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XVIII Festival Internacional de Narración Oral
Cuenta con Agüimes
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Cuentista por casualidad
José Campanari nació y creció en el popular barrio de Chacarita, en Buenos Aires, Argentina, y desde 1998 está afincado en Santiago de Compostela. Creció entre juegos de calle y “sueños infantiles, de esos que se tienen a partir de la inevitable pregunta de los mayores: ¿que vas a ser cuando seas grande?”. Mientras estudiaba arquitectura tropezó con las Artes Escénicas y se dejó llevar por ellas. El teatro le llevó a la expresión corporal, de ahí paso a la danza, y después llegaron el canto y la música, todo esto hizo que en su vida apareciese el “arte de contar historias”.
Admite que llegó a los cuentos “un poco por casualidad, comencé impartiendo cursos de lenguaje no verbal a narradores. Asistí a diversas sesiones de cuentos, para ver cuáles eran las necesidades reales. Luego de un tiempo de trabajar en esto me invitaron a contar, como aficionado, en una maratón y la experiencia me resultó reveladora, todos esos años de formación en teatro, expresión corporal y otras expresiones artísticas me llevaban a contar historias de viva voz. Después de un año de explorar esta actividad en talleres, comencé a montar un repertorio propio y empecé a contar”.
De sus cuentos dice que “son historias propias basadas en recuerdos familiares, una mezcla entre realidad y ficción. En su mayoría son historias que suceden en Chacarita (un barrio de Buenos Aires, donde nací y me crié). También hay algunas que son recreación de historias bíblicas y otras que surgen de mi imaginación sin más”. Y precisamente de entre sus cuentos, dos de ellos los cuenta con un afecto especial. “Uno es sobre una tarde de sábado que, viendo una película, descubro lo que quiero ser cuando sea grande. Este es un recuerdo de infancia de esos que nunca se olvidan y que es un gusto poder contarlo al público. El otro es “Sígueme (una historia de amor que no tiene nada de raro), que después de varios años de contarla se ha convertido en un álbum ilustrado por Roger Olmos y publicado por la editorial OQO”.
En su larga trayectoria como narrador oral, ha contado ante un público variopinto, pero tiene clara su preferencia. “Prefiero contar para público adolescente y adulto. El público adolescente me encanta. Me gusta ver como van pasando de una expresión distante y algo ausente, a zambullirse en la historia en cuanto empiezan a identificarse con algo de lo que escucha”.
Y entre todos esos viajes y actuaciones también tiene tiempo para contar alguna que otra anécdota. “Quizás la más curiosa o simpática, es una sesión que realicé en una Biblioteca, para público femenino. Todas mujeres de más de 55 años que casi no me dejaron hablar, cada vez que comenzaba alguna historia había algo que les conectaba con sus propios recuerdos y comenzaban a contar sus historias”.
Considera que “la narración oral es un arte muy antiguo que se está llevando al campo de la escena y de la educación, readaptando a los tiempos que corren y que todavía se está revisando e instalando en un nuevo formato que no se sabe muy bien hacia donde irá. Espero que suceda lo que suceda las historias contadas de viva voz, gocen de buena salud ahora y siempre”.
Había una vez dos hombres en una biblioteca. Uno quería leer un libro, el otro pensaba. El que quería leer un libro, se puso las lentes de contacto.
Pero no pudo leer. El otro pensaba. El que quería leer un libro, se puso las gafas de ver de cerca. Pero no pudo leer. El otro pensaba. El que quería leer un libro, se puso las gafas de ver de lejos. Pero no pudo leer. El otro pensaba. Por fin, el que quería leer (un libro, se entiende) se puso las gafas de ver de cerca sobre las lentes de contacto y encima las de ver de lejos.
Pero no pudo leer. -¿Por qué no cogerá un libro, si lo que quiere es leer?- el otro pensaba. |
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