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XVIII Festival Internacional de Narración Oral
Cuenta con Agüimes
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Reírse sin sentirse tonto
Luciano Federico nació en Sicilia es Diplomado por la Escuela de Arte Dramático de Bologna y graduado por el Instituto del Teatro de Barcelona. Además de dedicarse a contar cuentos también es experto en esgrima teatral. Domina varios idiomas como el siciliano, el italiano, el español, el inglés, el francés y el catalán. En teatro ha dirigido obras como ‘El bugiardo’ de Carlo Goldoni o ‘Colombia’, pero también ha pasado por el cine con nombres conocidos como ‘Angustia’ de Bigas Luna o ‘La Caja 507’ de Enrique Urbizu, y en televisión en ‘Puerta con Puerta’ o ‘Todos los hombres sois iguales’. Su última representación es un espectáculo “mágico-cómico en el que el público se ríe sin sentirse tonto. La ironía, la poesía, la locura, el humor, la magia visual, y el visceral-volcánico-cómico de mi ser siciliano, forman el haz de luz de ese foco crítico que desde hace años me proyecta siempre hacia la misma reflexión: La supervivencia está en el positivismo de la imaginación”.
Algo parecido le sucede con el cuento al que tiene gran cariño ‘Imbécil’ de Raymond Devos, “porque, la gente se ríe sin sentirse tonta”. Federico tiene un gran interés por despertar este sentimiento entre el público, ese poder reírse de algo sin preguntarse lo que piensan de uno.
Eso sí, este es su presente, pero lleva mucho tiempo dedicándose al mundo del arte, sobre todo al arte escénico, y esto de la narración oral lo hace por “ganas de sanar comunicando. Como dice Rubén Blades: “Si naciste para martillo del cielo te caen los clavos. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida...” Un narrador es una tabla de colores”.
En los muchos años que ha viajado por el mundo contando historias, ha llegado a vivir y recopilar multitud de anécdotas, pero recuerda una por encima de las demás. “Cuando actué en Barrancabermeja, (Colombia), estábamos yo, el público y millones de mosquitos. Y de vuelta a la capital me pararon los militares, creyendo que yo fuera un guerrillero. Unas risas…”.
Con esta larga trayectoria sobre sus espaldas, Luciano Federico no ve ninguna objeción para que la narración oral se siga desarrollando, y siga creciendo en el futuro, al igual que ha ido haciendo todos estos años. Sólo dice que “mientras que las nucleares, las clonaciones y los transgénicos nos dejen el uso de la lengua”. Para él la vida de la narración oral es larga, y largo es también el camino que ha recorrido hasta llegar a donde está hoy en día.
| Hey! Vamos lokos, lokos. Lokos. Bueno, es que desde hace mucho tiempo me he dado cuenta de que me voy repitiendo: Tengo que hacer esto, tengo que hacer lo otro, tengo que hacer lo de más allá, pero nunca hago nada. Claro, son tantas las cosas que tengo que hacer que no me da tiempo de hacer nada. Esta mañana me he levantado decidido, me he mirado seriamente al espejo y me he dicho: Eh, tío, deja ya de decir tengo que..., tengo que..., tengo que..., y haz algo. Y entonces me he dicho: ¡Es verdad! ¡Tengo que, hacer algo! |
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