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Los muertos suizos
París recibe anualmente a algunas de las mejores compañías españolas y latinoamericanas para dejar constancia de las dramaturgias expresadas en español. Esto es posible dentro del ámbito del Festival Quijote que organizado por Zorongo el pasado día 6 de diciembre terminó su décimo sexta edición con Micomicón y su espectáculo de Laila Ripoll y Marinao Llorente, Cancionero republicano. Este encuentro parisino es un hito, que propuso desde el 24 de noviembre una serie de actuaciones convocadas bajo el espíritu de ‘La luz de la memoria’ que se encargó de recordar los sesenta años desde la celebración en 1937 en valencia del II Congreso de Escritores Antifascistas.
Autores y creadores
Una Obra de Pablo Picasso, El deseo atrapado por la cola, a cargo del Centro Andaluz de Teatro, en coproducción con el propio CAT y Producciones Imperdibles, Zenobia de Gema López y José María Roca, una bella historia de amor entre Juan Ramón Jiménez y su mujer. García Lorca, por partida doble, Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, a cargo de Histrión Teatro, o la compañía francesa invitada La Mantoure y su Une nuit en Granade, sobre los últimos días de Lorca.
Autores contemporáneos como Juan Copete y su estremecedor Soliloquio de grillos, Titzina Teatro y su obra de ceración, Entrañas, o el magnífico trabajo de la Compañía Arrieritos Danza, 13 Rosas, tres obras centradas en la guerra civil como referencia, y las tres protagonizadas por mujeres.
De Chile llegó Teatro La Provincia con un trabajo firmado por Soledad Lagos, La Patria Cuerpo, que utiliza los datos de un informe oficial sobre los torturados y desaparecidos durante la dictadura pinochetista, expresado escénicamente de una manera realmente imponente. También se pudo escuchar el verbo contundente de José Hierro y su Cuaderno de Nueva York, que presentaron los componente de la Sala Itaca.
Como compañía homenajeada, se encontraba Teatro Corsario, que era su cuarta presencia en el Festival Don Quijote y que acudía con uno de sus mejores espectáculos, Celama, basado en tres novelas de Luis Mateo Díez, el cual estuvo presente en París, y junto al adaptador y director del montaje, Fernando Urdiales dieron una conferencia en la universidad de la Sorbone, con presencia de autoridades culturales y de educación de la Junta de Castilla y León y ante un auditorio muy nutrido de conocedores de la obra del leonés, así como hispanistas de larga trayectoria.
Fue en esa conferencia donde el escritor miembro de Real Academia de la Lengua Española, dio algunas de las claves para entender su obra, sus impulsos estéticos, las referencias vitales, la memoria desde la que construye esos mundos tan aparentemente orillados en la realidad, que forman los habitantes de ese recio espacio llamado Celama y habitado por muertos, que todavía no han pasado al estadio de la no existencia.
Almas puras
En el coloquio explicó Luis Mateo Díez como una vez en una población suiza, en compañía de otros escritores les llevaron a dormir a un hotel medio abandonado y por la noche se les aparecieron espectros, de otros seres que habían perecido en ese lugar y que rondaban por los jardines, “debían ser clientes del hotel porque iban con sus maletas. Estaban muertos, pero eran muertos suizos, eso lo puedo asegurar”.
Dos representaciones del montaje tuvieron lugar en el Café de la Danse, sala donde se hicieron la mayoría de las funciones, y volvió a mostrar sus calidades teatrales, la buena adaptación, la riqueza textual, los matices de la dramaturgia, una buena iluminación y una interpretación que logra llegar hasta lo más profundo de los espectadores.
Una de las mejores obras de los últimos años en la escena española y que no tuvo un recorrido muy amplio por los escenarios, que demuestra su vigencia por la calidad de todos los elementos concurrentes.
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