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Artez 126. octubre 2007
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    XXII Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz

    La 'Traviata' en manos de Távora

    Obra: Flamenco para Traviata.
    Autor:
    Salvador Távora (sobre unos fragmentos musicales de la ópera La Traviata de Giuseppe Verdi).
    Intérpretes: María Távora, El Mistela, Ana Real, José Ángel Carmona, Manuel Berraquero, Miguel Aragón, Javier Prieto, Juan Romero, Carolina Morales, Juanjo Díaz, Marta Balparda, Francisco Torres, Fernando Merino, Andrés Niebla, Jaime de la Puerta.
    Música: Giuseppe Verdi, Mikhail Glinka, Salvador Távora.
    Coreografía: Trinidad Sevillano, El Mistela, María Távora, Salvador Távora.
    Vestuario: Carmen de Giles.
    Obra pictórica: Zaafra.
    Dirección: Salvador Távora.
    Producción: La Cuadra de Sevilla.
    Lugar: Gran Teatro Falla.
    Fecha: 21 de octubre.
    Hora: 20.00.

     

    B. Relaño


    Tras su paso por las músicas de Carl Orff con la creación de Imágenes andaluzas para Carmina Burana, en las que reunía los universos musicales del flamenco con el del compositor muniqués, ahora con Flamenco para Traviata La Cuadra de Sevilla se acerca a Giuseppe Verdi, de una forma sensiblemente distinta, ya que según recuerda Salvador Távora “Carmina Burana no tiene un tema concreto y de ahí resultaba un espectáculo compuesto por lo que inspiraban las músicas. Sin embargo, en Flamenco para Traviata hay una relación estrecha, estrechísima, entre el tema, el flamenco y la música de Verdi, que está pensada para el desarrollo dramático de una historia, la de una prostituta. Aquí, el flamenco se ha desarrollado, dato a veces ocultado por los flamencólogos y los estudiosos, en ambientes de prostitución y de fiesta. De ese emparejamiento entre cantaor y prostituta surge un mundo poético con letras populares, adonde no creo que se pueda llegar con poemas cultos como los de Lorca o Machado. Hay una serie de fandangos escritos de esos sentimientos y relaciones que son casi, casi casi, sentencias. Yéndonos al modelo griego de la corifea, con los flamencos vamos contando cosas a la par que música de Verdi. Por eso el título es ése, para que nadie se llame a engaño, es flamenco, pero flamenco-flamenco, para Traviata”.

    Vida, amor y muerte

    De este modo, La Cuadra lleva a escena la historia de amor entre Violeta y Alfredo, la prostituta y el señorito, que por intervención del padre del joven queda truncada, contado desde una perspectiva andaluza, con bailes, imaginación, músicas y cantes de fandangos nacidos del estilo de los marginados cantaores que reflejaron en sus letras y modulaciones dolorosas, las relaciones que existen en el desarrollo del flamenco con la vida nocturna y dramáticamente frívola de la prostitución. Se trata al fin y al cabo de contar, hacer sentir, dice Távora, esta historia desde ese universo que vivió en su niñez, “donde la personalidad triste y conmovedora de los cantaores y mujeres de la vida, llenaba un espacio humanamente entrañable y, aparentemente, insensible y despreciable en los círculos cultos de la pequeña burguesía andaluza”. Vuelven por tanto los elementos básicos que conforman el teatro al modo de entender de Távora –la vida, el amor y la muerte– para cumplir las dos funciones indisolubles del drama. “Las dos misiones del teatro son fundamentales: artística y social. Si atiende exclusivamente a la primera estamos en un teatro de concepto pequeñoburgués de diversión. Creo que el teatro tiene que volver a tomar contacto con gente que no ha de conocer la historia del teatro para sentirlo. Creo que en el teatro hay que hacer una reconsideración importantísima”.

    Doce estilos de fandango

    Flamenco para Traviata se compone de doce partes, en las que el mundo lírico se contrapone al flamenco, donde en el esquema sonoro del espectáculo están incluidos los estilos de fandango de doce cantaores, a saber, El Carbonerillo, Paco Toronjo, Antonio el de la Carzá, El Niño Gloria, Camarón, El Pichichi, Chocolate, Carlacol, Niño de Aznalcollar, El Bizco de Amate, Cepero y Pepe El Pinto. He aquí uno de los elementos más novedosos de esta nueva producción ya que como advierte el director, “el flamenco que se utiliza aquí no es el habitual de Cuadra, de austeridad, largo, jondo, como la seguirilla, la soleá o los martinetes, que son un cante con un gran peso en las tonalidades, con una dimensión más larga en los tonos. En Flamenco para Traviata utilizamos algo que es muy importante en Sevilla en los tiempos en que yo era niño, el cante de los fandangueros de barrio que no obedecían a ninguna regla ortodoxa del cante y cada barrio tenía su propio estilo. Es una libertad que le permitía al cantaor, quien muchas veces no sabía ni leer ni escribir, inventarse letras para cantar a su caprichosa tonalidad. Eso ha creado una especie de grito por la libertad en la creación del cante. Entonces, aquí se reúnen doce estilos de fandangos distintos, que hablan de amores contrariados”.
    En el espectáculo intervienen María Távora y El Mistela como bailaores que dan vida a los protagonistas; los cantaores Ana Real y José Ángel Carmona acompañados a las guitarras por Manuel Berraquero y Miguel Aragón, y a la percusión por Javier Prieto; la bailarina Carolina Morales; Jaime de la Puerta en caballo de alta escuela; Francisco Torres como actor y zancudo; y Juanjo Díaz y Marta Balparda como máscaras bailaoras. “Recupero las máscaras porque a veces busco caras en los participantes que no encuentro y que sí me dan las máscaras. Por eso es un elemento muy importante en ese sentido. También vuelve el clásico, con la participación de una bailarina, porque cuando busco personajes que vuelen acudo a su forma etérea de moverse en puntas. Por eso recurro a la bailarina, porque me parece un contrapunto lírico”.
    En definitiva, y tal y como el propio director ha escrito, Flamenco para Traviata es una llamada a la conciencia histórica acerca del valor poético del fandango desgarrado, como crónica oscura de la realidad popular del cante y como un homenaje a tantos y tantos fandangueros olvidados; y, también, y fundamentalmente, como noticia estremecedora de la generosidad del oficio más viejo del mundo: el de las prostitutas, el de las ‘traviatas’ –extraviadas– de cualquier lugar del mundo.

     

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