lo que no se dice nace esta amistad entre Caroline y Dominique, por lo que esos silencios son tan importantes o más que el mismo diálogo. Aunque pueda parecer una situación triste, paradójicamente el humor no falta entre las protagonistas que hacen disfrutar al espectador con situaciones divertidas y conmovedoras.
Los gestos no son el único elemento importante ya que la falta de sonido hará que el golpe de una taza en el muro, los cantos, los sonidos de las pisadas, el tintineo de las llaves, las puertas que se abren y se cierran, les haga recordar que fuera hay un mundo que está vivo, y que sigue adelante sin ellas. Denise Chalem ha querido contar en esta obra “la vida de estas mujeres que representan a muchas otras”, deteniéndose un momento en ellas para compartir así ese coraje cotidiano que les pone a prueba una y otra vez.
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