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Revista de las Artes Escénicas
Artez 128. diciembre 2007
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    Amargo retrato social

    Obra: Luces de Bohemia.
    Autor: Ramón María del Valle-Inclán. Intérpretes: Ricardo Joven, José L. Esteban, Rosa Lasierra, Jorge Usón, Francisco Fraguas, Javier Aranda, Gabriel Latorre.
    Escenografía: Tomás Ruata.
    Vestuario: Beatriz Fernández Barahona. Iluminación: Bucho Cariñena.
    Música: Miguel Ángel Remiro. Dirección: Carlos Martín.
    Producción: Teatro del Temple.
    Lugar: Zornotza Aretoa - Amorebieta-Etxano.
    Fecha: 1 de diciembre.
    Hora: 20.00 horas.

     

    Teatro del Temple presenta la obra cumbre del esperpento
    ‘Luces de bohemia’ incide en la degradación de la realidad
    La obra retrata el Madrid de principios del siglo XX

    Joseba Gorostiza

    La obra Luces de Bohemia, con la que Valle-Inclán instauró y alcanzó la cúspide del esperpento, estilo que el propio autor creó aunque en las últimas escenas del texto atribuye su paternidad a Goya, y que más que un género literario como tal constituye una nueva forma de ver el mundo, a través de la degradación de la realidad de la que aporta una visión amarga, se presenta en una nueva producción de Teatro del Temple. Individuos turbulentos y situaciones grotescas se suceden a lo largo de la tarde-noche y la madrugada en las que se ubica temporalmente la representación y durante ese espacio de tiempo el poeta ciego Max Estrella, que sale de su casa para protestar por la venta de unos libros se reúne con Latino de Hispalis, su amigo y representante, y con el resto de personajes nocturnos, pululan por el Madrid más sórdido.
    A lo largo de esa noche Max Estrella y Latino van encontrándose con todo el lumpen de la ciudad, desde delincuentes a ministros pasando por prostitutas, proletarios mal pagados, policías o periodistas que, en definitiva, constituyen un microcosmos completo de la sociedad española de principios del siglo XX, de la que realiza una fuerte crítica, y que no se distancia tanto de la de la actualidad.

    Vía Crucis con guiños

    Luces de Bohemia es una bajada a los infiernos en una búsqueda de la esencia del discurso humano o, tal y como indica el director d
    el espectáculo, Carlos Martín, “se trata de un Vía Crucis en 15 etapas” que completan Max Estrella y Latino, aunque añade que “toda la representación está plagada de momentos humorísticos, que incluyen un humor más cercano y más actual consistente en guiños amables”. En la construcción de un marco brechtiano en el que tiene lugar esta epopeya esperpéntica, Teatro del Temple no ha pretendido colocar a Max Estrella “como a un gran héroe sino que es un personaje que, al igual que todos los que le rodean, hace lo que puede. Es más humano y como él mismo dice antes de morir ‘tenía que entrar en esta bolsa de las víboras’. Y por lo tanto también está ‘contaminado’ y participa de este mundo que le envuelve”.

    Retrato deforme

    La versión que presenta la compañía aragonesa se mantiene fiel a la pieza y al argumento originales creados por Valle-Inclán, donde presenta un retrato deforme de personajes truculentos que son protagonistas de situaciones grotescas, aunque el aspecto más significativo del espectáculo que presenta Teatro del Temple radica “simple y llanamente, en acercar la obra un poco más; hacerla más contemporánea pero sin caer en modernidades. Lo que hemos hecho, en sustancia, ha sido despojarla de la capa costumbrista que creemos que en otras ocasiones ha llevado aparejada la puesta en escena de Luces de Bohemia”, apunta Martín.
    El espectáculo, aunque respeta la estructura original tanto del texto como de las escenas, se sitúa en una atmósfera más atemporal, lo que tiene su origen en una “recolocación escénica del texto original” y permite que “la dramaturgia llegue al público de una manera más inmediata y reconocible”, destaca el director.
    En ese sentido, esta propuesta presenta dos características claramente diferenciadoras que tienen la finalidad de transportar al espectador directamente hasta los aspectos centrales y a los conflictos que la obra plantea. Por un lado, muestra una escenografía muy simple que cuenta únicamente con cuatro estructuras que permiten mostrar exteriores o interiores con sólo girar las paredes, lo que permite, además de agilizar los cambios espaciales, convertir esas variaciones de escenas en un personaje más; de hecho, la escena está ocupada únicamente por unas paredes-percheros, unas mesas y varias sillas.
    Por otro lado, la participación de tan solo ocho actores para encarnar el medio centenar de personajes creados por Valle-Inclán ha sido “la esencia del trabajo dramatúrgico. Todo lo que se muestra aparece en el texto original; lo que ocurre es que la transformación de los actores en los personajes se realiza a través de la interpretación y no de la caracterización, ya que los cambios de vestuario o de atrezzo son mínimos. Es decir, la búsqueda que cada actor lleva a cabo para llegar al fondo de cada personaje le ha dotado de su propia esencia”.
    De plena vigencia
    Las situaciones que Valle-Inclán incluye en el texto y los personajes que protagonizan la representación evocan a individuos que tienen plena vigencia en la actualidad, aunque la parábola de lo que se describe está en el propio texto. “Es lo que les pasa a los grandes clásicos que no pierden nunca su vigencia porque la estructura de lo que dicen los personajes es de tan radiante reflexión que te coloca constantemente en un discurso muy cercano”.
    El director de esta producción de Teatro del Temple, reconoce que “todo el trabajo anterior realizado por la compañía ha permitido llegar a la esencia de un discurso interpretativo que ha hecho posible que todo el desarrollo de la pieza salga de una forma muy natural”. Además, invita al espectador a “colocarse en el papel de Max Estrella” para comprender esta historia en toda su plenitud, porque las diferentes situaciones que vive el protagonista durante su periplo, acaban con lo que es la propia definición del esperpento “que es una especie de deformación de las reglas clásicas”.

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