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Buenas experiencias
En una primera impresión, la edición del 2007 de Fira Tàrrega, nos deja la sensación de que ha sido un acierto el esponjar la programación. Menos oferta, más posibilidades de abarcarla en mejores condiciones. La consolidación de los espacios de exhibición parece algo que ayuda a una mejor selección de los trabajos y el lugar más cercano a lo idóneo para su realización.
De lo presenciado, y realizada esta crónica con unas semanas de reposo, nos quedamos con el buen recuerdo, en el terreno de la incitación a pensar o repensar el propio hecho teatral, en dos experiencias bastantes dispares: un reencuentro muy satisfactorio con Marcel.lí Antúnez y su lección sobre “sistematurgia” titulada, Protomembrana, en el que descubrimos un mayor humanismo, un aire irónico que nos hace asimilar de una manera mucho más agradable su propuesta de juego con las nuevas tecnologías y en donde nos queda más nítida su intención comunicativa, su proclama y denuncia del mundo en el que vivimos, tan manipulados, tan fuera de las decisiones vitales.
La desolación
La otra experiencia tiene una mayor enjundia en cuanto al planteamiento teatral. Vaya de entrada nuestro aplauso, apoyo y vindicación del riesgo en la programación. Es decir, todo lo que a partir de aquí se analice y opine, es sobre el hecho concreto, no sobre si debería o no programarse. Y apostamos por el sí, que es necesario abrir las perspectivas, no quedarse siempre en lo obvio y manido.
Pero la Compagnie Dakar y su Braakland, nos colocan ante una desolación artística. Campo abierto, sol d e justicia, personajes que aparecen en lontananza y que simplemente parecen estar. Son entes, figuras, seres que reconocemos como humanos, pero que parecen llegar de algún lugar ignoto. Y no hacen nada. O hacen cosas instauradas en un realismo que roza lo no artístico, el simple estar. Encontramos la soledad, la violencia, la complacencia en esa violencia aunque sea por omisión, y sentimos que aquellos seres acaban enterrándose en una fosa cavada por ellos mismos. Lo vemos todo a lo lejos, somos una suerte de observadores de una desesperanza. Falta pulso dramático, nos parece una propuesta absolutamente cerebral, extrañando a los espectadores. Pero seguimos pensando en ella. Por algo será.
De principio a fin
Deambulants realizó el espectáculo inaugural, TIR, con una escenografía impresionante, pero una propuesta que se agota en sí misma, sin fluidez dramatúrgica, con una congelación de todo desarrollo. Nos deja unas imágenes estáticas y una incógnita abierta sobre el maleficio de la inauguración. Para cerrar los palentinos de Alkimia 130 y su bien historiado Alma Candela, un trabajo lleno de poética.
De por medio nos encontramos con actrices de primer orden ofreciendo trabajos en donde la sensibilidad se colocaba como una parte fundamental de la dramaturgia. Sea el caso de la obra que ha recibido el premio del público, la Compagnie à Petit Pas, y su delicado y entrañable Amour à Mère, en donde la autora e intérprete Leonor Canales utiliza diferentes técnicas expresivas para contarnos una bella historia de amor con la figura materna como inspiración.
En otra clave, pero también con una actriz centrando toda la expresión acompañado por dos músicos y manipuladores, la Compagnie Philippe Car con una peculiar Historia de amor de Romeo y Julieta, una auténtica exhibición de registros y capacidades interpretativas de Valerie Bournet.
En una jaima escuchamos cuentos de inspiración zen y sufí leídos en un ambiente relajante y con claros mensajes de autoayuda a cargo de Kiku Mistu. La ayuda que proporciona PaGAGnini de Yllana es por el virtuosismo, la calidad de los músicos y el delirante sentido del humor que derrochan y que nos hace pasar cerca de dos horas en un torbellino de risas, sonrisas o carcajadas. Un espectáculo realmente terapéutico.
Con rasgos pop, claramente tetanizando de manera fundamental la danza, Senza Tempo acerca un mundo imaginativo con el juego como inspiración en El bosque de Marcela.
Circo y más
Albadulake presentó Majaretas su segundo trabajo, con todos los elementos que le caracterizan en su fusión de flamenco y circo. No parecen haber superado su primera experiencia, pero hay una escenografía de mayor enjundia que le dota de una mejor presencia escénica. El Circ de Sara del Ateneu Popular 9 Barris deja claro que existe ya una escuela que anualmente nos proporciona espectáculos de gran dignidad.
Pero circo, aunque en la calle, payasos, los del espectáculo Demodés, de La Tal en compañía de Leandre, uno de los trabajos más rotundos presenciados, con números absolutamente preciosos, un trabajo de clowns muy bien estructurado y con resolución interpretativa contundente.
Al igual que el trío de Teatro Necesario, tres clowns italianos, músicos virtuosos, con un espectáculo absolutamente delicioso, comunicativo, en ocasiones a un ritmo de frenopático, pero siempre mostrando la lucidez que atesoran los tres artistas, geniales en algunos momentos.
Itinerancia
Una fanfarre compuesta por guitarras eléctricas y sus amplificadores crean un ambiente diferente, y es la propuesta de la Compagnie Midi 12. La noche se convierte en una explosión de tambores, pirotécnia y seres extraños en Bande desplacée de Deabru Beltzak, que van redondeando su pasacalle nocturno.
Crea sensaciones que escapan a la posibilidad de explicarlo con palabras, Paka, The Uncredible y su incalificable Flogging a dead horse, un trabajo en donde se junta la imaginación, la actuación y la robótica. Realmente impresionante. Iñaki Mata y su Barreras logró su habitual impacto, en esta ocasión con participación activa de personas que necesitan la silla de ruedas para su vid a cotidiana. Y todo lo que no pudimos ver y vimos a medias.
La vaca y el jamón. La Llotja preside, centraliza, aglutina la actividad feriante de exposición, contacto, acreditación, ruedas de prensa y presentación de proyectos. Tradicionalmente, el programa de Euskal Teatroa, que organiza el Departamento de Cultura del Gobierno vasco, ofrece una rutinaria rueda de prensa a la que le sigue una degustación de productos típicos vascos, en su mayoría enlatados. De ellos destaca, entre los asiduos, los llamados langostinos de Ibarra y el bonito en aceite. Se escancia txakoli. Esta costumbre de utilizar el dinero de los contribuyentes para agasajar las pituitarias de los feriantes ha sido imitada por otras comunidades, y a lo largo de los años hemos ido sabiendo de delicadezas murcianas, de quesos canarios, sobrasadas baleares y, ahora, del jamón de jabugo cortado en directo y regado con manzanilla fresca para los más puritanos o de rebujito para los más feriados. Todo fueron alabanzas. Pero este año, la gran conmoción, el momento cumbre de esta buena relación entre teatro y gastronomía , fue de iniciativa privada, con la primera fiesta de la vaca. Un grupo vasco Deabru Beltzak, en mala relación con algunos de los funcionarios del Gobierno vasco, en colaboración con el ilusionista catalán Mag Lari, ofrecieron, previa invitación, una vaca asada al burduntzi por un especialista vizcaíno. Tal cual, una vaca entera, al fuego lento de leña, cortada delante de los comensales, y regada con sidra guipuzcoana. Fue una auténtica fiesta, un momento de acercamiento, relajo y buen yantar, de tal manera que se quiere mantener como algo fijo. Allí estaremos para todas las catas. |
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