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En versión original
Doce propuestas más completan la oferta teatral
Revisiones de obras de Martorell, Cervantes y Molière
Argentina, EEUU e Italia, representadas por partida doble
Desde obras de Joanot Martorell, Carlo Goldoni, Miguel de Cervantes y Molière hasta Michael Ondaatje, Pippo Delbono, Claudio Tolcachir y Mark Ravenhill pasando por revisiones de obras de Chejov, Heiner Müller o Thomas Bernhard, el Festival de Otoño tiene en el teatro su sección más destacada, en la que además de los espectáculos de Bouffes du Nord, National Theatre of Great Britain y San Quentin Drama Workshop, se podrán ver trabajos de muy diversa índole y en su mayor parte en el idioma original de la producción, con sobretítulos en español.
Revisiones de clásicos
En el apartado de ‘clásicos’, el Piccolo Teatro di Milano presenta Il Ventaglio, con la que el director Luca Ronconi ha montado, en conmemoración del tricentenario de su autor, Carlo Goldoni, un comedia de equívocos donde un abanico que va de mano en mano representa la falta de resuello que le queda a una burguesía que ya entrevé su propio declive y que tan sólo un siglo antes, cuando Molière escribió Le Misanthrope, la obra que lleva al festival La Comédie Française bajo la dirección de Lukas Hemleb, se mostraba esplendorosa y frívola hasta la caricatura, cuestión de la que se valió Jean-Baptiste Poquelin para realizar una profunda meditación sobre la naturaleza humana, la fortaleza de las convicciones morales y la hipocresía.
Desde Cataluña llegan dos producciones que nos llevan más atrás en el tiempo, años en que los caballeros de armadura recorrían las tierras en busca de aventuras épicas y amorosas. El Teatre Romea, con dirección de Calixto Bieito, lleva a escena Tirant lo Blanc, la novela medieval de Joanot Martorell en la que se dibuja una panorámica precisa y humana del orden social y moral de la edad media, en una aproximación que está a caballo entre la crónica histórica más cruda y la ficción, y en la que el director ha querido buscar toda la esencia festiva del original escrito por el caballero valenciano Joanot Martorell “para convertirlo en una gran fiesta teatral; en una celebración del hombre en todo su esplendor pero a la vez en toda su brutalidad y decadencia”. Años más tarde Cervantes elogió la obra de Martorell diciendo de él que “por su estilo, es éste el mejor libro del mundo”, nada menos que en el capítulo de la quema de los libros del Quijote, obra con la que coincide en el Festival, en un montaje coproducido entre la catalana MOM Produccions y la inglesa West Yorkshire Playhouse. Su Don Quixote, adaptado por Colin Teevan y Pablo Ley y dirigido por Josep Galindo, es una road movie que vive de la tensión entre la imaginación y el fascismo de las ideas y que viaja en el tiempo, del presente al pasado y viceversa.
Seis horas
Otra coproducción, esta catalano-madrileña entre Bitó Produccions y Clara Pérez, es El Maletín o la importancia de ser alguien de Mark Ravenhill con puesta en escena de Josep Maria Mestres que dice de la obra que es triste, desesperada, inquietante y cruel, en la que hay una pareja de lesbianas y otra de gays que quieren tener hijos, niños y niñas ‘perdidos’, sin padres.
La compañía francesa Rumpelpumpel lleva a escena Quartet (Quartour), obra para cuya escritura Heiner Müller se inspiró en ‘Las amistades peligrosas’ de Choderlos de Laclos, y donde bajo la dirección de Matthias Langhoff, los intérpretes Jean Jourdheuil y Beatriz Perregaux encarnan al vizconde de Valmont y la Marquesa de Meteuil, quienes libran una batalla corrosiva de artimañas deseo y muerte, mientras que desde Polonia llega el Teatr Dramatyczny M. St. Warszawy con Wymazywanie, Extinción, basada en el texto de Thomas Bernhard. Bajo la concepción global de Krystian Lupa, se presenta aquí un elenco de veintitrés intérpretes en un trabajo de seis horas, con tres intermedios, a lo largo de las cuales el protagonista, Franz Josef Murau, se reconcentra, entre la razón y la alucinación, en la narración de su vida como único modo de exorcizar las sombras más oscuras del alma: las que proyectan sus propias raíces.
Dos, dos y dos
Argentina, Estados Unidos e Italia serán países que aportarán dos espectáculos cada uno. Del primero llega Daniel Veronese con la segunda pieza de su Proyecto Chejov tras ‘Un hombre que se ahoga’, Espía a una mujer que se mata. En esta ocasión, la obra de la que parte es ‘Tío Vania’, en cuya trama ha incluido textos de ‘La Gaviota’ y ‘Las criadas’ de Genet para plantear cuestiones en torno al arte dramático al tiempo que los personajes deambulan por un tedio abrumador a un ritmo trepidante, sobrepasados por la idea de que no hay mayor dolor que la consciencia de una vida desperdiciada. La segunda obra argentina será La familia Coleman, creada por Claudio Tolcachir en la sala Timbre 4, donde tres generaciones conforman un clan desquiciado que habita una casa que es a veces refugio, otras cárcel, y en la que se dibuja una convivencia imposible transitada desde el absurdo devenir de lo cotidiano, donde lo violento se instala como natural y lo patético se ignora por compartido.
Desde Estados Unidos, Quantum Theatre llega con The collected works of Billy the Kid, texto de Michael Ondaatje, que Dan Jemmet ha llevado a escena realizando una crónica teatral sobre el mundo en que la paz, la violencia, la cordura y la locura, el orden y el caos están evidentemente unidos. En ¡El conquistador! , de The Lucidity Suitcase Intercontinental, el público podrá ver al actor Thaddeus Phillips dirigido por Tatiana Mallarino y metido en la piel de un campesino colombiano que llega a la gran ciudad persiguiendo el sueño de convertirse en una estrella del culebrón.
Italia se verá representada por dos espectáculos, ambos firmados por uno de los actores y directores más reconocidos de este país en los últimos tiempos, Pippo Delbono, y que parte de experiencias vividas por el director en sus viajes. Guerra es consecuencia de su estancia en Sarajevo que nace de la urgente necesidad de representar la vida que surge de la marginalidad, la enfermedad, el sufrimiento y la diversidad. Il Silenzio, la segunda, tiene como origen un viaje a la ciudad italiana de Gibellina, donde a pesar de haber pasado treinta años desde que sucedió, todavía podía sentirse las consecuencias del un terremoto no olvidado. Es la memoria que susurra sobre el amor, el humor, el deseo que esconden las tragedias, sobre la carne y la fragilidad, pero también del año en que sucedió, 1968, cuna de terremotos sociales, de colores y de movimientos contestatarios.
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