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XVIII Festival Internacional de Narración Oral
Cuenta con Agüimes
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Esclavo de la narración
Este alicantino que vive a caballo entre su ciudad natal y su Albacete de adopción nunca dejó de escribir historias. Su verdadero nombre es Pablo Pérez, pero tomó el apellido Albo del grupo que fundó en 1994 con dos amigos. Al poco tiempo quedaron solo dos y juntos recorrieron España contando historia durante diez años, hasta que se disolvió. Desde entonces Pablo Albo no ha parado y así lleva tres años, dedicándose únicamente a contar cuentos.
Podría decirse que nació ya contando historias pero se convirtió en lo que hoy es “por debilidad de carácter, claro. Si uno fuera como es debido terminaría por trabajar en algo decente. Pero no tienes elección. Las palabras te van enredando, enredando hasta que quedas plenamente a su servicio. La narración esclaviza. Cuando empecé contaba cuentos míos y de otros. Desde unos años para acá, los cuentos que incorporo a mi repertorio los escribo yo”.
Aún así, sus cuentos también están sobre el papel. Nunca ha dejado de escribir, tanto para niños como para adultos, y esta variedad de público al que se dirige hace que no tenga predilección por alguna audiencia en particular. “Hay contextos en los que me gusta trabajar y sitios donde tengo la impresión de tirar las palabras, de malvender historias. Hay veces que no se entiende que esto de la narración es un arte rematadamente frágil. Se necesita partir de unas condiciones favorables. No son grandes cosas, silencio e intimidad principalmente, pero son imprescindibles”.
Escritor, narrador oral y también colaborador con la Cadena Ser Alicante y con Cadena Ser Noroeste. Así ocupa Pablo Albo su tiempo de cuentista, y como si de un padre se tratase le es imposible decantarse por alguno de sus cuentos. “Quiero a todos por igual. Si nombrara a uno, los demás se pondrían celoso y se me trabarían la próxima vez que intentara contarlos. Normal, yo haría lo mismo”.
Los cuentistas, narradores orales o cuentacuentos, cada uno que elija el término que más le guste, tienen que vivir en un mundo de ilusión e imaginación, pero también estar atentos a lo que sucede a su alrededor. “Creo que tras una expansión de la narración, en los últimos años se está produciendo una expansión de los narradores. Creo que hay demasiada gente que no entiende lo que es contar un cuento pero ve negocio en ello. Y lo peor es que no se diferencia. Y lo peor aún es que los propios narradores no tomamos cartas en el asunto. Estamos todos en el mismo saco, los especuladores de la palabra, los buenos narradores, los chico-para-todo, las buenas narradoras, los principiantes, los que aburren a las piedras, los que emocionan los tuétanos, los que hacen de la narración su oficio, los que prostituyen sus palabras, los que se venden por nada... todos juntos”.
Este año le podemos ver en Agüimes con su nuevo espectáculo llamado Humedades.
Decían que nuestra relación era tormentosa, pero se equivocaban: era volcánica. Cada vez entrábamos en erupción, las lenguas, como ríos de lava, recorrían la piel abrasándola. Estallaban los besos. Llegaba el calor y terminábamos ardiendo, los dos, enteros.
Pero nuestra relación era volcánica no sólo por ardiente y arrebatada. Por una extraña razón, nuestra pasión volcánica era contagiosa. Tras cada encuentro, nosotros amanecíamos abrazados y algún pueblo amanecía arrasado, abrasado por un volcán de verdad.
Nos fuimos apagando. Fue venciendo la culpa.
En cuanto dejamos de vernos el mundo contempló la calma de los volcanes. Recuperaron su ritmo imprevisible, ancestral y secreto.
Pero eso no lo solucionó todo. Ahora la busco. No sé qué ha sido de ella. Es importante. Desde que nos separamos, empezaron a expandirse los desiertos. |
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