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XVIII Festival Internacional de Narración Oral
Cuenta con Agüimes
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Reflexiones para compartir
Uno de los espectáculos que llega al XVIII Festival Internacional de Narración Oral Cuenta con Agüimes es este A quien corresponda de José Manuel Garzón Hernández. Este título da pie a “una serie de historias desde las cuáles hago reflexiones sobre las cosas que me preocupan, sobre todo en la falta de confianza a mostrarnos como realmente somos y que nos lleva a enmascararnos de alguien que en el fondo sabemos bien quién es. No dejan de ser reflexiones mías, no pido que la gente esté de acuerdo con ellas, sólo las lanzo sobre el tapete del escenario, yo me desahogo, y que la gente haga con ellas lo que quiera”. Los que se acerquen a presenciar esta representación podrán ver algo que él mismo califica como “un canto al amor, a la complicidad, y un homenaje a la gente que quiero”.
Así acostumbra a trabajar, bebiendo de todas las fuentes y “cuando encuentro algo que a mí me parece interesante enseguida se me crea la necesidad de contárselo a los demás”.
Esa necesidad de contar las historias y las ideas que llevaba dentro es lo que hizo que entrase en el mundo de la narración oral “cuando uno escucha por primera vez a un narrador, se da cuenta de la magia que posee el hecho de poder comunicarse de una manera tan directa con la gente, uno se da cuenta que tiene muchas cosas que decir y ve que hay gente que quiere escucharlas y a partir de ahí vas encontrando tu forma de decirlas”.
Pero las cosas también se cuentan dependiendo quién tengas delante. “A mí me gusta contarle a toda clase de públicos, pero encuentro siempre entre los adolescentes al público que más se sorprende de que les narres cosas, quizás porque ya tienen demasiado lejano el referente de la persona mayor que contaba historias en las noches de verano bajo las estrellas o en invierno junto al calor del fuego o de la estufa”.
Y de todos esos cuentos contados a tantos públicos diferentes, hay uno que Garzón destaca de entre los demás; uno que ha significado mucho para él. ”Un cuento creado por mí, sobre la figura de mi padre. Llevaba mucho tiempo queriendo escribir y narrar parte de mi niñez y hasta que no me he sentido cómodo no he podido hacerlo. Cuando uno narra historias de la memoria emotiva, se enfrenta a cosas que uno quiere contar y a otras que no, pero que tú sabes que están ahí”.
Pero no solo cuenta, como todos los narradores orales, también escuchan otros cuentos, y ahí también son capaces de tener anécdotas que recordar, como una que recuerda José Manuel Garzón, cuando estaba viendo “a un compañero narrando una historia basada en un hecho real y encontrarme yo entre el público sentado al lado de los hijos del protagonista de esa historia sin que el narrador supiera que estaban allí”.
En su larga carrera ha sido Director de la Escuela de teatro La Carátula-Jové. Desde hace doce años es profesor de técnicas teatrales, habiendo investigado las nuevas formas del aprendizaje teatral. Y por si esto fuera poco, hace cinco años que dirige el Aula de Teatro de la Universidad Miguel Hernández. Con su experiencia cree que “a mi me parece que se ha ido afianzando el acto de narrar, si antes cuando se hablaba de cuentos sólo se pensaba en niños, ahora todo el mundo sabe que existen los ‘cuentacuentos’ que narran por bares, bibliotecas, Institutos, colegios, teatros; cada vez hay mas Festivales que se mantienen durante años. A partir de todo esto se ha creado una profesión que vive de esto. Yo creo que van a salir más narradores y para ello se tienen que preparar bien, que el acto de narrar no es subirse a un escenario y hablar, es tener una filosofía de vida y comunicársela a los demás por medio de historias bien contadas”.
| Era una niña de cuatro años, con los ojos redondos y grandes como dos lunas. La niña estaba jugando en el suelo y le dijo a su abuelita, ”Abuelita tienes un hilo colgando del vestido”, la abuelita miró, cogió el hilo y comenzó a tirar, y a tirar y tanto tiró que su vestido entero se destejió, pero el hilo misteriosamente seguía fluyendo y la abuelita siguió tirando, y tiró y tiró y tanto tiró que la abuelita entera se destejió, y sólo quedó de ella una niña de cuatro años con los ojos redondos y grandes como dos lunas. |
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